2x1 Unas navidades a la catalana: resaca postelectoral y festiva

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Las últimas semanas han sido muy ajetreadas: Nochebuena, Navidad, el clásico, y como no las elecciones catalanas. Como muchos ya anunciábamos este año las cenas en familia podían generar mucha tensión y enfrentamientos, algunos “de buen rollo” y otros no tanto. La resaca postelectoral (que en su mayoría es una resaca mental) se ha juntado con la resaca real de navidades.

La rápida campaña del mes de diciembre se centró única y exclusivamente en el tema de la independencia, y aunque algunos partidos como En Comú Podem quisieron hablar de políticas sociales u otros temas fue imposible. El art.155 y la DUI habían enrocado tanto el conflicto que ya no había otra posibilidad para una campaña “expres” que simplificar temas y debatirse entre “constitu-cionalistas” e “independentistas”. Las encuestas, de las que hace tiempo que no nos fiamos, daban resultados dispares según los días, pero parecía, o por lo menos dentro de Cataluña esa era la opinión general, que Oriol Junqueras iba a superar a Carles Puigdemont y que el otro sector iba a repartirse los escaños con más o menos igualdad. La idea clave, los partidos reconocidamente de izquierdas (y no sólo por ser independentistas) iban a tomar la palabra en ambos bloques.

La Cataluña con una histórica clase trabajadora, muy sindicalizada y luchadora, que siempre había estado a la cabeza en cuanto a la defensa de los derechos de los trabajadores, y con Barcelona como adalid, murió con el 21-D. Los partidos de derechas (o centro según ellos) se hicieron con el poder. En el bloque “constitucionalistas” Ciudadanos no tuvo rival, arrasó y aunque fueron los ganadores quedaron en una posición que a priori parecía incómoda, la de que su bloque perdiera frente al independentismo. ¿Tan malo era ese resultado? Probablemente no, en primer lugar porque se erigieron como los únicos con poder para defender la unión con España, dejando a PSC, ECP, o PP como actores secundarios o casi figurantes. En segundo lugar, no alcanzaron el poder precisamente por el fracaso de estos “nuevos secundarios” pero tampoco tienen que ejercerlo en una sociedad muy polarizada y con posiciones casi irreconciliables, que en los próximos años va a tener muchos problemas en la convivencia y en el gobierno. Punto, set y partido para Arrimadas, que se alzará como la Juana de Arco que  lidere a unos y se enfrente a los otros.

En el otro bloque, Puigdemont también superó a Junqueras, a pesar de marcharse con nocturnidad del país y a pesar de que su vicepresidente permaneció en España para asumir las consecuencias legales de sus actos, defendiendo hasta el final lo que él considera una lucha justa.  El president después de haber tensado la cuerda social en su tierra, esa que tanto ama y que estas navidades puede que haya tenido su primera visión a nivel particular de cuan enfrentados están sus ciudadanos, se alzó victorioso por poco, pero lo suficiente como para reclamar ser reelegido.

Ahora, y hasta la hora en que el Parlament constituya la cámara y se vote la presidencia, quedan muchos enfrentamientos dialécticos por el mismo tema, la independencia. Después veremos que Junts per Catalunya y Ciudadanos van a discrepar por este tema, pero como partidos con un ideario de derechas, probablemente se pongan de acuerdo en muchos otros, y sin contar con ERC, el único de izquierdas que podría haberles obligado a desarrollar políticas sociales. Aunque ¿quién sabe? Los nacionalismos nunca han sido de izquierdas, ¿o si?

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