Todo lo que debes saber sobre la cosmética orgánica

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MyM ecofashion quiere invitarte a que, poco a poco, cambies tu neceser.

Los cosméticos nos han acompañado desde los orígenes. Curiosamente en los inicios tenían un sentido sagrado, eran un regalo de los dioses a los hombres y llevar maquillaje era un símbolo de la unión entre ambos. Por ello se maquillaban los sacerdotes, a los muertos e incluso a las estatuas que representaban a los dioses.

Pero la cosmética también ha llevado siempre asociado el deseo de gustar más, de resultar más atractivo (o atractiva): tener la piel más fina, los ojos más grandes, oler mejor, etc.

El deseo de estar guapos siempre ha sido más fuerte que el principio de precaución en el uso de determinadas sustancias. Para conseguir colores brillantes se utilizaban compuestos que eran tóxicos como el mercurio, el plomo en los tintes e incluso se utilizaban sustancias corrosivas para blanquear la piel. Los avances científicos y técnicos, especialmente el desarrollo de la petroquímica, pusieron a disposición de la industria cosmética un gran número de sustancias aparentemente muy útiles pero de las que no se conocían sus efectos a largo plazo. Y mucho menos el efecto de mezclar varias de ellas todos los días. Las dudas que plantea la cosmética convencional dan lugar al nacimiento de empresas y artesanos que recuperan viejas fórmulas tradicionales o que investigan nuevos ingredientes derivados de productos naturales. Así́ aparece la cosmética econatural. Para dar seguridad al usuario y protegerlo de posibles fraudes.

Antes de pasar a hablar de qué es la cosmética natural y la ecológica quisiera concretar que, el término “cosmética” no se refiere únicamente a maquillajes sino a toda sustancia o preparado destinado a ser puesto en contacto con las diversas partes superficiales del cuerpo humano o con los dientes. Es decir, todo tipo de cremas, champú, gel, dentífrico, desodorante, etc…

¿Qué diferencia la cosmética ecológica, bio y natural de la cosmética convencional? Os contamos 8 elementos dudosos que nunca encontraréis en sus etiquetas.

No usan ‘Parabenos’. La gran alarma de los últimos años desde que salieron estudios que relacionaban estos conservantes con el cáncer de mama, ¡hasta las grandes marcas corrieron a eliminarlos de sus productos! El problema es que muchas de ellas encontraron sustitutos iguales de malos o peores, que sí siguen colando en sus fórmulas (como el méthylisothiazolinone, el formaldehído -prohibido en algunos países- o el Butil Hidroxitolueno/BHT).

No llevan siliconas, éstas las podemos encontrar en los champús de las marcas más populares, son las encargadas de recubrir el cabello y darle esa apariencia de ‘pelazo’. El problema es, que a la larga, lo acaban resecando y dañando desde el interior.

No utilizan sulfatos químicos. La mayoría de jabones y champús convencionales los incluyen en sus fórmulas para que puedas disfrutar de esa ‘espumita’ agradable pero de doble filo (y que además no implica que limpien mejor). El que más usan es el ‘Sodium Laureth Sulfate’ (o bien el ‘Sodium Lauryl Sulfate’ que ademáss es irritante), fijaos en las etiquetas de conocidos champús y veréis que esta palabra está escrita en segundo o tercer lugar, lo que quiere decir que está presente en altas concentraciones (los ingredientes siempre se muestran por orden de mayor a menor concentración). Su uso repetido ataca la protección natural de nuestra piel, provocando irritaciones y sequedad.

Rechazan los derivados de petróleo (parafinas, aceites minerales, vaselina…) ¡Sí sí, cómo lees! Sin saberlo puede estar echándote petróleo en la cara. Lo que hacen estos derivados es proporcionar esa sensación inmediata de hidratación, de ‘efecto buena cara’ o piel bonita, pero en realidad son resultados falsos. Ya que, lo que hacen estos compuestos es actuar como una capa superficial y, a la larga, no dejan respirar de forma normal la piel, obstruyendo los poros y empeorando el aspecto de la piel por debajo de esa capa.

