Celebrando el centenario de Marcelino Camacho

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Marcelino fue sin duda la máxima referencia de lucha por la libertad, la igualdad y los derechos de todos los trabajadores de este país, especialmente en los años de la dictadura franquista. Y después de pasados más de siete años desde su muerte, el ejemplo de Marcelino sigue más vivo que nunca y sus enseñanzas cobrando más valor con el paso de los años.

Sus comienzos

Marcelino ingresó en el PCE en año 1935, con tan solo 17 años, y posteriormente a la UGT, sindicato por aquel entonces con una fuerte orientación marxista. Tras el golpe de estado militar –del 18 de julio de 1936- ingresó en las filas republicanas. Tras la victoria fascista fue juzgado y condenado a trabajos forzados en varios campos de concentración. Finalmente se escapó y acabó en Orán donde conoció a Josefa Samper, Josefina, una joven militante comunista, con la que se casó en 1948.

El 18 de julio de 1957 -21 años después del golpe de estado franquista- Marcelino regresó a España junto a su mujer y sus dos hijos, tras ser indultado por el Régimen, dispuesto a continuar la lucha en España.

La lucha durante la dictadura

Empezó a trabajar como obrero metalúrgico en la empresa Perkins Hispania y se presentó a “enlace sindical” de empresa en el sindicato vertical tratando de aprovechar cualquier posibilidad para organizar la lucha contra el régimen y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. En 1964 organizó la Comisión Obrera del Metal de Madrid, con el nombre de Comisión Provincial de Enlaces y Jurados. Es la primera Comisión Obrera de carácter permanente, el origen de lo que hoy conocemos como Confederación Sindical de CCOO.

Entre 1965 y 1967 pasó más de una docena de veces por los despachos de la Brigada Político Social, policía encargada de la represión política. En 1966 fue detenido al entregar treinta mil firmas en el Ministerio de Trabajo con reivindicaciones de carácter laboral. Estas acciones iban aumentando su liderazgo el frente del movimiento obrero madrileño y por extensión de todo el estado. Hasta el final de la dictadura estuvo en prisión por el Proceso 1001 en el que juzgaron y condenaron a él y otros miembros de CCOO por afiliación ilícita y colaboración con el PCE.

Durante los distintos periodos de estancia en prisión murieron su padre y hermana en su apresamiento tras la guerra. Sus dos hijos se casaron y sus nietos nacieron cuando estaba en las cárceles franquistas.

 

Marcelino Camacho mostró sus discrepancias con la línea oficial de Carrillo, oponiéndose a la asunción del proceso de la transición (con la aceptación de la monarquía y la bandera monárquica). Marcelino defendió la necesidad de una ruptura en favor de una república democrática que rompiera totalmente con el régimen franquista. Esta línea crítica con la transición, que representó dentro del PCE en todo momento Marcelino, fue recuperada posteriormente por Julio Anguita.

 

Su papel en la ’transición’

En 1975 CC.OO. se presenta a las últimas elecciones sindicales convocadas por el franquismo y las gana siendo un sindicato ilegal, perseguido y estando todavía su líder Marcelino Camacho en prisión. Esta victoria supuso un éxito clamoroso del movimiento obrero democrático y mostró la fuerza de CC.OO. y el PCE entre el movimiento obrero y popular a la vez que representó una humillación pavorosa para las fuerzas del régimen franquista, especialmente para los sectores más propiamente fascistas/falangistas que controlaban el sindicato vertical. Tras la muerte de Franco, el Régimen con nuevo líder a la cabeza, Juan Carlos, concedió un indulto intentando trasladar una imagen de apertura. Entre los indultados, estuvieron los presos del Proceso 1001, Marcelino Camacho entre ellos.

A su salida de prisión Marcelino dijo su famosa frase: “Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”, un buen resumen de lo que había sido su vida hasta ese momento y de lo también sería a partir de ese crítico momento, en el que ‘otros’ sí que se domesticaron.

En 1976 Comisiones Obreras se constituyen en confederación sindical y Marcelino Camacho es elegido secretario general. En ese momento ya era miembro del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE). Dentro de Comité Central del PCE, mostró sus discrepancias con la línea oficial de Carrillo, oponiéndose a la asunción del proceso de la transición (con la aceptación de la monarquía y la bandera monárquica), siendo de los pocos miembros que no votaron a favor de la propuesta de Carrillo. Marcelino defendió la necesidad de una ruptura en favor de una república democrática que rompiera totalmente con el régimen franquista. Esta línea crítica con la transición, que representó dentro del PCE en todo momento Marcelino, fue recuperada posteriormente por Julio Anguita. En estos últimos tiempos, tras la crisis económica que puso de manifiesto el carácter corrupto del régimen salido del franquismo, la postura crítica que defendió Marcelino en la transición ha sido asumida por una parte muy importante la sociedad, especialmente a partir del 15M. El PCE por su parte, ha aprobado en los últimos congresos la visión crítica de aquella transición edulcorada por el retrato que nos han ido dejando los grandes medios, pero que para nada fue una transición modélica hacia la democracia sino más bien y en muchos aspectos un cerrojazo del régimen que se inició tras el golpe de estado del 36. Y en aquellos momentos tenemos que reconocer el coraje que tuvo Marcelino Camacho para no ‘comulgar con ruedas de molino’ ante la tremenda presión con la que tuvo que lidiar el PCE en la transición.

