03/03/1938. El peor día de Alcañiz

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Sigue sorprendiendo todavía hoy que uno de los bombardeos con mayor número de muertos y de heridos de los que se produjeron en este país a lo largo de toda la incivil Guerra Civil, pasara silenciado durante más de 65 años. Pero esto es lo que sucedió con el bombardeo de Alcañiz.

La sublevación militar llevada a cabo en julio de 1936 con el fin de terminar con la República española fracasó en sus objetivos. Tampoco el gobierno republicano fue capaz de detener este golpe de estado por lo que esta situación hizo que el país se viera abocado a una cruenta guerra civil. Lo que pudo ser una pelea local a dirimir entre compatriotas se convirtió rápidamente en un escenario donde las potencias europeas iban a participar de manera más o menos velada en la resolución de este conflicto, inmerso directamente en la situación geopolítica europea del momento. Rápidamente, cada uno de los contendientes trató de hacerse con los favores de los países que podrían proporcionar el material militar que creían que iban a necesitar para imponerse sobre sus oponentes.

 

“El 3 de marzo de 1938 se cometió un acto salvaje de asesinato sobre los alcañizanos, y por tanto, quien ordenó este asesinato colectivo todos sabemos lo que es”

 

Mientras que los republicanos acudieron a Francia con nulos resultados, los sublevados encontraron una respuesta positiva en fechas muy tempranas: el día 25 de julio el dirigente nazi alemán Adolf Hitler, dio el visto bueno a esta solicitud, lo mismo que haría al día siguiente el jefe del fascismo italiano Benito Mussolini. Los dos últimos días de julio, los primeros aviones alemanes e italianos aterrizaron en las tierras africanas controladas por el general Franco. Se iniciaba así una ayuda que no terminaría hasta la conclusión de la guerra. Los republicanos tardaron algo más a recibir la ayuda que finalmente le proporcionó la Unión Soviética. Se concretaría en la primera semana de octubre.

De esta forma la contienda iba a depender en gran medida en la diferencia de la aportación de material bélico que recibieran ambos contrincantes. Algunos de estos países aportaron además hombres a la contienda que en teoría debía concernir únicamente a los españoles. De la Italia fascista participaron en nuestra guerra casi 79 000 voluntarios y soldados apoyando al bando franquista. Su aportación en material también fue decisiva para el triunfo rebelde. Fueron más de 1000 los aviones italianos que intervinieron en la Guerra Civil española, además de los más de 700 alemanes.

La aviación rebelde estuvo liderada por el general Alfredo Kindelán, Jefe del Estado Mayor del Aire, y se encontraba dividida en tres: la Aviación Hispana, la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana. Lo mismo que sucedió con la alemana, la italiana estaba compuesta por aviones, tripulantes, material y bombas procedentes de su país, era totalmente italiana, aunque la coordinación y órdenes las recibían del general Kindelán.

Los italianos enviaron a principios de la guerra un modelo de avión bombardero potente, el Savoia M-81 con el que bombardearon la ciudad de Alcañiz la madrugada del 23 de noviembre de 1937 sin que las bombas arrojadas causaran muertos entre la población. Meses después de iniciada la guerra llegarían las primeras unidades de un nuevo modelo más moderno y rápido el Savoia Marchetti-79 que intervendría también durante la Segunda Guerra Mundial. Serían 15 los aviones de este modelo los que recibieron, en la base aérea de Logroño, a la una del mediodía del día 3 de marzo de 1938 la orden de bombardear el pueblo de Alcañiz.

 

El deseo del daño a infligir estuvo claro. Las bombas se soltaron sin objetivo específico alguno en cuanto se encontraron sobre las primeras casas de la población.

 

En esos días no había enfrentamientos bélicos en ninguna parte del territorio nacional. La Batalla de Teruel había concluido días antes, el 22 de febrero, cuando las tropas de Franco tomaron la ciudad que habían perdido durante los primeros días de enero. La siguiente actividad tardaría unos días en iniciarse y se estaba preparando la gran ofensiva. La población estaba a la espera de acontecimientos, pero nunca se puede estar preparado para lo que se avecinaba.

