Ser transgénero en el siglo XXI

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Marcos Torres

La historia del movimiento transgénero es una historia llena de muertes intercaladas por algún pequeño avance que se hace minúsculo si se tiene en cuenta la cantidad de gente que ha dado la vida por ellos.

Podemos encontrar algún precedente al movimiento trans en el travestismo que se ha dado desde la Edad Antigua hasta la actualidad, pero realmente comenzó a visibilizarse tras los disturbios de Stonewall, los cuales fueron protagonizados por mujeres transgénero de color como Marsha P. Johnson o Sylvia Rivera, a las cuales se suele olvidar cuando se trata este hecho que marcó un antes y un después en la lucha por los derechos de la comunidad LGTB+ (como demuestra también la reciente película Stonewall, en la cual el protagonista es un blanco cisgénero homosexual, al igual que la mayoría de personajes, aunque Stonewall tuviera más clientela de color que blanca).

Lxs transgénero hemos sido olvidadxs no solo por lxs cisgénero heterosexuales, sino también por el resto del colectivo LGTB+.

Ya en las protestas que siguieron a Stonewall se vio la aparición de un discurso por parte de la comunidad homosexual que intentaba acercarse a lxs heterosexuales diciendo que eran como ellxs, simplemente que se sentían atraídxs por su mismo género en lugar del “opuesto”, pasando por encima del resto del colectivo para intentar conseguir una mejora de sus derechos.

Con esto no quiero echar la culpa a lxs homosexuales por la transfobia imperante en nuestro mundo cisheteronormativo, pero hay que entender por qué los derechos de lxs transgénero no mejoraron tras Stonewall a pesar de que poco a poco lxs homosexuales fueran siendo aceptadxs en la sociedad.

Otro motivo de este rechazo por parte de la población ha sido la postura que los medios han adoptado con respecto a la visibilidad de lxs transgénero. Durante décadas (y todavía en la actualidad, aunque con menos frecuencia), ha existido en películas y series de televisión el personaje de la mujer transgénero como mujer que engaña, como mujer que solo tiene como salida la prostitución, como esperpento, como persona de problemas mentales. Innumerables son las mujeres transgénero que aparecen representadas como algo repugnante, siendo un moderno ejemplo la transgénero que aparece en Resacón en Las Vegas 2. Cabría también destacar la obsesión de Hollywood en contratar a hombres para interpretar a mujeres transgénero, como si quisiera remarcar ese tópico omnipresente en casi todo papel de mujer transgénero de “en realidad es un hombre”.

Afortunadamente, esta constante ha ido cambiando, apareciendo papeles de mujeres transgénero dignificadas para las que ser transgénero es simplemente otra característica más que no se convierte en el foco de su historia y que además son interpretadas por mujeres transgénero como Laverne Cox o Jamie Clayton.

No podemos obviar, sin embargo, que la cultura no solo representa a la población, sino que además le influye. El típico papel de la “falsa mujer” sigue dándose en los medios, fomentando así esta creencia y alimentando el miedo del cishetero de frágil masculinidad de que el tener sexo con una mujer transgénero es repugnante y le convierte en gay (lo cual es, obviamente, también algo a temer por este tipo de hombres), debiendo “defenderse” de ella por tanto mediante la violencia y el asesinato, particularmente después de violarla en una increíble muestra no solo de la maldad y repugnancia del violador, sino también de su hipocresía. Es de esta forma como bromas de ese humor negro que siempre se escuda en la libertad de expresión como si eso lo amparara todo, acaban resultando peligrosas: por un lado, el colectivo LGTB+ sufre la mayoría de los crímenes de odio de España; por el otro, el 41% de lxs transgénero se ha intentado suicidar.

Estas “inocentes bromas” acaban llevando a la muerte, bien por personas que desarrollan una animadversión hacia lxs transgénero y deciden asesinarles; bien por transgénero que acaban desarrollando repulsión hacia sí mismxs o que no ven que la sociedad les vaya a aceptar y, por la presión, acaban suicidándose.

Las noticias positivas respecto a los derechos de lxs transgénero van en aumento estos últimos años, pero aun así queda mucho por avanzar. A día de hoy, ser transgénero sigue siendo considerado por el DSM una enfermedad mental; en España se requiere de un diagnóstico y espera de dos años para poder hacer algo tan simple como cambiarse el nombre en los documentos oficiales; según datos de ILGA Europe, 24 países de Europa requieren de esterilización para reconocer la identidad de género de la persona transgénero y 14 países europeos directamente no reconoce legalmente el género de la persona trans, no permitiendo por tanto el cambio de los documentos oficiales; recientemente, en Estados Unidos, algunos de los estados del sur intentaron poner en marcha una ley que obligaba a utilizar en los edificios públicos el baño correspondiente al género asignado al nacer, poniendo así en peligro a lxs transgénero, especialmente a las mujeres.

La sociedad ha cambiado muchísimo desde los sesenta y una gran parte de la población acepta la existencia de la comunidad LGTB+, sin embargo, España tiene mucho que aprender todavía sobre el tema, especialmente comparado con Estados Unidos, el país en el que apareció la teoría queer y en el que cada vez un mayor porcentaje de la población se identifica como LGTB+: se calcula que un 7% de los conocidos como millenials se identifica como LGTB+.

A pesar de todo no podemos olvidar que más de 1500 personas fueron asesinadas en todo el mundo en crímenes de odio tránsfobos entre 2009 y 2015. Se calcula que la cifra va en aumento, siendo esto una terrible reacción por parte de los sectores más tránsfobos de la sociedad al aumento de la visibilidad de lxs transgénero. Ω

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