Marcelino en las CCOO de la nueva etapa política

En su etapa como Secretario General hasta 1987 convirtió a CC.OO. en la primera central sindical española y le convocó la primera huelga general al gobierno de Felipe González en 1985. Huelga que consiguió un paro absoluto de todos los sectores. Además, tuvo una destacada presencia en las movilizaciones contra la OTAN de 1986 y en las estudiantiles del curso 86/87.

Hasta su muerte en 2010 a los 92 años, Marcelino mantuvo su afiliación y militancia a CCOO, al PCE e IU. Siguió aportando su pensamiento crítico a los jóvenes y camaradas que le visitaban en su piso de clase obrera en Carabanchel, cerca de la prisión del mismo nombre a la que permaneció recluso tantos años y al que se trasladaron su querida Josefina e hijos cuando Marcelino estaba preso para poder visitarlo más fácilmente.

La consecución de las mejoras en las libertades y en los derechos de la clase trabajadora, son sólo posibles con la lucha. Esta enseñanza nos la dejó grabada a fuego Marcelino.

 

El papel de Josefina Samper

Josefina Samper, actualmente vive a sus 93 años, y sería motivo de otro artículo. La lucha de Marcelino, es inseparable de la de Josefina desde que se conocieron, siendo ella una joven militante comunista emigrada a Orán. Josefina le acompañó tanto en su trabajo militante y clandestino, como cuidando de la familia y apoyándole en prisión, jugando un papel muy destacado en el movimiento de mujeres del PCE. Pese a esto, Josefina como muchas otras mujeres, hizo esto desde una posición menos visible que la de su marido, si bien es justo reconocer a Marcelino la voluntad de visibilización del papel del Josefina, recordando en todo el momento el papel imprescindible de Josefina en la lucha y como ella de tantas mujeres que participaron en la lucha y fueron eclipsadas por la mayor visualización de sus compañeros.

El Régimen del 78 ha intentado silenciar el papel que tuvo el PCE y CCOO en la transición, queriendo trasladar todo el mérito del cambio producido en España a la monarquía y la parte reformista del Régimen franquista.

 

Las enseñanzas de Marcelino

Cuando se habla de la transición, y de la voluntad reformista de la monarquía instaurada por el dictador Franco, se pretende hacer caer sobre esa monarquía y la parte reformista del régimen franquista la mayor parte del mérito del cambio habido en España a finales de los años 70. En esta estrategia hay una clara intencionalidad política de hacer olvidar el papel que representó las luchas del movimiento obrero y popular en la resistencia contra ese régimen y cómo fue verdaderamente esa resistencia la que debilitó las fuerzas y estructura de la dictadura y post-dictadura franquista. Fueron los militantes comunistas y de CCOO los que consiguieron las conquistas sociales y democráticas, eso sí a un alto precio personal, con represión y centenares de años de cárcel que acumularon entre todos ellos.

Como siempre ocurre, la consecución de las mejoras en las libertades y en los derechos de la clase trabajadora, son sólo posibles con la lucha. Esta enseñanza nos la dejó grabada a fuego Marcelino a través del ejemplo que nos dio en su vida. Las conquistas sociales –si son de verdad- cuestan cárcel, sudor y lágrimas. Pero que si se lucha y se lucha de verdad de manera organizada al final hay resultados.

En la coyuntura actual de pérdida de derechos y libertades tiene más vigor si cabe el ejemplo y enseñanzas que nos dejó Marcelino Camacho.


Marcelino Camacho fue el mayor referente de las clases populares en su lucha contra el franquismo, el principal referente de la clase obrera española contra la dictadura. Fue el máximo responsable en la fundación de CC.OO. en 1957 en Perkins Ibérica, en los momentos más duros de la dictadura fascista, y con su liderazgo, CC.OO. se convirtió en la principal fuerza en favor de la democracia y principal referente obrero antifascista.

El sindicato sufrió una represión brutal, pero pese a su clandestinidad y los años de prisión que sufrieron Marcelino y otros dirigentes de CC.OO. el sindicato se hizo hegemónico en las grandes empresas y cinturones industriales, llegando a imponerse en unas elecciones sindicales convocadas en 1975 a los candidatos del franquismo. Posteriormente tras la muerte de Franco, fue diputado comunista en las primeras elecciones democráticas (cargo al que renunció para seguir dedicándose al sindicato a tiempo completo) y mantuvo a CC.OO. como primer sindicato en el periodo postfranquista.

Esta es la historia más conocida de Marcelino, pero su vida fue un continuo de compromiso y lucha, ejemplo de militancia comunista que sacrificó sus mejores años en la defensa de las libertades y derechos de la clase obrera y a su organización.

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