Siria 2011-2016: 5 años de guerra, 5 millones de refugiados

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Josep Puche Giner | Periodista

Conferencia-entrevista conNatalia Sancha, reportera de guerra en Oriente Medio (I)

El pasado 3 de mayo se conmemoró el Día Internacional de la Libertad de Prensa, una efeméride quizá hoy más necesaria que nunca ante situaciones como la que vive Siria desde hace cinco años y las que soportan otros muchos territorios ‘calientes’ a lo largo y ancho del planeta. Con motivo de la conmemoración, Reporteros Sin Fronteras (RSF) organizó diversas conferencias y exposiciones en Europa; en España tuvieron también su lugar, y en nuestra zona disfrutamos de la presencia de la reportera freelance Natalia Sancha, que vive en Beirut desde 2008 y ha cubierto numerosos conflictos armados en Oriente Medio. Actualmente, Sancha cubre la guerra de Siria, y acudió a Andorra invitada por el Centro de Estudios Ambientales (CEA) Itaca, en cuya sede impartió una estupenda conferencia el 27 de abril; al día siguiente acudió al IES Pablo Serrano también para explicar sus vivencias e impresiones sobre el conflicto bélico y los refugiados, que son muchas, a cuál más interesante.

Natalia Sancha, onubense de nacimiento, explicó que su conocimiento del idioma árabe ha sido fundamental en su trabajo; de pequeña residió unos años en Argelia, acompañando a su familia que se desplazó allí por motivos laborales del progenitor, donde tomó un primer contacto con la lengua y la cultura árabes. Después, su vida profesional se ha centrado en ese ámbito, in situ, pues vive en la capital del

Líbano desde hace ocho años y es esa la base desde la que se desplaza hacia las zonas de conflicto que le toca cubrir. La actualidad la lleva indefectiblemente a describir y fotografiar la guerra en Siria y el drama de los refugiados, de los que en Andorra demostró no ya un extenso conocimiento periodístico, sino también una capacidad de análisis e interpretación que para sí quisieran muchos ministros de Exteriores occidentales. En las siguientes líneas, a modo de entrevista, se intenta resumir, con el mayor o menor acierto que quiera otorgarle el público de este medio, una primera parte de la mencionada conferencia de Sancha, que tituló “Siria, 2011-2016: 5 años de guerra, 5 millones de refugiados”.

 

¿Cómo empieza la guerra en Siria?

Hasta 2011, Siria vivía en paz, era una especie de ‘Estado del Bienestar’ con educación y sanidad públicas y de calidad, eso sí, sin libertades políticas, dominado desde el 2000 por el régimen presidencialista de Bachar el Asad, hijo del también dictador Hafez el Asad -que a su vez gobernó entre 1970 y 2000-. El 15 de marzo de 2011, alentados por las primaveras árabes de Túnez y Egipto, un grupo de adolescentes que solían escribir sus nombres en los muros de su colegio pintan en esas mismas paredes “Doctor, llega tu turno”, en referencia a Asad, médico de profesión. Eran 18 chicos desde los 10 hasta los 18 a 20 años; los detuvieron, arrastraron, torturaron, les arrancaron las uñas, les pegaron palizas. Eran hijos de una de las tribus más notables de la zona; pidieron su liberación, pero al “devolvednos a nuestros hijos” obtuvieron por respuesta gubernamental un “olvidaos de ellos”. De ahí, las manifestaciones y protestas se extendieron rápidamente por todo el país, pidiendo no sólo la liberación de los adolescentes, sino también más libertades políticas. Hartos de las corruptelas del régimen, la cosa empezó por un “queremos reformas”, en ese principio nadie pidió derrocar al presidente como sí sucedió en Túnez, Egipto o Libia. Se pedían reformas, libertades, mayor representación política, pero no derrocar a un gobierno que al fin y al cabo les estaba dando lo que no tenía ninguno de sus países vecinos, un estado del bienestar.

¿Cómo se da el salto a un estado de guerra?

Durante cuatro meses, a los manifestantes pacíficos el gobierno respondió con una represión brutal. Hubo una escalada de violencia, mucha gente infiltrada entre los manifestantes para provocar a la policía, y a los seis meses ya había sobre la mesa mil civiles y ciento cincuenta soldados muertos, y miles de jóvenes en las cárceles. De ahí se pasa al siguiente escalón, la militarización, y nace el Ejército Libre Sirio (ELS), la fuerza armada de oposición, desertores del gubernamental Ejército Nacional Sirio. Pero nadie quiere aún destrozar las infraestructuras ni eliminar las instituciones, se buscaba cambiar el liderazgo político. En 2011 el conflicto es aún sirio, nace de los sirios y queda entre ellos. Hay poca intervención de países del entorno y aliados, si acaso de Líbano, que siempre se ha considerado la retaguardia de Siria y es adonde acuden los rebeldes a curarse a sus hospitales, al tiempo que combatientes libaneses pasan a Siria a combatir; era un flujo normal, entre libaneses y sirios, y también algunos iraníes.

