Los orígenes de la desigualdad

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«Los países más igualitarios son los más avanzados» 

Bajo esa afirmación —estadísticamente contrastada— nos enfrentamos, un día sí y otro también, a titulares que nos indican que en nuestro país caminamos en sentido contrario. La OCDE ya informó que España era el país en el que más había crecido la desigualdad desde el inicio de la crisis, catorce veces más que en Grecia, y Oxfam denunciaba que el 1% de la población concentra tanta riqueza como el 80% de los más desfavorecidos.

Desde las respectivas visiones de un político y un teólogo, podemos conocer los orígenes de la desigualdad; desde la simbología, la historia, el arte, la religión o la política; pero solo desde la acción individual y colectiva podremos acabar con ella.

 

Con estos datos tan impactantes, resultó muy enriquecedora la conferencia organizada el pasado día 17 de Diciembre en Fabara por la Asociación «Wirberto Delso» para conocer y debatir sobre los «Orígenes de la desigualdad ¿Puede el hombre erradicarla?».

Bajo dos ópticas —en principio— distintas, una del jesuita Joan Carrera i Carrera, médico y teólogo, y otra la de Juan Carlos Monedero, politólogo y profesor de Ciencias Políticas, paseamos por la historia de la religión y de la humanidad, supimos cómo la sociedad había creado y sustentado las desigualdades y qué medidas se habían tomado —o intentado tomar—para enfrentarse a ella.

Aunque el origen puede ser coincidente en ambos casos (la prevalencia de los privilegios de unos sobre los derechos de los otros), la manera de enfrentarse a la desigualdad es bien distinta. La religión o religiones, desde sus inicio, han basado la lucha contra la desigualdad en la solidaridad y la caridad humana e individual, apelando a la moral de cada uno,  trabajando más en paliar o reducir los efectos de la desigualdad que yendo a su raíz. 

Joan Carrera se remontó al hito que supuso para la humanidad el paso de ser nómadas a ser sedentarios, de ser cazadores a ser ganaderos, de ser recolectores a ser agricultores y productores, de no poseer nada a tener posesiones y tener que gestionarlas y administrarlas. Surgieron las primeras especializaciones y los primeros excedentes; la separación de trabajos y de clases dentro de una comunidad.  Aparecieron las primeras desigualdades.

La otra óptica, más social, expuesta por Monedero, nos reveló que es el individuo quien, a través de un sentimiento interior y personal, quiere descubrir el porqué de su situación y de la desigualdad que le toca vivir. Doler, saber, querer, poder y hacer. Solo el hecho de pensar en cambiar el orden establecido ya es en sí una revolución. Doler: qué es lo que nos duele, qué es lo que nos produce ese malestar que hace que nos replanteemos tantas cosas. Saber: reconocer las causas que lo generan y querer cambiarlas. Descubrir el poder que hay dentro de cada uno, individualmente o en «manada», como en los orígenes; y, finalmente, hacer: el enfrentamiento del ser humano ante aquello que le dolía para poner fin a la desigualdad.

Para ilustrarlo, desgranó una serie de ejemplos ilustrativos parábolas que nos relatan la desigualdad primitiva: la desigualdad de género; la mujer creada de la costilla del hombre; la mujer supeditada al hombre y culpable de todas las desgracias posteriores por ofrecer la manzana prohibida; o recordando la película de Espartaco dirigida por Stanley Kubrick, film cargado de simbolismo que nos relata la lucha de un esclavo (personaje encarnado por el actor judío de origen ruso Kirk Douglas) que se rebeló y organizó un levantamiento contra el imperio romano; en el que la muerte de un cautivo negro desencadena toda una insurrección, mientras en EE.UU otro negro —Malcolm X— agitaba conciencias. Película, en fin, que fue censurada cuando apareció en los títulos de crédito el nombre de su guionista, Dalton Trumbo, persona que aparecía en la «lista negra de Hollywood» durante los años de «la caza de brujas» anticomunista promovida por el senador republicano Joseph Raymond McCarthy.

Desde las respectivas visiones de un político y un teólogo, podemos conocer los orígenes de la desigualdad; desde la simbología, la historia, el arte, la religión o la política; pero solo desde la acción individual y colectiva podremos acabar con ella.Ω

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