El conflicto catalán, ¿atraviesa el ojo del huracán o los últimos coletazos de la tormenta?

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Después de la tempestad llega la calma, sería el símil perfecto para hablar de las últimas semanas del “procés”. Cataluña y en especial su capital, Barcelona, vuelven a una normalidad aparente. Hay menos manifestaciones, protestas espontaneas, o actos políticos que los últimos dos meses, pero algo esconde una paz no consensuada. Izquierdas y derechas renacen para volver a utilizar ambos términos como arma arrojadiza. 

Las decepciones en el colectivo independentistas se han sucedido en un torrente de malas noticias. Encarcelaciones, huidas de noche emulando a los exiliados de la Guerra Civil y el franquismo (lo que resulta algo irrespetuoso con los auténticos exiliados), el nulo reconocimiento de las autoridades internacionales,  por no hablar de la decepción generalizada con el hundimiento de la candidatura de la capital condal para ser sede de la Agencia Europea del Medicamento. Un hecho comprensible si tenemos en cuenta que se desplaza de Londres por su decisión  de separarse de Europa. Hubiera sido raro que se trasladara a otra ciudad que pugna por “desconectarse de algo”.

Probablemente la mejor receta para bajar el fervor “separatista” y “unionista”, que estaba alcanzando cotas peligrosas en la calle, haya sido la vuelta a una nueva campaña electoral. Muchos creemos que “la campaña” en ningún momento había finalizado y que se iban transformando sus expresiones dependiendo de lo que necesitaban los políticos que pugnaban por tener razón. No hay nada que aburra más a una España, que tiene muchas noticias llamando a la puerta para ser escándalos mayúsculos, que una campaña política repetitiva, llena de reproches y sin soluciones, con las mismas frases día tras día, y como siempre muchas promesas vacías en las que nadie cree, o sólo los más fanáticos. En eso, a pesar de que el gobierno central y el Govern se sientan tan diferentes son exactamente iguales. Finalmente las cosas que los diferencian puede que sean las costumbres y la cultura de los pueblos a los que “representan” pero comparten mañas, tretas y comportamientos para camelarse a un público al que luego ignoran cuatro años, en eso son iguales.

 

Cualquier comentario que hagas fuera del apoyo total al independentismo […] te convierte en un fascista, que apoya la violencia policial, el centralismo o “el fascismovsocial”; por otra parte si tu opinión es crítica con las actuaciones del gobierno […] eres un independentista, y si encima no eres catalán, simplemente un traidor al que han lavado el cerebro.

 

La población ha visto como mostraban su verdadera cara esas tretas, decisiones de “postureo”, y actos simbólicos en un final de película que parece inesperado por los giros de argumento, pero para mi es tremendamente previsible. Todos los personajes del elenco han querido camelarse al gran público que no es capaz de filtrar las noticias y se traga todo lo que ponen en los canales o periódicos más similares a su tendencia ideológica. Ahora todo el mundo se deshincha poco a poco y las banderas ondean porque nadie quiere ser el primer en descolgarla de su balcón. El resumen de este partido de tenis es una profunda división en la población dentro y fuera de Cataluña. Peleas y enfrentamientos que probablemente cambien el mapa navideño de muchas personas. Triste muy triste, ahora que ya han montado todos su circo para conseguir votos y tapar sus corruptelas dejan a la sociedad suelta para que los extremos se guiñen el ojo desde la barrera esperando otra mecha que vuelva a prender y haya enfrentamientos. Una frustración y un odio que nos tendremos que tragar como un chicle, sabiendo que al final nos acabará doliendo la tripa, más tarde o más temprano.

Izquierdas y derechas tras el “Procés”

En un país que debería haber  empezado a superar la idea decimonónica de gente de “izquierdas” y “derechas” el Procés ha conseguido relanzarla. Nos creíamos maduros democráticamente y hemos demostrado ser meros adolescentes que cuando se enfadan en vez de dialogar se encierran en su cuarto.  Ahora uno es como lo ve el que está enfrente. Si esa cara que te mira es independentista cualquier comentario que hagas fuera del apoyo total a la causa o criticando a sus lideres políticos y sus “extrañas” actuaciones y cambios de opinión te convierte en un fascista, que apoya la violencia policial, el centralismo o “el fascismo social”; por otra parte si tu opinión es crítica con las actuaciones del gobierno o su falta de tacto para crear, desarrollar y finiquitar un problema social como el catalán eres un independentista, y si encima no eres catalán, simplemente un traidor al que han lavado el cerebro.

Todavía nos queda el último asalto, unas elecciones autonómicas “históricas” (como cientos de acontecimientos de los últimos dos años). El principal lema dentro de las sedes políticas será “esta es la definitiva, os jugáis vuestro país”; pero nuestro país todavía no es nuestro porque no somos capaces de defender lo que en realidad importa: la igualdad entre nuestros ciudadanos, la lucha contra el machismo (que se extiende por primera vez en una década en vez de disminuir), o la transparencia en la gestión de los asuntos públicos. ¿Qué más me da vivir en un país o en otro si se me juzga por “llevar una vida normal” después de una agresión sexual?, ¿qué más da vivir en un país o en otro si el dinero público lo maneja la misma élite que se auto enriquece con la política?, o ¿qué más me da vivir en un país o en otro si la precariedad laboral hace que cada vez haya más trabajadores pobres?

Mientras seguimos así, esperando el próximo 21-D, los que vivimos en Cataluña avanzamos pacientemente hacia otro día histórico. Mientras tanto la tranquilidad de estos días no sabemos si nos indica que la tempestad ha pasado o simplemente es debida a que estábamos atravesando el ojo del huracán. Ω

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