La Protectora y Bajo Aragón Animalista denuncian un caso grave de maltrato animal

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El 3 de enero se dio aviso de que una gatita callejera herida se encontraba en un estado lamentable frente al nuevo Centro de Salud, bajo los setos de la entrada. Olga F, una voluntaria de APAP, se desplazó al lugar, luego de que unos operarios de la construcción dieran el aviso.

El animal se encontraba en estado de shok, sin poder moverse ni emitir sonido. Fue llevada inmediatamente a la cínica veterinaria de Elena Sáenz, donde quedó ingresada y se emitió un primer diagnóstico: la gatita llevaba alojados en su cuerpo tres perdigones, un fuerte golpe en la columna por lo que no podía moverse ni hacer sus necesidades.

El lunes 8 de enero, después de una larga semana de sufrimiento, la pequeña fue llevada por voluntarias de la APAP a la Cínica Veterinaria Romareda, en Zaragoza. El viaje fue un calvario: aterrorizada, dolorida, temblorosa, muda, con su respiración completamente agitada, con todo su cuerpo hinchado, vomitando continuamente en el transportín que la llevaba de Alcañiz a Zaragoza; una hora y cuarto de viaje, dos horas y media en la clínica, auscultación, radiografías… para confirmar los peores presagios: las nuevas placas mostraban cuatro perdigones alojados dos en el vientre y otros dos en la parte alta de la nuca. Y, lo más grave: además de sendas fracturas en las patas delanteras, presentaba un fuerte golpe en las vértebras torácicas producido por un objeto contundente a consecuencia del cual dos de ellas se habían separado seccionándole la médula: la gata había quedado, pues, tetrapléjica.

 

Radiografía donde se visualizan los perdigones alojados en su cuerpo.

 

 

El dictamen del veterinario no dejaba dudas: la gatita fue golpeada salvajemente, con ensañamiento. No sólo fue tiroteada sino que el golpe que seccionó la médula fue brutal, sin contar los huesos rotos en las patas delanteras y traseras. No tenía posibilidades de recuperación, y el sufrimiento era constante, por lo que, previo aviso a los responsables de la APAP, fue sacrificada.

Esta es la consecuencia trágica; pero no debemos olvidar las causas: algún o algunos enajenados se «entretuvieron» en su momento no sólo disparando contra la pobre gata, sino que los mismos, u otros, se dedicaron a apalearla con ensañamiento. No basta con denunciar estos hechos que, por sí solos, dan la medida de hasta dónde puede alcanzar la crueldad humana, sino que la denuncia ha de llegar a instancias superiores. No olvidemos que el maltrato de los animales es delito y estos acontecimientos son, por lo tanto, contrarios a la ley escrita: delictivos. Y no sólo esto, sino también que la incalificable y cruel agresión ha infringido la ley de armas de la categoría 4ª, a la que pertenece, precisamente, la utilizada para disparar a esta gata. Veámoslo: el Ayuntamiento, junto a la Guardia Civil, tiene la responsabilidad no solo de conocer, sino de hacer que se cumpla la normativa: las «escopetas de perdigones» o «carabinas de aire comprimido» sólo están permitidas para el tiro de precisión en diana en los espacios habilitados al efecto para tirar con carabina, en las galerías de tiro o en recintos privados acotados, seguros y apartados del público. No está permitido el tiro a nada ni sobre nada que no sea un blanco tipo diana, lo que supone que no se puede disparar a pájaros ni a cualquier otro tipo de animales, bajo sanción de la Guardia Civil. Tampoco está permitido ir con la carabina por la calle, bajo sanción de las previstas en el Reglamento de armas. Para poder llevar y usar las armas de aire comprimido fuera del domicilio, habrán de estar documentadas singularmente, mediante tarjetas de armas que se entregan en la sección de Intervención de Armas del Puesto de la Guardia Civil y de las que irán acompañadas en todo caso. Las tarjetas de armas serán concedidas y retiradas, en su caso, por los Alcaldes y tendrán que presentarse ante el Ayuntamiento la carabina junto con la factura de la tienda de deportes o armería. El personal del Ayuntamiento anotará los datos del arma (marca, calibre y número de serie). La tarjeta amarilla se entrega al particular para que la lleve siempre junto al arma.

Recordemos, por fin, que el maltrato animal está penado, castigado con hasta 18 meses de prisión y multas de hasta 20.000 euros (artículo 337 del Código Penal).

Ésta es la norma; hagámosla cumplir: las instituciones tienen obligación de hacerlo de oficio, pero las asociaciones animalistas, las protectoras de animales y la sociedad en general tienen también la obligación moral de hacerlo. Mediante la pertinente denuncia previa, podrá recabarse al Ayuntamiento la información sobre quién dispone de esas armas, dónde vive y tratar de averiguar desde dónde se tiroteó a la gata. En Alcañiz hay padres que regalan a sus hijos estas armas; sabemos que hay dos menores que van armados con pistolas de perdigones.

 

El lamentable estado del animal obligó finalmente a su sacrificio.

 

La APAP solicita desde su cuenta de Facebook, la colaboración ciudadana para esclareces este brutal suceso. “Nos parece que lo ocurrido es muy grave. Un problema ya no sólo de maltrato animal sino de inseguridad ciudadana. Esta vez ha sido una pobre gata indefensa, mañana podría ser una persona y entonces vendrán los lamentos porque en su día no se tomaron medidas y no se tomó en serio lo ocurrido con este animal.
Los hechos están en conocimiento de Seprona pero necesitamos pruebas firmes para poder denunciar al autor/es de esta atrocidad. Tenemos varias informaciones y vamos a seguir indagando hasta tener las pruebas necesarias para denunciar. Creemos que la han podido disparar desde un balcón cercano al centro de salud. Necesitamos vuestra ayuda para llevar al responsable o responsables frente a la justicia. La colaboración ciudadana es imprescindible para parar a estos monstruos”.

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