«La guerra de Siria ha devastado ciudades, enriquecido mafias y cambiado roles»

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Josep Puche | Periodista

Conferencia-entrevista con Natalia Sancha, reportera de guerra en Oriente Medio (II)

Los pasados 18 y 19 de julio, sendos bombardeos de las aviaciones estadounidense y francesa –miembros de la coalición internacional contra el ISIS- sobre Manbij, Siria, causaron más de doscientos muertos civiles, desplazados interiores que huían de la guerra que asola el país y que encontraron un triste final a manos de supuesto “fuego amigo”. Costó y cuesta encontrar la noticia de dichas masacres en la mayoría de medios occidentales, mientras que, apenas una semana después, la autoinmolación de un refugiado sirio, uno, en Alemania, abría la mayoría de informativos del Primer Mundo. Como garantes de una información lo más libre y veraz posible, Reporteros Sin Fronteras (RSF) y otras organizaciones –desde Siria, por ejemplo, Syria Direct, www.syriadirect.org, o el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, www.syriahr.com, entre otras- trabajan incansablemente para que conozcamos la realidad de la guerra en Siria y de los cientos de miles de víctimas y millones de refugiados y desplazados que han generado los ya cinco años de conflicto.

‘Compromiso y Cultura’ retoma la conversación iniciada en el pasado número con Natalia Sancha, periodista española y reportera de guerra que reside en Beirut (Líbano) desde 2008. Sancha es miembro de RSF y ha acercado varias veces a España su testimonio directo sobre la guerra en Siria y el drama de los refugiados; en Andorra (Teruel) disfrutamos de su presencia los pasados 27 y 28 de abril.

 


 

¿De qué huyen los refugiados y desplazados sirios?

Sobre todo de la guerra, de los bombardeos, batallas y terrorismo que asolan sus hogares, ciudades y entornos desde hace cinco años, pero también de la falta de futuro. Una economía destrozada les mueve a huir de un presente y un futuro sin esperanza. Los niños llevan ya cinco años sin escolarizar, y los chicos jóvenes cinco años sin ir a la universidad; y si se unen al ejército no saben cuando van a salir de él, porque el “contrato” es indefinido, se acaba cuando te matan o cuando acabe la guerra. La libra siria se ha devaluado desde un cambio de 45 libras por euro en 2010 hasta 530 libras por euro en abril de este año. Las familias que tenían 5000 euros ahorrados en moneda siria, que es mucho para la zona, se han quedado prácticamente con nada. Y no olvidemos que también huyen del terror del Estado Islámico (ISIS o EI), sufren igual que nosotros los atentados del ISIS, como el de cuatro suicidas seguidos que causaron 130 muertos en una sola calle de Damasco, pero de estos apenas se abla en Occidente.

 

¿Qué papel desempeñan las ‘mafias’ que trafican con personas en las vidas de los refugiados?

Las ‘mafias’ operan principalmente desde Turquía, primer país de paso de los refugiados, y su actividad llega hasta Grecia, primer destino occidental de los desplazados externos. En Turquía son totalmente abiertas, actúan con total impunidad. Tienen su centro de operaciones en las principales plazas de Estambul, de Ankara o de cualquier otra ciudad turca, y allí les venden a los refugiados ‘todo’, hay la tienda de zapatos, la de vaqueros y, al lado, la de los chalecos salvavidas. Les venden sobre todo chalecos de fabricación china sin ningún tipo de homologación. Este comercio se ha desarrollado tanto que venden hasta la cobertura para el móvil, una funda para que no se moje... Toda clase de accesorios para el viaje en patera y a la vista de todo el mundo, la policía turca está ahí al lado y les da igual. La actividad de las mafias se ha institucionalizado, es un contrabando ‘legal’, abierto. Hay incluso centros adonde van los refugiados y que son como ‘bancos’, por 50 euros depositan sus 1200 euros para el viaje a Grecia en patera, dejan un código secreto personal y lo desactivan una vez han llegado a Grecia, porque de lo contrario el mafioso les puede matar antes de llegar allí. Y esas ‘oficinas’ están abiertas a lo largo y ancho de Estambul, Esmirna, o donde sea. Los grandes mafiosos son turcos, que son quienes se están enriqueciendo increíblemente con esta guerra, y los ‘de a pie’, los pasadores intermediarios, son sirios o afganos según el idioma que se necesite.