¿Qué estructuras políticas nacen en ese primer año? ¿Cuál es su papel hoy?

En 2011 se crea el Consejo Nacional Sirio (CNS), que se suponía iba a ser el gobierno paralelo. Ha-bía mucho entusiasmo, Turquía empezó a apoyar y allí se cobijó el CNS, pensando que todo sería igual de rápido que en Túnez o Egipto. Cometieron un error de cálculo porque el gobierno sirio está muy entrelazado, controla lo militar, lo político y lo económico, no hay separación de poderes. No era como Egipto, donde lo militar estaba separado de lo político y fueron los militares quienes derrocaron al presidente Mubarak. No era tampoco Túnez, donde igualmente estaban separados los poderes. El gobierno sirio es muy sólido y tiene detrás 46 años de dinastía dictatorial de los Asad. Hoy día, tras cinco años de guerra y la internacionalización del conflicto, el CNS no se oye apenas, ha quedado confinado en Turquía para gestionar la ayuda a la cooperación que llega a Siria. La entidad política actual de la oposición es el Alto Comité de Negociación (ACN), que está en Ginebra y ha gestionado las últimas treguas. Pero hay una diferencia sustancial y muy relevante, el CNS estaba liderado por demócratas de izquierdas que venían del exilio, formados en Francia, en Reino Unido, en Occidente, mientras que el liderazgo del ACN es de corte islamista y tiene el soporte económico de Arabia Saudí, Qatar y Turquía.

¿Qué año ha sido clave en el conflicto, si ha habido alguno?

2012, sin duda, ha sido el más crítico. Bachar el Asad llegó a estar contra las cuerdas y, si hubiera caído, hoy tendríamos un panorama radicalmente diferente. El gobierno de Damasco siempre se ha centrado en controlar las grandes urbes, la propia capital y Alepo, Homs, Latakia, Tartus, Idleb, Hama... y las carreteras que las conectan entre sí. Pero en 2012 pierde a manos de los rebeldes muchas de las conexiones viarias y parte de las ciudades; ese año se libran combates dentro de Damasco, algo que luego nunca se ha repetido. Y pronto se intensifica la acción de Hezbollah, milicia chií que es aliada estratégica del régimen de el Asad. A ella se le suman varios movimientos salafistas que empiezan a contribuir a la lucha y a promover un enfrentamiento chií-sunní que en Siria no estaba presente hasta la fecha, sí en el entorno, como en Líbano, donde es el pan de cada día. Y también se une a la guerra Irán, que ha sido el tradicional punto de apoyo del régimen sirio, aunque a fecha de hoy está siendo desplazado por Rusia. En 2012 todos los actores estaban pendientes de hacia dónde evolucionaba el conflicto para posicionarse a favor del mejor postor; pero cuando Bachar el Asad parece caer irrumpen en escena Turquía, Qatar y Arabia Saudí y suben el tono, y la comunidad internacional occidental responde a su vez subiendo también el tono, con lo que ya tenemos una guerra totalmente internacionalizada, camino de una ‘iraquización’, en la que lo importante ya no es el pueblo sirio sino los propios intereses de cada uno de los actores. En ese punto del conflicto, las estimaciones de los expertos hablan de 700 millones de dólares anuales de ayuda de Arabia Saudí en armas.

¿Cómo influye la ayuda económica de los países del entorno en la evolución de la guerra?

En 2013, Turquía, Qatar y Arabia Saudí empiezan a enviar dinero masivamente y ello provoca los primeros enfrentamientos dentro de las milicias rebeldes. Estamos en una economía de guerra, las casas están destruidas, no hay salario con que mantener a la familia

-salvo la paga de 5 a 10 dólares al mes si te unes al ejército-, así que los combatientes se ‘venden’ al mejor postor de turno. Con ello, el ELS se va vaciando de contenido ‘opositor’ y transformando en milicias de corte mucho más islamista, salafista, apadrinadas por la doctrina wahabí, la más radical de las cuatro del Islam y la que se profesa en Arabia Saudí, que es la gran exportadora de la misma junto al dinero con el que financia la lucha armada. ¿El resultado? Las milicias rebeldes se atomizan y se debilita la unidad interior que había anteriormente bajo el objetivo común de derrocar a el Assad. Al mismo tiempo, el ENS gubernamental empieza a recuperar posiciones con el apoyo de Irán. Cuenta este ejército de Damasco con la superioridad bélica de la aviación, de ahí parten los primeros grandes destrozos en las ciudades, provocados por los bombardeos aéreos del régimen.

