¿Por qué no vemos la diferencia entre referéndum e independencia?

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Apenas en unos días conoceremos el resultado de un referéndum que ha traído en jaque a todo el país durante meses. Este artículo se publicará pocas horas antes de que los catalanes acudan a las urnas a votar el 1 de octubre, o por lo menos lo intenten.

Para todos aquellos que residimos en Cataluña y más especialmente en Barcelona, las últimas semanas han sido intensas, estés involucrado en los acontecimientos políticos y sociales o no. La ciudad condal ha sido un polvorín que estalló en protestas y manifestaciones diarias hace quince días cuando la policía empezó a detener a miembros de la Generalitat acusándoles de diversos cargos relacionados con la organización del referéndum. El 1-O puede ser objeto de múltiples discusiones, sobre su legalidad, su necesidad, sus motivaciones ...  y de ahí en adelante. De lo que no cabe duda es de que tanto políticos como prensa han usado su poder mediático para manejar a las masas tanto  en un bando como el otro; y lo peor es que las masas se han dejado llevar por sus más bajos odios y rencores, en vez de reclamar a sus políticos más dialogo.

La cuestión que a mi me surge, unos días antes de conocer el resultado y tal como se desarrollan los acontecimientos, es ¿por qué parece que hay sólo dos bandos? Yo veo muchos más. Me molesta mucho ver como la manipulación ha llegado al límite que tanto dentro como fuera de Cataluña parece que referéndum e independentismo son lo mismo. ¿Es posible que seamos tan manipulables que hayamos obviado que no es lo mismo querer votar que votar por la independencia?

Ahora veamos el escenario real de la calle. En la comunidad autónoma, así como en el resto del país, hay dos grandes grupos: a los que les interesa el tema del referéndum y a los que no. No nos engañemos, hay de todo como en botica. Ahora, ello no implica que todo el mundo que quiera votar en un referéndum vaya a votar sí a la independencia, ni que no haya gente que no considere legitimo el 1-O pero que esté molesta porque no se haya llegado a un acuerdo para una votación pactada entre Cataluña y el gobierno central. Querer votar, no significa querer votar si. Parte de la población querría votar, tanto un si como un no, pero no lo hará hasta que la votación tenga las garantías legales del estado al que pertenecen, todavía. Si continuamos en el grupo de a los que les interesa el referéndum, y dejamos a un lado los que no van a votar porque no lo consideran legitimo al haber sido declarado ilegal, aún nos queda la posibilidad de que haya personas que si fuera legal votarían que no. Creo que ya encontramos aquí más de dos bandos, y eso que sólo he hablado de referéndum, no de independencia. Incluso dentro del concepto independencia, estar en contra no significa estar de acuerdo con el gobierno central, con la relación comunidad-estado, o simplemente ser “un facha”, palabra que ahora se utiliza muy a la ligera para hablar de las personas que no están de acuerdo con la separación del estado español.

La simplificación de las actuaciones de nuestros representantes intentando reducir al mínimo la altura política para “hacer sus actos más comprensibles” ha llevado a una simplificación nefasta de un problema social mucho más complejo que no se resume en: “independencia si o no”. Ω

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