Durante la guerra, el gobierno municipal se había preocupado de preparar refugios antiaéreos abundantes para el caso de que se sufriera un bombardeo. En teoría en ellos podrían cobijarse casi 6000 personas. Los deberes estaban hechos. Todos no cabrían porque a los algo más de 9000 alcañizanos, la ciudad se vio incrementada durante la guerra por soldados, logística, sanitarios, refugiados, y un innumerable contingente de personal de todo tipo que era necesario en la retaguardia de un frente tan amplio y cercano como era el que se desplegaba desde el río Ebro hasta la zona de Utrillas.

Los 15 aviones bombarderos que partieron de Logroño a las tres menos cinco de la tarde venían cargados con 50 bombas de 100 kilogramos y 120 de 50 kilogramos, lo que hacían un total de 170 bombas que se debían arrojar sobre el pueblo de Alcañiz. La avería de uno de los aviones hizo que al final fueran únicamente 14 los que arrojaron 160 bombas. Cuando uno compara este bombardeo con los llevados a cabo en otros lugares de España, asombra la cantidad de aparatos que bombardearon un pueblo tan pequeño. El deseo de hacer daño, mucho daño, estaba claro desde el inicio de la orden.

Y es que la orden no dejaba lugar al error o a la mala interpretación. Es clara y rotunda. El objetivo estaba nítidamente especificado: “Bombardamento Paese di Alcañiz”, bombardeo del pueblo de Alcañiz. Y la orden la cumplieron a la perfección. Los aviones formaron tres escuadrillas distanciadas 200 metros entre ellas. Cada patrulla formaba una especie de V con un aparato al frente, dos detrás uno a cada lado y los otros dos un poco más separado de los anteriores, a 50 metros. Es decir cubrían una superficie de casi 200 metros. Las tres escuadrillas con la misma formación. El deseo del daño a infligir estuvo claro. Las bombas se soltaron sin objetivo específico alguno en cuanto se encontraron sobre las primeras casas de la población. Como llegaron desde Zaragoza, la entrada por esa parte de la ciudad fue las más dañada ya que las bombas debían arrojarse en 10 segundos. Por esta razón los daños sufridos desde la plaza de San Antón hasta el hospital fueron menores que los de la parte baja de la ciudad.

Las sirenas no avisaron del peligro, los ciudadanos no pudieron refugiarse a tiempo; la casualidad hizo el resto. Algunas de las bombas cayeron sobre varios de los lugares más concurridos en esa tarde del 3 de marzo. Jamás sabremos el número exacto de muertos ni sus nombres. Muchos porque estaban mutilados, otros porque no eran del pueblo, y el resto porque no hubo tiempo. Sabemos que se intentó y se levantó acta de los muertos que hubo apilados en la iglesia de San Francisco que sirvió como morgue, pero esos datos no los tenemos. Conocemos que muchos fueron llevados directamente a fosas comunes en el cementerio, pero no disponemos de sus nombres, pues no se tomaron. Los testigos hablan de varios cientos o de mucho cientos. Con total seguridad pasaron de los 250, aunque el oficial del juzgado hablara de más de 500, no podemos confirmarlo. Los heridos fueron muchos más. Y es que la ofensiva franquista iniciada días después y que concluyó para Alcañiz la madrugada del día 14, hizo que este acto salvaje se intentara ocultar. No sería hasta la publicación en el año 2003 de “Alcañiz 1938. El bombardeo silenciado” cuando nos enteraríamos de lo que realmente sucedió.

Y es que no es difícil entender que los autores de este bombardeo quisieran ocultarlo. Quién dio la orden del bombardeo de la ciudad de Alcañiz, sabía perfectamente que el pueblo estaba habitado, que en las casas vivía gente, que las bombas iban a destruir las casas, que los efectos que iban a producir sobre un ciudad indefensa serían terribles. Y se hizo. Quien ordena un acto semejante sobre población civil conoce perfectamente las consecuencias de sus órdenes. Y por ello, el 3 de marzo de 1938 se cometió un acto salvaje de asesinato sobre los alcañizanos, y por tanto, quien ordenó este asesinato colectivo todos sabemos lo que es.

 

Vista aérea en el momento del bombardeo de Alcañiz

 

 

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