Aspecto de una ciudad siria durante la actual guerra. Foto: ©UNHCR/Andrew McConnell Aspecto de una ciudad siria durante la actual guerra. Foto: ©UNHCR/Andrew McConnell

¿Sólo las mafias se benefician en Turquía de la guerra en Siria?

No, Turquía se está beneficiando enormemente en muchos ámbitos. Hasta 2011, Alepo era el centro industrial y textil de Siria, todos hemos oído hablar de la calidad de sus paños, de sus sedas. Cuando empezó la guerra, casualmente, robaron todas las máquinas, que luego ‘reaparecieron’ en fábricas que se montaron en Turquía y donde emplean por salarios módicos a todos los trabajadores sirios cualificados. Luego está el petróleo que vende el Estado Islámico, que gana un millón de dólares diario con la venta de crudo porque controla pozos petrolíferos. Pero para ganar ese dinero lo tienen que vender y alguien lo tiene que comprar. ¿Y quién lo compra? Pues mayoritariamente Turquía, que lo compra a bajo precio y, de paso, por si nadie se daba cuenta, está permitiendo que el ISIS compre más armas y siga ahí. Ahora, cuando han empezado los atentados en Turquía y cuando ha presionado la Unión Europea, es cuando han empezado a cerrar fronteras, pero durante cinco años todos los yihadistas europeos llegaban de Estambul y entraban por el sur de Turquía para combatir al lado del EI.

 

¿Hay ‘clases’ entre los refugiados de diferentes procedencias geográficas?

Refugiados deberían serlo todos por igual, pero hay una cierta empatía, quizá los medios hemos contribuido a ello, con los sirios. Yo creo que es por esas imágenes de niños rubios, blanquitos, con los ojos azules... Nadie imaginaba que un árabe sirio pudiera ser como nuestra prima o nuestra vecina, pero hay mucha más empatía hacia ellos que, por ejemplo, hacia los somalíes, que llevan en guerra mucho más tiempo, o hacia los afganos... Los que físicamente son más diferentes de los occidentales se quedan ‘atascados’ hasta seis meses en los campos, pero hasta ahora, a los sirios que llegaban a Grecia les ponían una estampa en un papel y a las 24 horas podían seguir su camino; tampoco olvidemos que a las autoridades griegas les interesa ‘desatascar’ las islas para el turismo. En definitiva, sirios, sello y para arriba; somalíes y afganos, de un campo a otro, seis meses de espera y dificultades mucho mayores. Entiendo que es necesario regular, pero no que para ello se ponga prioridades a las guerras. Las guerras son las mismas en todas partes, y el que muere, sea negro, asiático o árabe, es el mismo.

 

¿Puede un refugiado volver a su país, a su hogar?

Hay quienes opinan alegremente “si no los podemos acoger, que se vuelvan a su casa”. Las ciudades sirias están asoladas, incluso hasta sus afueras. ¿Cómo volver a una zona en ruinas? Y si vuelvo, ¿cómo vivo, dónde compro el pan, dónde me ducho? Hay que andar cuatro o cinco quilómetros para conseguir cualquier producto de primera necesidad, contando con los explosivos que están sin detonar, o con los túneles que horadan las ciudades, nunca sabes cuándo un edificio se va a venir abajo. Las grandes urbes, donde se concentraba la mayoría de la población, son las que han quedado más devastadas, el ejército sirio quería recuperarlas a toda costa y las sometió a intensos bombardeos hasta expulsar de ellas a los rebeldes [En el transcurso entre la grabación y la publicación de esta segunda parte de la entrevista, estas mismas ciudades han sido y están siendo objeto de intensos bombardeos de las aviaciones de las coaliciones internacionales lideradas por EEUU y por Rusia, respectivamente]; hay barrios enteros de Damasco, de Homs, de cualquier gran ciudad siria, que son auténticos desiertos. Incluso en zonas donde ahora no hay combates no se ve ni un bulldozer, hay un embargo internacional que impide que haya cemento, ladrillos o cualquier otro material de construcción. ¿Cómo regresar adonde no hay ni la más mínima infraestructura? Luego están los cercos, que impiden el acceso a alimentos y medicinas y los utilizan como arma todas las partes: hay unas 19 ciudades cercadas entre rebeldes y los distintos ejércitos, más los impuestos por el EI, donde la comida se tira desde helicópteros. Y cuando se va el EI, no sólo deja el paisaje desolado, deja minas y explosivos por todas partes; hasta desmantelar los explosivos y que se pueda entrar, pasa tiempo, hasta que se puede reconstruir, pasa más tiempo, y así sucesivamente.

