“La Thesorera” de P.J. Zapater ve la luz tres siglos después de ser escrita

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Gracias al tesón de un reducido grupo de entusiastas, y especialmente al trabajo minucioso y metódico de D. Jesús Ponz, ha sido posible que la famosa y renombrada obra “La Thesorera”, escrita por el notario alcañizano P.J. Zapater en 1704 haya visto, por fin, la luz.

Una obra imprescindible recuperada

Todos los eruditos e investigadores locales, sobre todo del siglo XIX (Evaristo Cólera, Nicolás Sancho, Gaspar Bono, Joaquín Taboada, etc.) basaron buena parte de sus informaciones y estudios sobre nuestra historia en la muy nombrada e inédita obra del notario alcañizano Pedro Juan Zapater (ca 1638 – 1720) titulada “La Thesorera descubierta y vengada de las injurias del tiempo. Antigüedades y excelencias de la insigne ciudad de Alcañiz”. Aunque en la portada de esta obra aparece la fecha de 1704 es posible que comenzara a escribirse años antes, tal como se deduce de un párrafo acerca de unos hallazgos romanos en Castelserás que dice: “…habrá como unos 70 años, pues por los de 1610, poco más o menos…”, lo que indicaría que pudo escribirse, al menos en parte, hacia 1680.

El excelente y minucioso trabajo de transcripción de D. Jesús Ponz se ha realizado sobre una copia manuscrita (por tres amanuenses distintos) del ejemplar de “La Thesorera” existente en la Real Academia de la Historia procedente de la biblioteca del erudito escolapio P. Joaquín Traggia (1742-1802). Al parecer, se conservan, otras copias de esta misma obra, una de ellas, también manuscrita, en un domicilio particular de Alcañiz, dos copias mecanografiadas de distintos originales que se pueden consultar en el Archivo municipal de la ciudad y posiblemente exista alguna otra en el colegio de los Escolapios de Alcañiz o en el Archivo del Arzobispado de Zaragoza. La obra de P.J. Zapater se divide en tres partes: la primera, y más extensa, trata de la antigüedad, fundación y sucesos de Alcañiz hasta época islámica; la segunda trata desde la conquista de Alfonso I hasta el siglo XVII y, la tercera, de las fundaciones de iglesias, conventos y relación de hijos ilustres de la ciudad.

Alcañiz y Ercávica: una identificación interesada

La mayor parte de la información de “La Thesorera”, sobre todo la referente a época antigua, proviene de dos anteriores manuscritos sobre las antigüedades de Alcañiz que encontró el propio Zapater en el año 1654 “sacudiendo el polvo” en la biblioteca del Convento de la Dominicos. El primer manuscrito citado por Zapater era, al parecer, obra de Alonso Gutiérrez, doctor en derecho y aficionado a la historia y a las antigüedades nacido en Alcañiz a principios del siglo XVI y relacionado probablemente con la generación de humanistas de nuestra ciudad. Además de distintas referencias históricas, Gutiérrez describía en sus notas, escritas hacia 1540, tres inscripciones sobre piedra en lengua latina (incluso una de ellas también en griego y céltico) junto con una serie de monedas encontradas todas ellas, supuestamente, en Alcañiz el viejo o sus alrededores. Los textos y contenidos de estas inscripciones demostrarían, según Gutiérrez, que Alcañiz fue en la Antigüedad la ciudad romana de Ercávica (o Herkabrika) de la Celtiberia. Estas primeras notas fueron recogidas y ampliadas unos años más tarde, añadiendo más descripciones de monedas, por el dominico y teólogo Fray Tomás Ramón, nacido en Alcañiz hacia 1569, quien escribió una obra titulada “Memorias sobre las antigüedades de Alcañiz”. Este segundo manuscrito fue el que encontró Zapater en el Convento de Santo Domingo y el que utilizó para escribir la primera parte de su “Thesorera”, según reconoce él mismo.

Hoy podemos afirmar, tras haber estudiado en detalle las inscripciones y monedas descritas por Alonso Gutiérrez, Fray Tomás Ramón y Pedro Juan Zapater (repetidamente mencionadas por historiadores posteriores), que todas ellas o no existieron o fueron inventadas o mal reproducidas, probablemente con la intención de demostrar que Alcañiz fue la Ercávica romana (que se encuentra en Cañaveruelas, Cuenca). La finalidad de esta persistente y falsa asociación (que ha perdurado hasta nuestros días) tiene una sencilla explicación: Ercávica (o Arcávica) fue sede episcopal en época visigoda hasta la llegada de la invasión islámica por lo que su identificación con Alcañiz supondría para nuestra ciudad el derecho a reclamar su obispado y la creación de una nueva diócesis elevando la entonces colegiata de Santa María a la categoría de catedral.

La Tesorera una obra fundamental para la Edad Moderna en Alcañiz

A pesar de que la primera mitad de “La Thesorera” no tiene en la actualidad ningún valor histórico pues todo lo que se dice sobre nuestra Antigüedad es pura fantasía (también lo referente a la muerte de Amilcar y Asdrúbal Barca en Castelserás), sí lo tiene respecto a la Edad Moderna, especialmente en la tercera parte de la obra donde se describen con detalle iglesias (entre ellas la anterior y desaparecida iglesia gótica de Sta. María), parroquias y conventos y se mencionan hijos ilustres de la ciudad, siendo de obligada consulta para todos aquellos interesados en conocer mejor nuestra historia local. En todo caso “La Thesorera” es una obra fundamental para Alcañiz, posiblemente la primera que intenta escudriñar nuestro pasado, siendo citada y consultada desde el siglo XVIII por todos los estudiosos e interesados en nuestra historia. Su evidente intención de ensalzamiento y gloria de nuestros orígenes no es muy diferente a los retóricos testimonios y alabanzas de nuestros afamados humanistas. Por este mismo motivo, resulta incomprensible que se haya tardado más de 300 años en hacer accesible al público una  obra de tan alto valor documental e histórico.

Una edición y un ejemplo a seguir

Gracias a la paciente y desinteresada labor de D. Jesús Ponz por su meticulosa transcripción del manuscrito y al apoyo de un pequeño grupo de entusiastas, con Ángel Tremps, Alfredo Plou y la imprenta Tramax a la cabeza, ha sido posible realizar una cuidada edición de unos 200 ejemplares (la primera de su historia) por suscripción popular que, por fin, pone al alcance de todo el mundo una obra imprescindible en las bibliotecas de los alcañizanos. Ojalá cunda el ejemplo y podamos ver pronto impresos, bien mediante iniciativa popular o bien, como debería ser, con el apoyo de las instituciones públicas y sobre todo del ayuntamiento, otros interesantes e importantes manuscritos (Evaristo Colera, Mariano Ardid, etc.) que siguen durmiendo en nuestros archivos esperando ver algún día la luz.

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