Mis modestas reflexiones

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El verano de 2017 ha tenido un mes de agosto verdaderamente luctuoso y doloroso no sólo para los ciudadanos de las bonitas y acogedoras ciudades de Barcelona y Cambrils, sino también para toda la sociedad española que ha vivido un nuevo ejemplo de la sinrazón y la barbarie de los terroristas. Unos hechos injustificables que han causado, además de quince víctimas, un enorme rastro de dolor a ciudadanos de todo el mundo.

Durante todos estos días han corrido ríos de tinta, se ha ocupado cuantioso espacio en las radios y televisiones hablando del atentado, su preparación y el dispositivo policial para esclarecer los hechos; y también las redes sociales han ardido con el asunto, apoyando a las víctimas y denunciando a los terroristas. La solidaridad y humanidad de las gentes de bien han copado todo ello y, sin duda, ese hecho nos reconcilia con el ser humano.

Al menos eso me ha sucedido a mí. A un ser humano normal, residente en el medio rural de nuestro querido Bajo Aragón que no puede entender el odio acumulado de unas personas  que han sido partícipes como el que más de nuestro sistema de bienestar y de libertades. Que han recibido una educación de calidad en los centros escolares en este caso de Cataluña y que han sido formados en nuestros colegios con valores de igualdad, comprensión y respeto al diferente.

Me es imposible comprender la justificación religiosa, de hecho cualquier justificación, para perpetrar tales atentados y asesinatos. No me llega a alcanzar cómo los islamistas radicales están llevando a cabo un auténtico holocausto con inocentes por el único, exclusivo e infundado hecho de pensar y creer de manera diferente. De tener otras costumbres. De regirnos por otros códigos de conducta distintos a los suyos.

Éstas son mis modestas reflexiones sobre un hecho que jamás debería haberse producido y que ahonda en el sentimiento de incomprensión que embarga todo mi ser. Cuesta entender este mundo y esta sociedad en la que lamentablemente estos sucesos están a la orden del día, de la misma manera que no llego a comprender que aquellos que han sido partícipes del avance, progreso y desarrollo de nuestra sociedad, ahora que nuestro Estado del bienestar y libertades garantiza sus bondades a todos, independientemente de su situación y condición, sean capaces de materializar actos como los de Barcelona y Cambrils.

Espero y deseo que la comprensión y el respeto al diferente impere en nuestra sociedad, haciendo bueno el dicho que de bien nacido es ser agradecido. Mal futuro nos espera si estos valores no son asumidos por todos.

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