Antitaurinos en la historia

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Echando mano del rico refranero taurino podríamos decir que la tauromaquia está “de capa caída”. En su reciente desprestigio han contribuido de forma decisiva los movimientos animalistas  que en los últimos años han estado “dando la vara”  en defensa del toro. Pero, como veremos, la “división de opiniones” con respecto a los festejos taurinos es tan antigua como su propia creación.

Los orígenes: una fiesta en entredicho

Independientemente de la representación de toros en el arte rupestre prehistórico,  en el arte ibérico y celtibérico o en pinturas murales del Mediterráneo Antiguo, los festejos taurinos,  en sí, no se documentan en nuestro país hasta el siglo XII cuando algunos nobles  comienzan a “correr” y alancear toros desde sus caballos en un ejercicio, similar a la caza de animales salvajes, que podría calificarse como “deportivo”.  Muy pronto estas prácticas fueron utilizadas para festejar o conmemorar acontecimientos importantes dando lugar a las primeras corridas de toros. Al parecer, estos festejos también fueron imitados y practicados por los últimos musulmanes españoles antes de ser expulsados de España a finales del siglo XV por los Reyes Católicos. Precisamente estos reyes, y más en concreto Isabel de Castilla, llegaron a anular (aunque no a prohibir totalmente) este tipo de festejos al considerarlo “cosa de árabes”, prefiriendo en su lugar la celebración de justas y torneos, tal como se promulgó en 1490 en Sevilla con motivo de los festejos por el casamiento de la infanta Isabel con don Alfonso de Portugal.

 

Isabel de Castilla, llegó a anular (aunque no a prohibir totalmente) este tipo de festejos al considerarlo “cosa de árabes”

El Papa Pio V llegó a prohibir en 1567 los espectáculos taurinos mediante la Bula “Salute Gregis

El Rey Felipe V llegó a prohibir a los nobles y cortesanos la práctica del toreo en 1723

El rey Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771

 

Ni siquiera la Iglesia estuvo ajena a la crítica a estos festejos. El Papa Pio V llegó a prohibir en 1567 los espectáculos taurinos mediante la Bula “Salute Gregis” aunque pocos años después su sucesor, el papa Gregorio XIII, levantó parcialmente esa prohibición a petición del rey Felipe II. En general, las corridas de toros fueron apoyadas por los reyes de la Casa de Austria pero cuando llegaron al trono español los Borbones, rodeados de una aristocracia afrancesada, los festejos taurinos fueron de nuevo claramente cuestionados y el propio Rey Felipe V llegó a prohibir a los nobles y cortesanos la práctica del toreo en 1723. Sin embargo, esa prohibición tuvo un efecto contrario al popularizarse el toreo a pie, en lugar de a caballo, dejando de ser propio de la nobleza y clases elevadas para comenzar a ser practicado de forma profesional por aficionados procedentes de las clases populares conformando las bases de las actuales corridas de toros que han llegado hasta nosotros.

Sigue la oposición en el toreo moderno

A pesar de esta nueva profesionalidad taurina, la crueldad tanto hacia personas (toreros y sus cuadrillas) como hacia animales (toros, caballos, perros...) que participaban en estos sangrientos espectáculos, siguió en aumento lo que produjo el rechazo de muchos ilustrados que se opusieron a ellos por considerarlos poco didácticos.

Posiblemente, entonces, todavía pesaba más la idea de sentir vergüenza por la crueldad del hombre que por la compasión de los animales. Fue en esta época del siglo XVIII cuando comenzaron a construirse las primeras plazas de toros aunque los festejos taurinos todavía se siguieron celebrando a menudo en plazas como las mayores de Madrid o de Valladolid.

También el rey Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771, aunque con poco éxito ya se continuó con esa práctica que sería magistralmente documentada por Francisco de Goya en su magnífica serie de grabados sobre la Tauromaquia. Aunque los taurinos consideran que Goya fue partidario de estos espectáculos, la realidad de sus grabados muestra una clara denuncia hacia la crueldad, la brutalidad y el sinsentido de la tauromaquia, igual que lo hizo con los Desastres de la Guerra, Los Caprichos o con las escenas de las terribles condiciones de vida de presos y enfermos mentales de su época.

Todavía gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas de toros.  Carlos IV volvió a hacerlo en 1805 y a lo largo del siglo XIX surgiría periódicamente el debate de la prohibición de los festejos taurinos en el Congreso de los Diputados. El último intento tuvo lugar en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso, sin éxito, a los diputados su prohibición. Asimismo numerosos intelectuales de la generación del 98 se mostraron contrarios a estos festejos al considerarlo un síntoma del atraso cultural español.

Cuando en 1928 el general Primo de Rivera impuso la protección de los caballos mediante gruesos petos para que no fueran destripados por los toros en los festejos taurinos, hubo revueltas y manifestaciones populares en todo el país en los que llegaron a producirse varios muertos. Hasta entonces lo habitual, tal como describe espantado el escritor francés Alexandre Dumas en su viaje por España en 1846, era que en cada corrida de toros sucumbieran varios caballos formando parte del cruel y sangriento espectáculo taurino ante el regocijo general del público que gritaba enfervorecido por la sangre ¡¡”más caballos”!!

Como señala el escritor y periodista Manuel Vicent en su obra Antitauromaquia: “Ha existido siempre una corriente europeísta de españoles sensibles, que arranca de los afrancesados, pasa por el krausismo, la Institución Libre de Enseñanza, la Generación del 98 y los liberales republicanos de 1914, que se han enfrentado abiertamente a la fiesta de los toros por ver en ella un símbolo de nuestra decadencia moral.”

El movimiento antitaurino hoy

En la actualidad, son los defensores de los derechos animales quienes encabezan la oposición a las corridas de toros a las que consideran como una forma de tortura. Hoy, buena parte de la población española considera que el toreo es una práctica cruel que atenta contra la sensibilidad de las personas y los derechos de los animales, no pudiendo ser consideradas ni como manifestación cultural ni artística ni deportiva.  En Canarias (1991) y Cataluña (2010) las corridas se prohibieron por Ley (aunque en Cataluña sigue la polémica tras el reciente fallo del Tribunal Constitucional  anulando esa prohibición). El Comité de los Derechos del Niño recomienda modificar la legislación para que los menores no participen ni asistan a corridas de toros y desde la ONU se pide expresamente la prohibición del acceso de menores a estos festejos por la "violencia física y mental" que conllevan. La realidad es que, hoy, a las corridas de toros en España solo le falta la “puntilla”, como evidencia el creciente y constante descenso en los últimos años de celebraciones de estos crueles festejos.Ω

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