 

¿Están cambiando roles con la guerra de Siria?

Sí, sobre todo el rol de la mujer en Oriente Medio. Estamos hablando de una sociedad que es altamente machista, en la que el hombre tiene que trabajar para proveer a su familia y la mujer tiene que quedarse en casa cuidando a los hijos. Y la guerra hace que nada de eso se cumpla. Ahora tienes a la pareja con sus ocho hijos metidos en apenas cuatro metros cuadrados las veinticuatro horas del día, pensando en la lavadora que tenía ella, en el trabajo que tenía él, en la casa con tres habitaciones y una terracita que tenían, día tras día, y un hombre que piensa que no es capaz de proveer a su familia, que no puede hacer nada y se siente inutilizado; los desplazados y los refugiados están psicológicamente exhaustos. Y los niños han perdido cinco años de escuela, es una generación perdida, de analfabetos, porque el que tenía que leer no aprenció, el que tenía que desarrollar las matemáticas no las desarrolló... Pero volviendo a los roles de hombre y mujer, con la guerra nos encontramos en Daraya, uno de los frentes más activos, al batallón ‘Katiba el Benat’, el “Batallón de las Chicas”, la única fracción de ejército en el mundo árabe formada sólo por mujeres. Son jóvenes de veinte a treinta años voluntarias, que estaban en sus casas y podían haberse quedado ahí y han optado por la lucha armada; y están también las kurdas, pero éstas son una milicia y no parte de un ejército regular. Pues ahí tenemos a las mujeres empoderadas, luchando con los hombres, en un rol de “defensa de mi país” que antes no existía y que no tiene parangón en ningún otro país árabe. Entonces surge la pregunta: ¿cómo les dices a esas mujeres mañana que entreguen el fusil y vuelvan a la escoba? Es algo que va a tener una implicación, seguro, porque hoy ellas luchan igual que los hombres, son francotiradoras, tripulantes de tanques o lo que sea.

 

¿Y qué ocurre con las mujeres que se han quedado solas?

Las hay, y muchas; pero una mujer sola no significa forzosamente que su marido haya muerto, puede estar combatiendo con los rebeldes, o con el ejército, o puede haberse ido a Alemania y estar ella pendiente de si la llama o no la llama o se ha ido con una alemana de ojos azules. Hay muchísimas mujeres a cargo de cosas que tradicionalmente eran de hombres. Me marcó mucho la historia de una de ellas, una refugiada siria de Alepo que vive en el sur de Turquía. Tiene veintisiete años y una niña de ocho, llegó con ella, su marido y su madre. A los seis meses de llegar enterró a su madre -porque la que se va mayor muere en el exilio, se va de refugiada y muere en el extranjero-, y se ha divorciado, la ha abandonado el marido. Ahora se encuentra sola y con una niña a la que sacar adelante. Estas mujeres, sobre todo las de clases menos favorecidas, antes estaban más protegidas por su entorno. Ahora tienen que trabajar, buscarse la vida, lidiar con el del alquiler y todos los demás que quieren aprovecharse de su situación y condición; son las cabezas de familia, y todo lo que no han hecho a su corta edad se lo encuentran ahora, tienen que asumir unas responsabilidades que antes no existían para mujeres como ellas. Muchas de ellas, si no la mayoría, no habían salido de su cocina ni de su barrio. El ámbito privado es el de la mujer, el público se deja para los hombres, en los cafés o donde sea. Pero ahora ellas salen de allí y no es que salgan de su barrio, es que se van de su ciudad, de su país, se meten en una patera, negocian con el traficante, ponen en riesgo sus vidas y las de sus hijos, llegan a Europa, caminan, cogen un tren, un autobús... Ese viaje, más que geográfico o físico, es un viaje mental para un montón de mujeres que se han lanzado a ello hacia Europa. Y es un empoderamiento que mañana tendrá también alguna repercusión.

