Viva México cabrones II

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Ignacio Martínez Castelló

Pancho Villa intuía el peligro que acechaba a la revolución, de una forma instintiva era consciente de la necesidad de empujar la revolución hasta el final, para él supuso un duro golpe el asesinato de Madero, en lo personal y en lo político.

A pesar de haber sido marginado por el propio Madero, Villa le tenía un gran aprecio personal, y trató de advertirle reiteradamente que pagaría con su vida una revolución a medias. Como tantas veces ha sucedido en la historia, los dirigentes de la reacción no sufren los mismos miedos que los revolucionarios, el golpe de estado del 19 de febrero de 1913 no tiene miramientos con los “responsables revolucionarios”.

El máximo dirigente del golpe fue Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz. Victoriano Huerta fue el brazo ejecutor de la traición y se le nombró Presidente de México. Como también ha sucedido en otros procesos históricos, Huerta General Jefe del ejército, nombrado por  Madero. De hecho el hermano de Pancho, Raúl Madero detuvo a Huerta por estar apoyando el golpe de estado, cuestión que no creyó Francisco Madero y liberó a su posterior verdugo, así como el de otro hermano suyo, Gustavo Madero. Como no podía ser de otra manera, la embajada de EEUU fue clave en la preparación y desarrollo del golpe, sus intereses económicos, al ser los propietarios de minas y de la poca industria existente en el país. El peligro de una revolución en su frontera que pudiera suponer un ejemplo contagioso fue otro factor decisivo.

 

Los medios de comunicación contrarrevolucionarios inician una campaña para extender una imagen salvaje de Villa, tratan de trasladar miedo al pueblo, como hacen históricamente con cualquier líder revolucionario

 

Como en tantos otros procesos revolucionarios, se culpa a la falta de orden y organización a las derrotas revolucionarias. Son múltiples las voces que pretenden saltarse los procesos políticos de fondo, con cuestiones que siendo importantes, resultan secundarias respecto al desarrollo revolucionario. Paco Ignacio Taibo II -autor de una magnifica biografía de Pancho Villa- resume, a mi entender, de forma perfecta las causas del auge de la contrarrevolución “Lo que ha descrito es un ejército popular que podía ser organizado si se le daba respuesta social a sus demandas.  El problema no estaba allí, estaba en su inverso, porque las negociaciones habían dejado intacta la armazón, la estructura, los mandos, las querencias reaccionarias, autoritarias y oligárquicas del ejército federal porfiriano. Y eso le iba a costar la vida al maderismo y a Pancho Madero, su figura rectora”

En esencia esas mismas conclusiones son las que extrae Villa de la nueva situación,  una vez muerto Madero la revolución está en grave peligro. Los latifundistas parecen mantener sus privilegios amenazados por la revolución.

Como casi siempre el instinto político de Villa le hace prever los acontecimientos futuros, así define él a Victoriano Huerta “Con Huerta me dio la corazonada de que no obraba por la buena, ni nos quería a los maderistas. Su cara, sus modos y su constante uso de la bebida (casi siempre se veía borracho, y entre la tropa federal no era un secreto que también fumaba marihuana) no me infundieron nunca ni la menor tranquilidad”. Huerta era un digno representante de los terratenientes mexicanos, un autentico parásito social, la célebre la cucaracha es una canción satírica revolucionaria, dedicada a Huerta.

El enfrentamiento de Huerta y Villa viene de atrás, Pancho fue nombrado en 1912 “General Honorario” por Huerta, y tuvieron un grave conflicto que acabó con Villa en la cárcel. El enfrentamiento con origen en una yegua, fue la excusa para medir sus fuerzas. Por intercesión de Madero, ya que Huerta quería fusilar a Villa, éste último fue encarcelado.

Después de los primeros asesinatos el nuevo gobierno disuelve las milicias, el “maderismo” se descompone a gran velocidad. El posible relevo de Madero, Abraham González gobernador de Chihuahua, también fue pasado por las armas. El golpe parecía haber acabado con la revolución.

A Pancho Villa el golpe no le coge desprevenido, de hecho, advierte en múltiples ocasiones a Madero de que lo estaban preparando. Vuelve a la acción con un pequeño grupo de revolucionarios -8 en total incluido él-,  podríamos considerarla una pequeña guerrilla. Regresa a Chihuahua desde Texas, y vuelve a ampliar su base social en la lucha contra los terratenientes. Aislado del resto de fuerzas revolucionarias, poco a poco va captando soldados en las distintas poblaciones, además de requisar armas al ejército federal.

