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El sistema económico actual está regido por los principios del libre mercado. Pero no es justo ni equitativo y, en las últimas décadas la riqueza se ha ido concentrando, cada día más, en las manos de unos pocos quienes, además, poseen el poder político que les permite marcar las reglas del juego de ese comercio internacional.

La lógica del libre mercado tiene valores como la competitividad y el máximo beneficio económico.  Los derechos humanos, unas relaciones laborales justas y la protección del medio ambiente no son sus objetivos prioritarios y, el poder de las grandes multinacionales y  sus normas generan grandes desigualdades.  Datos como que el 1% de la población mundial posea más del 50% de la renta global o que cerca de 21 millones de personas en todo el mundo, según la Organización Mundial del Trabajo están realizando trabajos forzosos en situaciones similares a la esclavitud o que el trabajo infantil sigue afectando a 168 millones de niños  y niñas no debería, por más sabido, dejar de sorprendernos y de indicarnos que algo está fallando en este sistema que favorece a unos pocos y empuja a una parte de la población a una situación inadmisible desde todos los puntos de vista.

El Comercio Justo surgió en los años 40 y 50 en los Estados Unidos como reacción a estas relaciones comerciales injustas que generan pobreza y desigualdad. Forma parte de un movimiento internacional más amplio, el de una economía social y solidaria que busca ofrecer una alternativa comercial justa, viable y sostenible tanto social como ambientalmente.

El Comercio Justo trabaja simultáneamente en tres ejes: comercialización, movilización social e incidencia.

Comercialización

La cadena de suministros es lo más corta posible, evitando la presencia de intermediarios innecesarios.

Las organizaciones productoras de Comercio Justo del mundo están adheridas a la Carta de Principios del Comercio Justo y deben garantizar el cumplimiento exhaustivo de todos y cada uno de los criterios establecidos a nivel internacional. Actualmente existen más de 2000 organizaciones productoras en 75 países de África, Asia, América Latina y el Caribe, beneficiando a más de 2 millones de trabajadores, productores, sus familias y comunidades, siendo las mujeres las principales beneficiarias.

Con la comercialización de Comercio Justo logran una mejora de sus ingresos y una mayor estabilidad y seguridad económica. Tienen garantizado un sueldo digno y unas condiciones de trabajo saludable. Tienen además derecho a una prima o incentivo para invertir en proyectos de desarrollo de su comunidad o en la propia organización productora. Beneficiándose, además de la posibilidad de obtener créditos a bajo o nulo interés, de recibir asistencia técnica y formación para la mejora de la producción, el acceso a los servicios esenciales, como educación y salud y el trabajo conjunto con otras organizaciones productoras con las que se facilita compartir infraestructuras.

El Comercio Justo presta especial atención a las mujeres, éstas tienen más difícil conseguir un trabajo remunerado, acceso a la tierra y a créditos. El trabajo les proporciona independencia, les da seguridad y las empodera en todos los aspectos de la vida.

Las importadoras son las organizaciones que compran los artículos a los grupos productores y los ponen a disposición de las tiendas. El precio de la producción se establece de común acuerdo entre ambas partes siguiendo los criterios de Comercio Justo, de manera que cubran los costes de producción, un salario digno y un margen para invertir en proyectos para la comunidad. Se basan en relaciones comerciales a largo plazo, prefinanciando parte de la producción, asesorando y formando a los suministradores.

Las tiendas ponen en contacto al consumidor con los productos y con la lucha por la justicia global. Son espacios atendidos mayoritariamente por voluntarios que, además de vender trabajan para que nuestro mundo sea cada día un poco más justo (organizando y desarrollando campañas, recogiendo firmas, realizando encuentros y debates, colaborando con otros agentes locales y colaborando con todo aquel que quiera dedicar algo de su tiempo a estas labores). Y aunque algunos productos como el café, el cacao o el azúcar ya se venden en otros espacios comerciales, en las tiendas de comercio justo se pueden encontrar otros productos (artesanía, juguetes, menaje del hogar, cosmética, ropa, bisutería y complementos).

En cuanto a los productos que se venden, en este momento ascienden mundialmente a 5.900 millones de dólares. En un principio eran exclusivamente artesanía. Hoy en día la parte más importante está vinculada a la agricultura y a la alimentación pero cada vez se van sumando más productos. En España la cifra total de ventas era, en 2014 de 33,2 millones de euros, lo que suponía 0,71 euros por habitante, muy lejos de los 13,42 euros de media en Europa.  Los productos más vendidos han sido la alimentación, un 90,6 % del total. Los principales canales de ventas han sido los establecimientos de hostelería, máquinas de vending, seguidos de los supermercados y las grandes superficies.  En las tiendas de Comercio Justo se vendió un 17,3% del total de ventas.

Los consumidores encuentran en el Comercio Justo productos de calidad que además les aseguran que han sido elaborados siguiendo los criterios éticos de este movimiento. El comercio justo nos brinda la posibilidad de adquirir a través del hábito cotidiano del consumo, unos productos que, además de valor comercial, contienen una historia, un nuevo valor social y ambiental. Un hecho cotidiano como la compra nos puede permitir a los consumidores contribuir a un cambio del modelo social y económico.

En los últimos años, con el fin de ampliar los puntos de ventas y de infundir confianza en los consumidores respecto a los productos, se han creado unos sellos que certifican que los mismos siguen las normas de fabricación y comercialización del Comercio Justo.

Cada uno de nosotros puede hacer mucho por este movimiento. Acercarnos a una tienda de Comercio Justo es abrirnos a un mundo de productos de calidad producidos mediante criterios de justicia social y medioambiental y en el que las personas que nos atiendan, entusiastas de los mismos, nos informarán de su origen, de la historia de la gente que los produce, de sus historias, ilusiones y esperanzas de futuro.

En Zaragoza, cerca del Corte Inglés, en León XXIII podéis encontrar la tienda de Comercio Justo de OXFAM INTERMON, acercaros, no os defraudará.

Movilización social

Las Campañas de sensibilización y la difusión constituyen una parte esencial de las actividades de Comercio justo, con el doble objetivo de fomentar un consumo responsable y de implicar a la ciudadanía en iniciativas de cambio social.

Incidencia

Las campañas de incidencia están dedicadas tanto a denunciar las políticas económicas que apuntalan los derechos de las multinacionales por encima de las personas o el medioambiente como a promover iniciativas concretas hacia un mundo más justo y solidario. Van dirigidas, según el objetivo a instituciones y organismos internacionales, gobiernos, partidos políticos, administraciones públicas, empresas u organizaciones civiles, impulsando la participación ciudadana para lograr sus objetivos. Ω

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