Agua: valor en alza

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El 70% de la superficie de nuestro planeta es agua, cantidad suficiente para abastecer a los siete mil millones de habitantes de la tierra,  pero sin embargo una quinta parte de la población actual no tiene acceso a ella y casi cuatro millones de personas mueren al año por esa causa. En 2.025 se prevé que la demanda de agua aumentará en un 56%, un porcentaje paralelo al aumento de población. Estos datos son poco alentadores ya que nos abocan a una profunda crisis mundial, la crisis del agua.

La falta de agua nos conduce irremediablemente a la muerte, una semana sin beber produce estragos en nuestro organismo; en las primeras horas comenzamos a sentir un nudo insoportable en la garganta y conforme avanzan los días  la saliva se espesa, la piel de nuestro cuerpo se tensa y parece que va a estallar, los párpados se contraen y los ojos destilan gotas de sangre.

No pretendo ser catastrofista con esta introducción pero en esta exposición sí que deseo concienciar no sólo sobre nuestra responsabilidad y cuidado del medio ambiente,  sino sobre nuestra propia existencia y supervivencia porque sea cual sea nuestra postura en relación a nuestro planeta, política, raza, sexo o clase social, lloraremos lágrimas de sangre si estamos una semana sin beber agua.

 

La reserva mundial de agua está cayendo en manos de multinacionales que pugnan por controlar este precioso recurso (…) Lo que en realidad está en juego es el poder de las multinacionales frente al derecho de las personas a un elemento tan básico como el agua.

 

Sabemos que el mundo se está desecando progresivamente, el 97% del agua del planeta es salada y el 3% del agua dulce con la que contamos sufre agresiones continuadas; sustancias químicas cuyos residuos la contaminan irreversiblemente, contaminación ambiental generada por fábricas y coches que no dejan indiferente a las nubes… Finalmente ¿qué proporción de agua nos va quedando apta para el consumo?

Así mismo el aprovechamiento del agua del subsuelo se está realizando sin criterios medio ambientales. Cuando extraemos agua del subsuelo para la agricultura parte de ella tiene efecto de retorno, o debería tenerlo. Lo realmente preocupante es que actualmente se extrae quince veces más agua de la que retorna; los vientos, las inundaciones y la sobreexplotación de los cultivos y la ganadería provocan daños irreversibles en la tierra; la endurecen evitando el filtrado, de tal modo, que nuestra fuente de vida se va directamente a los océanos por las alcantarillas y los ríos mientras que en la tierra, desaparece la humedad y la vida. A medida que vamos desecando la tierra, el agua dulce se va acumulando en el fondo de los océanos y mientras ahí las tempestades son continuas, en el interior de la tierra cada vez se reciben menos lluvias y las tormentas son tan intensas que erosionan el suelo. 

En la escuela aprendimos que el ciclo del agua jamás acabaría y este discurso técnicamente es cierto pero si la seguimos contaminando o malgastando inútilmente, si agotamos los acuíferos, las fuentes renovables no serán suficientes y ese ciclo dejará de completarse, no hay lugar en el mundo que pueda escapar a esta realidad. Si hay algo que va a afectar directamente a nuestras vidas es  esto, la crisis del agua. Los países ricos, como siempre,  tardarán más en sufrirla pero actualmente ya hay lugares en los que se está muriendo por este motivo.

Urge abordar este asunto con rigor, debemos estudiar el asunto de las fuentes renovables, las que proceden del ciclo hidrológico, estamos llegando a una situación en la que cada vez hay menos. Con ayuda de los expertos deberíamos calcular cuánta agua queda realmente, cuáles son las fuentes renovables y cómo definirlas, esa es la tarea más urgente; averiguar cuáles son los límites y respetarlos.

Ante este reto inminente, nuestros gobiernos en lugar de unirse para estudiar y buscar soluciones, han entregado el poder a las compañías de  gestión del agua y estas pretenden crear una especie de “cartel” para que cada gota de agua en el mundo pase a manos privadas.

