Viva México cabrones I

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Ignacio Martínez Castelló

El 20 de julio de 1923 murió asesinando José Doroteo Arango -Pancho Villa- a los 45 años de edad, en su asesinato colaboraron los servicios secretos de EEUU y contó con la colaboración de Álvaro Obregón, presidente de México.

Su vida está asociada a la Revolución Mexicana (1910-1923), en la que se convirtió en uno de sus máximos dirigentes, pasando de cuatrero a gobernador de Chihuahua, estado norteño de la República Federal de México. Su vida sintetiza un proceso revolucionario sumamente complejo, como todos lo son todos los procesos revolucionarios. Ciertamente la revolución mexicana es una fuente inagotable de enseñanzas, contradicciones,  acontecimientos, giros, y anécdotas; siendo Pancho Villa la expresión en persona de la revolución.

Es difícil saber dónde está la frontera entre los mitos y leyendas que acompañan a Pancho Villa, y los elementos reales. Sobre todo de la época previa a la revolución de la que se desconoce prácticamente todo. Más allá de saber que pertenecía a una familia muy humilde, existen varias versiones sobre quien era su padre, difícilmente demostrable cualquiera de ellas.

La mayoría de las versiones históricas, coinciden en que en 1894 mató al hijo del dueño de la hacienda donde trabajaba en venganza por la violación de su hermana. Entre 1894 y 1910 -inicio de la revolución- poco se sabe de su vida. Al huir para evitar su propia muerte, tras matar al violador de su hermana, se refugia en el desierto, siendo captado por un grupo de bandidos, encabezado por Francisco Villa, del que toma su nombre a la muerte de éste.

Posteriormente, según escriben John Reed o Eisenhower, es conocido como el Robin Hood mexicano en la época en la que actuó como bandido. Son varios escritores los que lo denominan así, aunque no sabemos a ciencia cierta la veracidad de estos hechos.

Estos años le sirven para sufrir todo tipo de desventuras relacionadas con sus actividades delictivas, entre las que se encuentra el robo de ganado. Sufre la persecución de las tropas federales, y tienen varios enfrentamientos armados. Aprende a sobrevivir en condiciones muy adversas y acaba conociendo las leyes del desierto, las distintas rutas, la forma de ocultarse y retirarse sin dejar huella; todas estas enseñanzas serán claves en su futuro revolucionario cuando encabece la División del Norte.

En aquella época México era un país en que las contradicciones sociales eran llevadas hasta el extremo, con un sistema prácticamente feudal en las inmensas haciendas de los terratenientes donde vivía la mayor parte de la población. Con el surgimiento de una débil clase obrera, básicamente en la minería, surgen los primeros conflictos sociales a finales del siglo XIX, que son reprimidos brutalmente por el estado encabezado por Porfirio Díaz.

A diferencia de los estados europeos donde se desarrollan procesos similares, la debilidad de la clase obrera es mucho mayor, así como la de su burguesía, fruto del atraso histórico de México. Esta debilidad genera “peculiaridades revolucionarias”, en todo el proceso con varias Guerras Civiles en las cuales hay múltiples facciones dentro de los distintos bandos enfrentados. Cuatro ejércitos revolucionarios, tres divisiones independientes, más el Ejercito del Sur -dirigido por Zapata-, estando descoordinadas militar y políticamente.

Tras múltiples vicisitudes la División del Norte es la dirigida por Pancho Villa, que se acaba elevando sobre el resto por su inteligencia, valentía, audacia y entrega revolucionaria. Es el anti-mito, no tiene ningún afán de protagonismo, apenas sabe leer y escribir, y en ningún caso se había propuesto dirigir una revolución.

Desde el inicio de la Revolución es atacado constantemente como bandido, a lo que responde “En Chihuahua me llaman bandido y están en un error; los que gobiernan el estado son los verdaderos ladrones. Yo comparado con ellos soy un caballero”. Desgraciadamente parece que el tiempo no ha pasado para México.

Por encima de todas sus virtudes están las de la fidelidad revolucionaria, y la de ser parte del pueblo, es decir, no es alguien ajeno a los combatientes revolucionarios, a pesar de su brillantez, piensa como uno más, actúa como uno más, y conoce a los suyos con sus defectos y sus virtudes. No es difícil verlo trabajar en las peores tareas del frente, ni bailar en las múltiples celebraciones que organizaba la tropa. Siempre se jugaba el bigote, la revolución mexicana no da mucho valor a la vida, y él tampoco respetaba en demasía la suya. Se siente incómodo en los actos elitistas, no le gustaban las comidas elegantes, ni ningún tipo de privilegio que lo aislara de los suyos.

Siempre preocupado por sus hombres, porque estuvieran correctamente alimentados y armados, con parné, balas suficientes... de hecho llegó a tener un fuerte enfado y enfrentamiento con Madero, al exigirle comida y vestimenta adecuada para sus hombres. Madero cedió a sus presiones y decidió aportar dinero para la División del Norte. Una vez terminado el enfrentamiento entre ambos, en el que Villa perdió los estribos, agarrando del brazo a Madero y zarandeándolo fuertemente, Pancho Villa solicito a Madero que ordenara el fusilamiento del propio Villa de manera inmediata. Por suerte Madero no hizo caso de la solicitud.

Pancho Villa excepto fue casi siempre el sector más vanguardista de la revolución, aunque fuera por mero instinto, y por representar los intereses materiales del pueblo. Nunca se sintió derrotado por una derrota, ni celebro una victoria sin tener una perspectiva posterior. Por poner un ejemplo tras la victoria en 1911 de Madero, cuando pensaban haber alcanzado la victoria definitiva se da esta conversación entre Villa y Madero:

—¿Qué te parece, Pancho? Ya se acabó la guerra. ¿No te da gusto?

Yo me negué a pronunciar palabra, pero Gustavo, que estaba cerca de mí, me indicó en voz baja:
Ándele, caporal, diga algo.
Por fin decidí levantarme y recuerdo perfectamente que me dirigí al señor Madero ni más ni menos.

—Usted, señor, ya echó a perder la revolución.
—A ver, Pancho, ¿por qué?
Sencillamente porque a usted le han hecho tonto toda esta bola de curros y tanto a usted como a todos nos van a cortar el pescuezo.
—Bueno, Pancho, dime, en tu concepto, ¿qué sería lo más prudente hacer?
Que me dé usted autorización para colgar a toda esta bola de políticos y que siga la revolución adelante.
La cara que pusieron todos los curros, al grado que azorado el jefe de la revolución me contestó:
—¡Qué bárbaro eres, Pancho! ¡Siéntate, siéntate!”

Tras el triunfo de la revolución, Madero licencia a Villa, ya que genera pavor entre las potencias extranjeras, y los terratenientes mexicanos con los que Madero pretende iniciar un dialogo con el que concluir los enfrentamientos. De hecho Madero ofrece a Villa 25.000 pesos para que pueda retirarse a una finca y vivir de su hacienda. Villa renuncia a esa cantidad, el dinero no era su objetivo.

Madero pago con su vida no llevar la revolución hasta las últimas consecuencias. La fidelidad que le tenía Villa a Madero, y la muerte del que desde su punto de vista representaba la revolución supuso un duro golpe para Villa. El golpe contrarrevolucionario de Victoriano Huerta que sí ejecutó a Madero, y a su Vicepresidente Pino-Suarez, supuso un punto de inflexión en la revolución mexicana, y en el papel de Villa en el proceso. Ω


En la edición de agosto saldrá la segunda parte de este artículo

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