Joaquín Galindo

Menos espectáculo y más democracia

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Los pasean como monigotes, del juzgado al despacho, del despacho a su casa, luego a la cárcel. Se trata de escenificar que el sistema funciona…, y, que no hace falta seguir hacia arriba, que ya tenemos al culpable. Lo vemos en el “Canal de Isabel II”, y lo vimos en el caso Palau, en los ERE´s, en el caso PLAZA (solo a nivel local), en la “Gurtel”, en el caso Roldán,… y no sigo, para no aburrir.

A continuación salen portavoces de algunos partidos, implicados en otros casos, denunciando lo corruptos que son los del otro partido. A mí, su afectación e impostura siempre me recuerdan aquella escena de “Casablanca” en la que el capitán Renault (Claude Rains) comienza a desalojar el Café de Rick (al nazi Strasser no le ha gustado que canten “La Marsellesa” y den vivas a la democracia) y Rick Blaine (Humphrey Bogart) le pide explicaciones. El gendarme exclama: “¡Qué escándalo, qué escándalo, aquí se juega!”. A continuación, un crupier le entrega un fajo de billetes y él le da las gracias, antes de repetir: “¡todo el mundo fuera!”.

La corrupción no es algo puntual, es una cadena de favores, pero “en negro”. Los intereses creados (lean a Don Jacinto Benavente) durante años y años (los tesoreros duran más que los secretarios generales) se han convertido en una maraña difícil de desenredar. Por la complejidad y por el pacto de silencio de los partidos “grandes” (que no “grandes partidos”) ya que el tamaño aumenta con tu capacidad para financiarte y con esto, como con el dopaje, el que no se corrompe no mama, perdón, gana.

Una vez que lo recaudado ilícitamente les permite ganar elecciones, se ponen las instituciones al servicio del partido con dos objetivos: financiarse (y, de paso, enriquecer a algunos de sus miembros) y colocar a los afiliados y afines (hay que pagar su apoyo y su silencio) como asesores, cargos de confianza, contratados a dedo, directores generales con derecho de pernada… Esto termina por ligar la corrupción a la incompetencia, que nos cuesta más dinero, todavía.

Hay quien prefiere pasear en autobús y esperar el rédito electoral para cambiar el modelo entero y traer algo peor. Pero, si aspiramos al buen gobierno pensando en el desarrollo económico y social que beneficie a toda la sociedad (no al partido) hay que trabajar en el parlamento, legislando nuevas formas de fiscalización, haciendo más transparente la financiación de los partidos, quitando aforamientos (como en Murcia), etc. Es lo que pretendemos. Si contamos con su apoyo, tal vez sea “el comienzo de una hermosa amistad”.

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