Joaquín Galindo

La torre medieval de Alcañiz ¿Un edificio vivo?

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Durante los últimos años se ha tenido la oportunidad de exponer en varios eventos fuera de Alcañiz algunas cuestiones de carácter arquitectónico relativas a la construcción y evolución de la torre gótica de la antigua colegial.

En esos foros prevalecía el uso del tono académico. En fechas recientes fue recibida la invitación a escribir este artículo sobre la torre. Desde la libertad en la redacción que transmitió el director de esta publicación, al que le agradezco enormemente la confianza depositada, se ha elegido un tono distinto al académico. No estoy seguro de saber transmitir las sensaciones recogidas a lo largo de estos más de cuatro años de trabajo, aunque sospecho que al lector puede ayudarle a entender el mensaje el hecho de tener los pies hundidos profundamente en esta tierra, tanto si ha nacido aquí como si después del camino ha decidido quedarse aquí.

Cae la nieve sobre Alcañiz mientras se redacta este artículo. Una especie de pátina blanca unifica la necesaria diversidad de la ciudad. Los niños de corazón salen a disfrutar del esporádico elemento que seguramente mejorará las cosechas y lavará las calles. «Año de nieves...». Las cubiertas de algunos edificios se rendirán definitivamente ante una nueva sobrecarga porque no fueron dimensionadas para ello o porque desamparadas de mantenimiento decidirán que no merece la pena seguir resistiendo. Se puede parar un reloj, todos los relojes, pero no el paso del tiempo.

Las actividades humanas no siempre se desarrollan coordinadas bajo un mismo ritmo. Durante la Edad Media «Construir es el principal y casi único trabajo colectivo de la época» Castro Villalba, A. (1995). La construcción del antiguo templo gótico del que formaba parte la torre es sin duda uno de esos ejemplos. Ese cuerpo inanimado fue provisto de corazón con las campanas primero y los relojes después y de esa forma poder ayudar a los habitantes del entorno a coordinar sus pulsos bajo un latido común. Sabemos ahora con mayor detalle que la construcción de la torre se vio interrumpida durante largo tiempo, entre cincuenta y sesenta años. Esa interrupción provocó diversos daños, pero la obra se retomó y siguió creciendo hacia arriba porque el objetivo común era concluir el edificio. Retomada la construcción se modificó la idea inicial de la escalera y se siguieron nuevos parámetros estilísticos. La torre, una vez rematada, debió ofrecer una imagen imponente a quien visitara la ciudad. Imagino la satisfacción de quienes participaron en su construcción por haber sido capaces de aunar esfuerzos hasta completar tal obra.

La construcción de un edificio de esas características es el fruto de la capacidad de todo un colectivo para ponerse de acuerdo en erigir un símbolo acorde a la sociedad a la que representa. Esta circunstancia no pasó desapercibida para que el edificio alcanzara la categoría de colegiata y llegara a acoger sesiones de las Cortes de Aragón así como de la Concordia de Alcañiz. Tras las labores de restauración son visibles las huellas de diversos elementos que servían al uso de sala capitular en la planta baja de la torre.

Transcurrido algún tiempo la torre debió de carecer de los cuidados necesarios que requiere cualquier edificio. Sin llegar al abandono completo, hoy sabemos que las últimas hiladas, el antepecho y el chapitel se vieron profundamente afectados. Durante el Renacimiento de la ciudad, se ordenó la reparación de esos elementos bajo advertencia expresa de las consecuencias derivadas en el caso de no llevarse a cabo tal intervención. Se reparó el chapitel, se colocó una estructura metálica de remate que todavía se conserva y en la que figura la fecha «1574» y se modificó el antepecho de la cubierta incorporando elementos denticulados análogos a los que pueden verse en la fachada del ayuntamiento.

La enorme puerta este de la planta baja, descubierta tras la eliminación de los yesos, se decoró con policromía que representa elementos florales.

Ya en el siglo XVIII el incendio y posterior derrumbe de parte de la antigua iglesia gótica fueron posiblemente los factores que desencadenaron la decisión de demoler el edificio anterior para instalar el actual templo barroco. El hecho de que la torre escapara casi por completo a la destrucción general puede dar una idea de hasta qué punto esta parte del edificio trascendía de la escala urbana llegando a compararse con la «Torre Nueva de Zaragoza y la moruna Giralda» Bono Serrano, G. (1870). Sin embargo, y a pesar de permanecer en pie, la torre sufrió en ese siglo varias transformaciones. Se le amputó la esquina noreste dejándola apoyada sobre un potente arco de ladrillo visible desde el espacio bajo la cubierta actual. La planta baja sufrió el maquillaje barroco que ocultó por casi trescientos años las puertas originales, la iconografía escultórica de capiteles, clave, arquivoltas así como los grafitos, inscripciones y marcas de cantero en los paramentos. Todos estos elementos han sido imprescindibles para poder leer e interpretar gran parte de la génesis y evolución de la torre y por extensión del papel de Alcañiz en la Historia.

Figura 1. A la izquierda fotomontaje del conjunto de la iglesia con la maqueta del chapitel proyectado para el Miguelete de Valencia. A la derecha dibujo en el que se representa la sección real de la torre con el chapitel dibujado como remate de la torre de la catedral de Tortosa.


Recientemente hemos visto cómo varios de los edificios más emblemáticos de la ciudad han sido consolidados. Mucho se ha debatido sobre esas intervenciones exponiendo en algunas ocasiones los gustos personales como argumentos por encima de los criterios objetivos. El haber podido llegar a restaurar estos edificios no ha sido sencillo pues la mayor parte de los ojos se habían ido acostumbrando al progresivo y desapercibido deterioro que suele acabar en abandono. No eran muchos los que sabían que el interior de la torre se estaba indigestando con residuos de palomas unidos al humo agarrado a los muros, que algunas plementerías estaban destrozadas, que las cornisas no funcionaban, que la humedad en la base disolvía la piedra...

Debemos estar profundamente agradecidos a todos aquellos que en su día fueron conscientes de la situación y fueron anónimamente capaces de abrir los ojos de quienes tenían la posibilidad de dar la solución administrativa para el edificio. El camino hasta aquí ha sido largo y ha trascendido intereses particulares, organismos oficiales y legislaturas.  

Una vez terminada la obra se está trabajando en la musealización de la torre. Con ello parece garantizarse su mantenimiento y de esa forma su conservación. El conjunto edificado de la iglesia de Santa María «La Mayor» es historia viva de olvido y de recuerdo, de destrucción y de renacimiento. Es importante que las personas se reúnan y se conozcan, que hablen de las cosas que les afectan y que encuentren soluciones a los problemas. La torre, que ha acogido en su vientre acuerdos del máximo nivel y que ha sido la torre de la Concordia, puede ser uno de los muchos puntos de encuentro con los que cuenta nuestra ciudad. Algunos experimentos de psicología social demuestran lo sencillo que es generar conflictos sin que a priori existan razones para ello, pero también demuestran que la solución a muchos de ellos pasa por contar con un objetivo común. Quizás deba debatirse sobre si la torre medieval es un edificio que todavía se encuentra vivo.

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