Palestina resiste. La inacción es un arma de destrucción masiva

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De nuevo, sobre el viejo conflicto árabe-israelí, nuevas aberrantes noticias llegan desde Washington, nuevas noticias pero antiguo conflicto, que requiere, para empezar  una contextualización geopolítica para poder entenderlo.

El continente africano, en su orientación más mediterránea soporta desde hace lustros diferentes conflictos que se han ido prolongando incluso después de la llamada primavera árabe, a saber,  la guerra en Siria y el consiguiente drama migratorio, la guerra y el caos posterior en Irak, en conflicto armado del Yemen, Túnez, de dónde apenas llegan noticias ya y aunque allí se lucha para conseguir una transición democrática pacífica, sólo resulta noticiable cuando se producen atentados de carácter terrorista.

Después de más de medio siglo de ocupación continua de Israel en el territorio palestino, seguimos contemplando una Europa incapaz de mirar con respeto hacia el otro lado del Mediterráneo, incapaz de trabajar para resolver el conflicto que supone el nudo gordiano de todo lo que ha pasado y está pasando en esa zona del planeta, tan vecina a la nuestra.

En este contexto, ocurre la enésima agresión a los derechos del pueblo palestino, más dura, más oscura si cabe que las anteriores, pues proviene directamente de la presidencia de los Estados Unidos de América, que por lo visto sigue “oliendo a azufre”.

El presidente Trump, en una clarísima política provocadora para el mundo árabe, rechaza la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que condenaba los asentamientos judíos en territorio palestino y decide trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén, lo que provocará, según palabras del profesor experto en relaciones euro-mediterráneas Bichara Khader “no solo un odio entre los palestinos, sino en todo el mundo árabe, un odio a EEUU muy peligroso para el futuro. El único que sale reforzado de las políticas de Trump es Netanyahu”.

Está claro que Trump no está encontrando a nadie enfrente. Europa está en otras cosas: eligiendo gobiernos ultraderechistas, intentando generar nuevas fronteras, desmembrándose como Unión Europea o construyendo muros y colocando concertinas. En este momento de la historia, Islam es sinónimo de terrorismo, que a su vez es equivalente a mundo árabe, lo que consigue un doble efecto; por un lado, esta visión simplista del conflicto proporciona un caldo de cultivo muy oportuno para el resurgir de los grupos políticos y sociales islamófobos y xenófobos en Europa y por otro lado provoca el inmovilismo de las instancias políticas e institucionales y lo que es peor, la apatía de la población civil europea que ya no percibe como injustos los ataques contra los derechos palestinos y le resulta  muy lejano todo lo que sucede en aquella orilla del Mar Nuestro, convertido ahora en enorme cementerio. Ya no estamos dispuestos a desafiar gobiernos gritando hasta desgañitarnos aquel NO A LA GUERRA! Su guerra ya no es la nuestra, aunque cientos de miles de refugiados pierdan sus esperanzas de supervivencia atrapados tras unas vallas que se han levantado con la connivencia de casi todos.

Así las cosas, sólo podemos esperar que la situación empeore, si es que cabe este escalón en la gradación del “todo mundo peor es posible”.

Dice Sami Naïr, que “Europa no puede ser sólo un mercado sin corazón” y es que ha llegado el momento de abrir un gran debate que incluya propuestas urgentes para el conflicto más importante del mundo árabe. La solución no creo que pase por intentar igualar los derechos de israelíes y palestinos, sino por reparar el daño causado, devolver las fronteras a las establecidas por la resolución de la ONU, aunque eso suponga convertir a esta vieja Europa en la “resis-tencia” ante la política imperialista y hegemónica de los EUA. Al final, nada nuevo bajo el sol. Trump puede ser más rubio y exuberante, más glamuroso o más patético que muchos de sus antecesores, pero no plantea problemas que no hayan puesto ya en el candelero otros “folclóricos” de su calibre, como el ex presidente Bush (hijo) con su estrategia de dominación  global. Éstas y aquellas acciones de gobierno siguen suponiendo un grave riesgo para la ya escasa estabilidad y seguridad mundial, con consecuencias, como siempre, catastróficas.

Tayyip Erdogan, advirtió que el reconocimiento de la capitalidad de Jerusalén por parte de los EEUU era una “línea roja” para los musulmanes y afirmó que si esto ocurría su respuesta “podía llegar incluso hasta la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel”…

Como dijo Noam Chomsky “Trump puso el reloj del Juicio Final cerca de la media noche” y yo me pregunto, ¿seremos capaces de empujar sus manecillas en sentido contrario?

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