20160824-bombardeo-siria-compromiso-y-culturaNiños jugando después de un bombardeo en una ciudad siria. Foto: Observatorio Sirio para los Derechos Humanos

¿Existe también ese cambio de roles en las refugiadas o desplazadas que se quedan en países árabes?

En Líbano, desafortunadamente, es a la inversa. Las viudas que han quedado allí, sobre todo las de estrato social más religioso y con menor poder adquisitivo, viven en campos de refugiados financiados por Arabia Saudí y las están ‘colocando’ como segunda, tercera o cuarta esposa de otros, hay un incremento de poligamia increíble y las tienen allí encerradas, no pueden ni salir del campo. Si te proponen a tres maridos y los rechazas a los tres, al cuarto tienes que aceptar porque si no te echan de allí, te ves en la calle, sin dinero y sin poder mantener a tus hijos. En Siria, sin embargo, me recuerda lo que pasaba en Occidente en la Segunda Guerra Mundial, cuando todos los hombres estaban en el frente, había escasez y las mujeres empezaban a tomar los puestos en las administraciones y las fábricas; y cuando acabó la guerra y los hombres volvieron, ellas dijeron que también iban a trabajar, que si lo habían hecho esos años podían seguir haciéndolo. Y en las universidades sirias ahora mismo el 70 por ciento son mujeres, porque los hombres están en el frente, o bajo tierra, o en Alemania. En las administraciones públicas, lo mismo, están tomando cada vez más responsabilidades las mujeres, y también en la educación, porque mientras los hombres están en esa “generación perdida”, las mujeres que pueden siguen formándose.

 

La guerra, ¿hace diferencias de clase o de raza?

Los árabes son muy racistas, sobre todo con gente de color. Y al ver llegar en una misma patera a sirios con somalíes, con iraquíes, que llegan juntos al final y que se abrazan, te das cuenta de que han cambiado la forma de relacionarse. Y se abrazan también mujeres con hombres con el torso desnudo, cuando antes una mujer árabe no podía ni siquiera dar la mano a un hombre. Por otro lado, la guerra te impacta por el bando en el que estés y la clase económica a la que pertenezcas. Si las mujeres de clase baja se están empoderando, las de la burguesía, la clase alta siria, han vivido un impacto totalmente inverso. Ellas, que podían coger su chófer e irse a Alepo o a Homs de compras, o a Beirut, para las que no había barrera física en el espacio público, para ellas Damasco –o cualquier otra gran ciudad- se ha convertido en cuatro calles. Ellas son ahora las que no salen de su barrio, las que sólo van a sus casas entre ellas, al barrio ‘chic’ que es el más seguro y en el que caen menos morteros. Son ellas, las ricas, las que han visto su libertad y su espacio reducidos, y se han ido de lo público a lo privado, mientras que las de las clases pobres que han tenido que huir son las que han empezado a inundar un ambiente que antes para ellas no existía. Ω

 

 

Acaba aquí esta entrevista-conversación con la reportera Natalia Sancha, cuando el calor sofocante de agosto deja su huella, también en la castigada Siria, o en la Turquía involucionista de Erdogan, donde miles de sirios y de gentes de otras naciones marcadas por la guerra siguen lanzándose al Mediterráneo en busca no ya de un futuro mejor, sino de un presente en el que poder llevar cada día algo que comer a la boca y refugiarse bajo un techo más de dos noches seguidas. Y Europa, la vieja Europa que antaño les prometía y vendía libertad e igualdad, sigue sin dar una respuesta mínimamente unitaria, coherente y realista al que es ya uno de los grandes retos mundiales del siglo XXI. Mientras, los combates siguen asolando calles y ciudades sirias, castigando sobre todo a una población civil que cada día, cada hora, cada minuto, pone a prueba los límites de su resistencia ante una adversidad que la inmensa mayoría no ha buscado ni, mucho menos, provocado.

 

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