¿Qué estrategia siguen los rebeldes para poder mantener la lucha?

La guerra bajo tierra, desde 2012 empieza a desarrollarse en las ciudades la táctica de bombardeo-túnel, bombardeo-túnel, y así sucesivamente. Lo que intenta el ejército sirio es llevarse a los rebeldes a campo abierto, donde la artillería lo tiene más fácil. Pero los rebeldes buscan la guerrilla urbana. La diferencia de tácticas provoca desplazamientos masivos de población: cuando llega la artillería, los que están en el desierto se mueven a las ciudades, y cuando la guerra llega a las ciudades se mueven a la periferia; ida y vuelta, el que es hoy refugiado ha sido antes desplazado seis o siete veces dentro de su propio país. A consecuencia de todo ello, las grandes ciudades de Siria son hoy una ratonera, están minadas de túneles de varios quilómetros que han servido a los rebeldes para aprovisionarse de víveres, armas y municiones, o para realizar escaramuzas, sin ser vistos por la aviación. De ahí que la guerra se haya alargado en tiempo, si los rebeldes no hubieran aprovechado sus ventajas la superioridad armamentística del ejército la habría finiquitado mucho antes.

¿Cuándo entra en escena el Estado Islámico?

De forma masiva, como un actor importante, en 2014. Ello supone la internacionalización definitiva de la guerra y la vuelta a la dialéctica occidental de “lucha contra el terrorismo”. El Estado Islámico (EI) desplaza a los rebeldes de las zonas fronterizas, y los principales actores de las batallas de ese año son el propio EI, el Ejército Nacional Sirio, el Ejército Libre Sirio y los Kurdos. Pero el flanco rebelde (ELS) se va desuniendo y atomizando en diversos frentes, algunos luchando entre sí. Luego, El-Baghdadi, ya conocido internacionalmente, toma Mosul en Iraq y Raqqa en Siria, y declara a ésta la capital de su califato; lo hace en junio de 2014, con avances extraordinarios, sin disparar una sola bala y sin batalla alguna. En Mosul se rindieron al EI, depositaron sus armas y salieron corriendo los soldados iraquíes entrenados y armados por EEUU; en Raqqa pasó algo similar.

¿Por qué avanza tan rápidamente el EI?

Porque aprovecha el caldo de cultivo del descontento de la población del campo y el odio chií-sunní. A las tribus de la campiña las convencen con el argumento de que Damasco las tenía en el olvido, y es cierto que no disfrutaban ni por asomo de la calidad educativa y sanitaria del sirio de ciudad. También aprovechan el sometimiento de una mayoría chií a los dictados del presidencialismo sunní para ganar apoyos rápidamente. Se calcula que el EI cuenta con unos 25000 yihadistas, 5000 de ellos extranjeros occidentales. A mí me preocupan especialmente realidades como las escuelas de ‘jóvenes leones’ de Deir ez-Zour o Raqqa, niños de diez años que son entrenados en la lectura e interpretación del Corán, en Ley Islámica, artes marciales, operaciones suicidas, tiro, ejecuciones y todo lo demás.

¿Qué conlleva la internacionalización de la guerra?

Una multiplicidad de actores, tenemos ya en cielo sirio todas las aviaciones de la coalición de monarquías sunníes apoyada por EEUU, Francia, Italia, Canadá y los que se han sumado e irán sumando, más las aviaciones y tropas turcas, sirias y rusas; y también las tropas terrestres sirias, rebeldes y del EI, cada una con sus propios apoyos internos y externos. Lo peor de este ‘camarote de los Hermanos Marx’ de tropas es que, al final, cada una tiene por prioridad la defensa de sus propios intereses y no los intereses del pueblo sirio.

¿Cuándo empieza el problema de los refugiados?