Y tampoco hay PEGs en su composición, también conocidos como ‘Polietilenglicol’. Se utilizan en cosmética como emulgentes, para mezclar los distintos ingredientes y dar consistencia y estabilidad. También hacen que tu piel absorba mejor todos los ingredientes, que estaría muy bien sino fuera porque la deja desprotegida y vulnerable, y entran de lleno todos los químicos nocivos que acompañan al producto. La cosmética verdaderamente natural, no los lleva.

No usan perfumes sintéticos ni colorantes químicos. Las personas con sensibilidad química múltiple, con pieles sensibles y/o atópicas, saben de qué se trata. Ya que, los perfumes sintéticos pueden llegar a irritar la piel y son causantes de algunas alergias. Además, muchas marcas esconden multitud de ingredientes nocivos bajo la palabra ‘parfum’, ya que no están obligados a especificar cómo lo obtienen (en cosmética ecológica siempre será de forma natural).

No contienen ftalatos (fijadores). Estas sustancias se encuentran sobre todo en perfumes, es lo que hace que el olor permanezca más tiempo. Sin embargo, se sospecha que en contacto con otros químicos puede aumentar el riesgo de padecer cáncer; además de actuar como disruptor hormonal, causando problemas de hígado y de riñón y suponiendo un peligro durante el embarazo.

No utilizan ingredientes que se obtengan del sufrimiento animal. Aunque en algunos productos sí se usan ceras de abeja y derivados lácteos, éstos son producidos por los animales de forma que no se les maltrata y nunca se les mutila ni se utilizan partes de su cuerpo para conseguir ingredientes (como sí ocurre por ejemplo en los pintalabios rojos convencionales, en los que se trituran insectos llamados ‘cochinillas’ para lograr el pigmento).

Pero, ¿cómo distinguir la cosmética natural de verdad de la que no lo es? Hoy en día se le llama ‘producto natural’ a todo aquél que tiene algún ingrediente natural, sin importar que además esté cargado de químicos nocivos. Para encontrar cosméticos que de verdad contengan un alto porcentaje de aceites esenciales, extractos vegetales y el mínimo de química posible os damos dos soluciones básicas:

A -Fíjate siempre en el INCI (la parte de la etiqueta de producto que debe incluir cada uno de los ingredientes), y ante la duda, busca la ayuda de tiendas especializadas en este tipo de cosmética.

B-Para evitar quebraderos de cabeza y leer ‘palabrejas’ que suenan a chino, siempre puedes fijarte en que el producto o la marca trabaje con sellos de certificaciónn ecológica (de confianza). Estos sellos existen ante la falta de regulación que hay hoy en día, y son una garantía de que lo que estás comprando es realmente ecológico, bio o natural. Los más utilizados y reconocidos a nivel europeo son: el Ecocert,Cosmebio,Natrue yBDIH. Además pueden ir acompañados de la etiqueta ‘vegan’, que significa que no contienen ningún ingrediente que proceda de animales (ni ceras, ni huevo, lácteos, etc.).

Y, por último, una duda que muchos tendréis, ¿es menos efectiva la cosmética natural? La respuesta es NO. De hecho, al contener básicamente aceites esenciales vegetales y extractos de origen natural, sus activos son mejor absorbidos y asimilados por el organismo (¡dejándoles trabajar y sin riesgos!). La diferencia principal, es que en algunos casos los resultados se notan más a medio plazo y con el uso prolongado del cosmético, pero también duran más tiempo ya que actúan en perfecta armonía con las funciones naturales de nuestro organismo. La cosmética convencional ‘enmascara’, ofrece una imagen de falsa belleza y salud; mientras que la cosmética (verdaderamente) natural, bio y eco, promueve nuestra belleza natural y la prolonga en el tiempo sin perjudicar nuestra salud. Ω

En MyM ecofashion tenemos a tu disposición todo tipo de productos cosméticos ecológicos y te podemos aconsejar sobre lo más apropiado para tu piel y la de toda la familia. Pasa a informarte!!

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