Logros o lágrimas

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Ni que decir tiene que las personas no se suelen alegrar de la desgracia humana y ven en el diálogo y el entendimiento dos valores siempre muy valorados. Hoy, no sé si porque en estas fechas ronda el espíritu navideño en nuestros corazones o por cuestiones del destino, lo que parecía imposible se ha convertido en realidad. O igual es porque la verdad sólo tiene un camino y el garbanzo siempre acaba yendo a la cuchara...

Hoy, el Partido Popular y el Partido Socialista han logrado alcanzar un acuerdo para intentar poner remedio al problema de la pobreza energética. No es un asunto nuevo y, en este caso, nadie sabe más que el otro. Lo que sí es cierto es que la inmensa mayoría pretendemos lo mejor para la sociedad y en la resolución de los problemas hay que abogar por la efectividad de las medidas y no por la demagogia para alcanzar réditos políticos.

Entiendo que ahora se muestre una inmensa

alegría por este pacto casi de Estado, motivos de sobra hay para ello, y espero que no sea el último entre las principales fuerzas políticas del país en esta legislatura. Mientras unos se encontraban con la retórica pseudo-populista a la que nos han acostumbrado también en materia energética, otros estábamos poniendo remedio a uno de los principales problemas de las familias con menos recursos. Así son los hechos.

Efectividad es conseguir, en el menor tiempo posible y de la mejor manera que modestamente seamos capaces de hacer, lo que muchos necesitan. El Gobierno tiene las herramientas y en este caso las ha utilizado de manera brillante para, con el apoyo del principal partido de la oposición, dar una solución a uno de los principales problemas de la gente.

Al mismo tiempo, las nuevas fuerzas populistas han hecho del paripé y del chanchullo sus principios básicos de actuación. Esconden en palabrería lo que puede ser y lo que no, lo posible y lo imposible... Son maestros de lo que no debería ocurrir nunca con un político: maquillar con el discurso las desgracias ajenas o las vicisitudes de la vida.

Así que, ya para terminar que estamos en fechas navideñas y nuestras palabrerías deberían quedar en segundo término, los ciudadanos deberían entender que gobernar no es para nada sencillo. Poner palos en las ruedas lo hace cualquiera, pero arrimar el hombro para buscar una solución a nuestros remedios no es algo tan sencillo. Lo hemos conseguido esta vez y espero que también lo logremos en el futuro, que hablando se entiende la gente. ¡FELIZ Y PRÓSPERO 2017!

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