De forma masiva, en 2015, es el año de las pateras en las playas de Lesbos. Yo he cubierto Siria, Yemen, Palestina, Egipto, pero aquí lo que más me ha impactado ha sido la llegada de las pateras, saber de qué huían quienes venían en ellas, verles llegar y besar la tierra, como diciendo ‘ya estamos a salvo’. Y no, siete u ocho meses después pueden estar de vuelta porque por mucha pancarta de ‘welcome refugees’ que haya, Europa ni está preparada para esto ni adopta la actitud y los medios necesarios para una acogida en condiciones. ¿De qué huyen? Los sirios llevaban en paz 60 años, generación tras generación, y de repente les salta esta guerra. Primero han tenido que acostumbrarse al desplazamiento interior, al declive del país y de las condiciones de vida. Pero pasados cinco años llegan al límite, no han encontrado un lugar seguro en ninguna parte de Siria y sólo les queda vender lo poco que tengan y pagar los 2000 euros de patera ilegal que cuesta salir de Damasco hasta llegar a Alemania. Diréis que les queda la ayuda de las Organizaciones No Gubernamentales; he trabajado en una de ellas y creo que lo hacemos mal porque pensamos que el refugiado es la prioridad, al que hay que atender, y el refugiado para mí es el número 1 de los que huyen de la guerra. Pero están mucho peor los desplazados que no han podido salir del país, y en la base humanitaria, con las peores condiciones, tenemos a quienes no pueden moverse del barrio en el que está el conflicto armado, y a esos llegan cuatro gatos. Con la tregua de mes y medio de este mismo 2016 se han abierto algunos corredores y ha llegado algo de ayuda médica, alimentos y agua potable a zonas que llevaban casi dos años abandonadas a su suerte en medio de bombardeos y batallas constantes.

¿Cuál es el perfil del refugiado sirio?

Primero se iban sobre todo hombres jóvenes, pero ahora se van familias enteras porque ya no les queda esperanza en el fin y resultado de la guerra ni en el futuro inmediato que pueda quedarles en Siria. Es preocupante también que el pasado verano se fueran muchos hombres que decían “arriesgo mi vida, llego a Alemania, veo si merece la pena y si lo merece demando la reunificación”. Pero sucede que el proceso de reunificación ha terminado y ven que si consiguen llegar a Alemania pasarán dos años o más hasta que vuelvan a reunirse, así que la tendencia en Damasco y las grandes ciudades ahora es llamar a mujer e hijos para que hagan la misma travesía por el mar; todo va a reanudarse y vamos a tener quizá ya este verano mismo una oleada mucho más numerosa y con muchas más mujeres y niños.

¿Qué respuesta está dando Europa a los refugiados sirios que llegan a nuestras costas, a nuestros países?

Del millón de refugiados que llegaron a Grecia el 62 por ciento eran sirios. A mí me avergüenza que en Europa digamos que no podemos acoger a un millón de refugiados, que supondría sólo un 0,2 por ciento de la población europea y somos países desarrollados. Tendríamos que ver qué ha hecho Líbano, un país pequeño, sectario, que lleva dos años sin presidente, donde tenemos tiros cada dos por tres, guerras internas, atentados y un Estado Islámico muy infiltrado en el propio ejército libanés –aunque de momento no le interese a nadie-, cortes de electricidad de tres a doce horas diarias, escasez de agua en verano...  Pues este país sin infraestructuras ni nada ha acogido a 1,5 millones de sirios, son ya el 25 por ciento de su población, cuando la propia Siria estuvo ocupando Líbano durante 28 años, hasta 2005. Eso es la hospitalidad árabe de que se habla, aunque sea una bomba de relojería porque ejerce muchas presiones sobre las infraestructuras y el mercado de trabajo. Y luego está últimamente el vergonzoso acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, a mí me dan ganas de ir a la embajada española en Beirut y decirles aquí tenéis mi pasaporte español, europeo, me avergüenza formar parte de un occidente que se lava las manos. Nos llenamos la boca diciendo “esto es el ISIS, lo condenamos y luchamos contra él”, pero a los que huyen del ISIS no los queremos, los ponemos en Turquía por 6000 millones de euros y ahí se las compongan. Una Turquía, la de Erdogan, que no es para nada una democracia, donde no hay libertad de prensa ni de expresión y que cuando le ha interesado ha llegado a abrir fuego contra los refugiados que huían a pie del avance del Estado Islámico. Eso es lo que estamos haciendo en Europa por los refugiados de Siria y de otras zonas en conflicto. Ω


Mientras esta entrevista entra en imprenta, la situación en Siria y la de los refugiados no tienen visos de mejorar. Al contrario, la internacionalización se consolida y en el último mes Rusia ha intensificado los bombardeos aéreos en ciudades como Alepo y Deir ez-Zour y en las cercanías de Hama, Tartus, Homs y Palmira. Los desplazados internos siguen deambulando por miles en busca de zonas seguras cada vez más escasas, y a los refugiados les cerramos los campos en Grecia para trasladarlos a una Turquía que sólo los quiere como moneda de cambio. Si acaso, un pequeño rayo de luz se abre en el horizonte de la mano de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que contraviniendo las políticas oficiales ha anunciado la creación de un gran campo de refugiados en la capital francesa. Cuando las esperanzas son prácticamente nulas, un pequeño paso puede significar para una familia siria la diferencia entre la vida y la muerte.

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