Cultura y educación

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El nivel cultural de los ciudadanos de una nación determina los límites hasta dónde puede progresar esa nación. Ahora que se están debatiendo los presupuestos del estado y cuando está acabando el curso escolar, quiero recordar el daño que pueden hacer los recortes en educación a nuestro progreso.  Parece mentira que todavía no hayamos conseguido el consenso para establecer las bases de una educación que se mantenga blindada. 

Siempre hemos dicho que la cultura está en los libros pero todos los dictadores y gobernantes se han dedicado a tergiversar la historia para crear rebaños con un único pensamiento, anulando todo cuestionamiento crítico, que es lo que caracteriza a una población con cultura y con expectativas de progreso.  Es intolerable que permitamos que haya regiones en las que los libros de historia mienten sobre ésta con el único propósito de crear un orgullo patriótico basado en mentiras que sólo provocan odio.

¿Qué tipo de educación cívica estamos dando a nuestros hijos? Jóvenes y adolescentes que no son capaces de tener respeto por la autoridad o por los mayores, que creen que sus derechos están por encima de los de los demás. Les estamos inculcando que pueden conseguirlo todo, cuando no es en absoluto cierto. Hemos anulado su capacidad de frustración, que es lo que lleva al ser humano a querer superarse.

Defendemos la igualdad entre el hombre y la mujer, lo mostramos en nuestra constitución y en nuestras leyes para que no quede ninguna duda.  Sin embargo, ¿por qué seguimos dejando que las religiones se salten la ley?  No se trata de controlar los dogmas religiosos, pero para que una religión tenga cabida en un país debería cumplir sus leyes. Nuestra sociedad lleva orgullosa a nuestras hijas a comulgar dentro de una religión en la que la mujer está visiblemente discriminada.  

Nunca se nos ocurriría introducirlas en organizaciones en las que no pudieran tener los mismos trabajos o responsabilidades que los hombres, o en las que por ser mujer tuvieran que ocultar sus cabellos o sus cuerpos por completo.

Queremos que crezca la natalidad para asegurar el futuro de nuestro país, pero nuestras empresas nos siguen preguntando en las entrevistas laborales si pensamos o queremos tener hijos.

Nuestras fuerzas del orden y ayuntamientos nombran a Vírgenes como Capitanas Generales o les dan la medalla de la ciudad, pero nunca a mujeres de verdad, luchadoras, responsables y que demuestren por méritos propios que lo merecen tanto o más que los hombres que sí las reciben o que las vírgenes de escayola.

Dejémonos de discursos con “nosotros y nosotras” y sentemos la base de una educación de calidad independiente de colores políticos o sentimientos religiosos. Apostemos por seres humanos educados, cultos y con decisiones propias respetando las de los demás.

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