El gobernador de Coahuila Venustiano Carranza, al mantener el control de su estado, frente al gobierno de Huerta, se convierte en el máximo representante opositor. Decide nombrar a Villa, General Brigadier. Pese a no tener una buena relación personal ni política, el primero se ve obligado a estrechar lazos con Villa, de la extensión de las fuerzas revolucionarias depende su propia supervivencia, y aunque teme tanto a Villa como los federales se ve obligado a apoyarlo. Independientemente del nombramiento Villa empieza a impartir su particular justicia, y a orientar políticamente las poblaciones que logra tomar, empujando la revolución. Por fin se empieza a ver a sí mismo como un dirigente revolucionario, no como un soldado. Tiene que hacer frente a múltiples problemas, en el terreno militar lo más preocupante son la falta de municiones para poder afrontar las batallas, en el civil la pobreza generalizada en las distintas poblaciones.

Villa no tiene tiempo para contemplaciones, ha vivido la contrarrevolución y sus crímenes, no piensa cometer los errores que abrieron la puerta a la reacción. Cada cual puede extraer lecciones morales de las decisiones de Villa, la guerra revolucionaria no es ningún camino de rosas. Como ejemplo la siguiente anécdota ante el problema que le surge por la falta de balas, y el exceso de prisioneros.  “¿Qué hacer con los prisioneros? No hay retaguardia, no hay cuarteles, no hay cárceles. Soltarlos, incorporarlos o fusilarlos”. Villa no duda, no le tiene confianza a los colorados, no son soldados de leva federales que se encuentran en la batalla sin deberla ni temerla. “Los mandé a formar de tres en fondo para que con una bala se fusilaran tres”. Más allá de que el método no funcionó, la fama de implacable y bárbaro de Villa comenzó a propagarse. Cuestionado por el salvajismo del acto meses más tarde, Villa se limitó a responder que “estaba escaso de municiones y preguntó si era menos bárbaro fusilarlos de uno en uno”.

Los medios de comunicación contrarrevolucionarios inician una campaña para extender una imagen salvaje de Villa, tratan de trasladar miedo al pueblo, como hacen históricamente con cualquier líder revolucionario. Su avance militar le proporciona un prestigio por su ejemplo en el combate, unido a que es uno más a la hora de realizar cualquier tarea lo convierten en su referente político para los humildes, es uno de ellos, ingenioso, audaz y brillante, pero por encima de todo uno de ellos.

En seis meses su acción y el ambiente político le permite tomar  Camargo, Santa Rosalía y Jiménez, La Loma, y Durango, donde es nombrado General de la División del Norte. Las fuerzas federales no paran de retroceder.

En diciembre de 1913 es nombrado gobernador de Chihuahua, entre 1913-1914 gobernó bien directamente o bien dando órdenes a su sucesor Manuel Chao -al que Villa quiso fusilar-, nombrado por Carranza por el temor hacia el General de la División del Norte. Villa mostró una gran capacidad para dirigir la sociedad, estableciendo un orden en todos los dominios revolucionarios, obligando a los comerciantes a bajar los precios de los productos de primera necesidad, eximió de impuestos a los sectores más empobrecidos, en un mes abrió 50 escuelas, emitió moneda, reparó infraestructuras (ferrocarriles, telégrafos), envió hombres para ayudar a las cosechas. Prohibió el consumo de alcohol a sus soldados, bajo pena de fusilamiento si encontraba a uno bebiendo -Villa era abstemio y entendía como muy peligroso su consumo para el pueblo y los intereses revolucionarios-.

Pero como hemos tratado de explicar, Villa era un cúmulo de contradicciones. Igual mantenía el orden, que proponía fusilar a cualquier hombre que se negara a casarse con una mujer a la que el amenazado hubiera dejado embarazada. Tal y como recoge Paco Ignacio Taibo II en su biografía sobre Pancho Villa:

“Tengo mi esposa legítima ante el juez del registro civil, pero también tengo otras legítimas ante Dios, o lo que es lo mismo, ante la ley que a ellas más les importa. Ninguna tiene pues que esconderse, porque la falta o el pecado, si los hay, son míos.”

"El periodista estadounidense Larry Harris dirá: “Las leyes del matrimonio y el divorcio eran tan complicadas para Villa como un problema de cálculo de Einstein para un niño pequeño. Nunca las entendió”. Se equivoca, no eran complicadas: si una mujer te pedía que te casaras, pues te casabas y ya. Eso respecto del matrimonio, respecto del divorcio jamás necesitó leyes”.

Con todo y con eso, Pancho Villa juega un papel determinante en la revolución tan llena de contradicciones como su propio dirigente. Ya no sólo en el norte de México, sino en todo el territorio. Después de tomar Torreón, y Ciudad Juárez ciudades más importantes del estado de Chihuahua, lo que le permite acometer tareas mayores, como serán enfrentarse a Carranza en la Convención para que éste no pare la revolución, tal y como hizo Madero, y tomar con Zapata el palacio presidencial en Ciudad de México. Ω


En la edición de septiembre saldrá la tercera parte y final de esta entrega.

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