En la década de los 80 las compañías privadas que controlaban el agua en Francia adquirieron  tanto poder que ni el propio presidente F. Mitterrand pudo escapar a su dictadura económica y fue incapaz de nacionalizarlas. También en los 80 con el gobierno de Margaret Tahtcher  toda el agua de Gran Bretaña quedo privatizada y las grandes empresas se plantearon globalizarse. Al mismo tiempo, la ONU empezaba a tratar el agua como mercancía y activo económico. En la Conferencia de Dublín de 1992 fue cuando se habló del agua por primera vez como de un bien económico. Allí nació la idea de economía de mercado Thatcher- Reagan. Las grandes empresas estaban esperando despegar y esto lo facilitaba todo, hasta el momento sólo suministraban a escala nacional.  Al declarar la ONU que se podía cambiar el concepto del agua se dio la convergencia de ambas circunstancias, se creó entonces el Banco Mundial para dar estabilidad financiera y fomentar el crecimiento de los países pobres, en teoría el Banco recaudaría dinero de los países ricos para invertirlo en acciones de desarrollo, en cambio el Banco se unió a las tres grandes compañías privadas  de Europa para abrirse camino en los países en desarrollo. El Banco Mundial debió pensar que a cambio de la condonación de la deuda po-dían privatizarles el agua. África es uno de los continentes más secos de la tierra y sin embargo exporta agua, el Banco Mundial le obliga a exportar agua para pagar su deuda, eso es un robo o peor aún una forma de asesinato. En Kenya, por ejemplo, se cultivan la mayoría de las rosas que se venden en Europa, el terreno de cultivo se encuentra en las orillas del lago Naivasha, un lugar paradisíaco cuya desecación se acentúa vertiginosamente y la culpa es de las empresas extranjeras que exigen esa producción, de seguir así en cinco años el lago se habrá convertido en una pequeña balsa, pero qué puede importar este hecho a esas máquinas sin alma que gestionan la economía mundial; los colonialismos, lamentablemente, tienen múltiples formas de manifestarse: Buenos Aires, Argentina, comprador: SUEZ. Puerto Rico, comprador: VEOLIA. Yakarta, Indonesia, comprador: RWE/THAMES.  Santiago, Chile, comprador: VEOLIA.

Actualmente al menos una docena de empresas comercian con agua abiertamente en el mercado de valores, eso no existía antes y ahora está en pleno apogeo. El agua es un valor en alza, no debemos obviar que hay un horizonte y un final cada vez más cercano para el petróleo, pero no para el agua. Imaginemos que Wall Street decide que es ésta la mercancía en la que hay que invertir en los próximos 50 años, no sé a ustedes,  pero a mí me tiemblan las canillas.

Los buscadores de agua están al acecho, tejen sus redes sutil y furtivamente; el agua es ya un gran negocio, nadie se asombre, ¡un valor en alza! La reserva mundial de agua está cayendo en manos de multinacionales que pugnan por controlar este precioso recurso: las compa-ñías multinacionales se benefician de la debilidad de los gobiernos al tiempo que consumen las reservas de agua. En algunos países ha sido ya privatizada, mientras las ventas de agua embotellada por parte de compañías como Perrier,  Evian y de refrescos como Coca-cola y Pepsi se incrementan sin cesar. Lo que en realidad está en juego es el poder de las multinacionales en un entorno económicamente liberalizado frente al derecho de las personas a un elemento tan básico como el agua. La globalización, frente al cuidado y al respeto del medio ambiente y de los recursos naturales de la tierra.  Da miedo pensarlo porque, sin gasolina, estoy convencida que seríamos capaces de vivir pero una semana sin agua nos conduciría irremediablemente a una muerte atroz. Ω


(Reflexiones y anotaciones al hilo de la lectura del “Oro azul” Maude Barlow y tony Clarke)

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