Fútbol, política y mundiales

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Los últimos mundiales de Rusia nos aportan cifras mareantes. 3.400 millones de espectadores en todo el mundo. 1250 millones de dólares en derechos de televisión que han comprado 3 grandes empresas y que a su vez han revendido hasta el último rincón del planeta. Ingentes ingresos a través del patrocinio de las grandes marcas de ropa y material deportivo o de la clásica bebida. Un grandioso negocio que poco o nada tiene que ver con el fútbol y el deporte para más gloria de la FIFA.

Una vez más asistimos a un gran negocio para unos pocos a costa del erario público –en este caso del ruso-. Los gastos del mundial han sido 11.800 millones de dólares, con un posible desfase de 600 millones más, que se han sufragado principalmente a través de los presupuestos públicos de Rusia. Para justificar esta fórmula del ‘toco-mocho’ se nos venden intangibles como la repercusión internacional, la aparición en los medios, los beneficios en el turismo, etc. Nada que no nos hayan contado en olimpiadas, expos, mundiales de otros deportes, y/o circuitos de velocidad, resumiendo la zanahoria que distrae al asno para hacerlo andar.

El mundial de Rusia como mordaza

El mismo día en que se inició el mundial, y tras todos los gastos generados, el gobierno de Vladimir Putin anunció al aumento de la edad de jubilación de 55 a 63 años para las mujeres, y de 60 a 65 para los hombres. Aduciendo que esas conquistas de la clase obrera rusa venían desde el estalinismo y que no eran sostenibles bajo el capitalismo. Acompañado de una ley “democrática” que impedía movilizaciones en las ciudades donde se celebraba el mundial, convertían la fecha para el anuncio en la idónea. No es nueva la utilización política del fútbol, y su máxima competición internacional.

Fascismo y fútbol

Los mundiales de fútbol han sido utilizados políticamente por todo tipo de gobiernos. La Italia fascista de Benito Mussolini ganó los mundiales del 34 y 38 después de fichar y nacionalizar a jugadores argentinos y brasileños. Además en ambos mundiales los arbitrajes fueron escandalosamente favorables para la escuadra transalpina.

Por su parte la Alemania nazi tras anexionarse Austria -semifinalista en 1934 y gran potencia mundial- contó con 8 jugadores austriacos, aunque su estrella Matias Sindelar se negó a jugar aduciendo problemas de lesiones. Eso y una victoria de Austria contra Alemania -partido de exhibición tras la anexión- en el que Sindelar tras anotar un gol, celebró con un baile ante el palco de autoridades nazis le acabó costando la vida, junto a la de su pareja, el 22 de enero de 1939 aparecieron muertos en su apartamento.

 

El Real Madrid y Franco: una relación simbiótica.

El franquismo utilizó los triunfos deportivos del Real Madrid en beneficio propio, convirtiendo a éste en equipo del régimen, igual que el Schalke 04 lo fue de la Alemania nazi.

 

La connivencia del fascismo y las dictaduras con la FIFA y las respectivas federaciones nacionales ha sido una constante a lo largo de la historia. De hecho el mundial de 1942 iba a celebrarse con toda probabilidad en la Alemania nazi -la guerra lo impidió-. A pesar de que a Hitler no le gustaba el fútbol, ni el deporte en general, vio la utilidad de este tipo de eventos para fomentar su régimen. De hecho el Comité Olímpico Internacional ya había dado cobertura al nazismo en las olimpiadas de 1936, en las que independientemente de la historia oficial de teórica derrota de los nazis ante Jesse Owens la realidad fue muy distinta. La Alemania nazi resulto victoriosa al ser la primera en el medallero, con más de un 25% de las medallas de oro en las distintas competiciones.   Además de toda la propaganda relacionada con los juegos, sin ir más lejos en la ceremonia de clausura el barón de Coubertin hizo llegar una nota en la que afirmaba lo siguiente “que el pueblo alemán y su Jefe reciban la gratitud merecida por lo que acaban de realizar!”. Hoy se le sigue rindiendo homenaje al barón por crear el movimiento olímpico internacional.

La España franquista de 1964, a la que la UEFA -Unión Europea de Fútbol Asociación- le concedió la celebración de la fase final de la segunda edición del torneo (poco o nada les importó el reforzamiento del régimen fascista que suponía este hecho). El apoteosis definitivo fue la victoria por 2-1 ante la URSS comunista, con al famoso gol de Marcelino, que aún hoy sigue mostrándose como una gesta épica política y del deporte español.

Merece la pena recordar la utilización del franquismo de los triunfos deportivos en general, y del Real Madrid en particular, convertido en equipo del régimen, igual que el Schalke 04 lo fue de la Alemania nazi.

Para la mayoría de periodistas y críticos deportivos, la mejor selección de la historia del fútbol fue la de Brasil, en México del 70. Cabe recordar que México ya había celebrado las olimpiadas de 1968, que se iniciaron diez días después de la matanza de entre 200 y 1500 estudiantes -difieren mucho las distintas fuentes- de estudiantes en Tlatelolco. Eso no fue impedimento para la celebración de las olimpiadas, ni del mundial del 70, en el que Brasil tapo con su victoria a base de goles y buen juego, los miles de muertos, desaparecidos y torturados de la dictadura brasileña. Es curioso observar distintas declaraciones de Pele -mejor jugador de la historia para muchos- en las que afirma no haberse enterado de nada en cuanto a torturas y asesinatos en su país, mientras que en otras afirma haberse pensado no participar en el mundial ante ese conocimiento.

 

El dictador Videla entregando la copa del mundo de 1978 a Argentina.

 

Videla torturó y asesinó a los disidentes del régimen argentino en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), a pocos metros del estadio donde Argentina jugaba sus partidos en los mundiales del 78.

 

 

Tampoco la FIFA dejo de celebrar el mundial del 78 en la Argentina de Videla que dos años antes se había hecho con el poder con la colaboración de la CIA como parte de la denominada “operación cóndor”. Antes, durante, y después del mundial aniquiló y torturó a toda una generación de jóvenes argentinos. Las violaciones a detenidas, los vuelos de la muerte, el robo de niños y, las torturas más abyectas que se puedan imaginar fueron tapadas por la victoria Argentina de su mundial. Es difícil entender lo que vivieron los torturados en Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), a pocos metros del estadio donde jugaba sus partidos la selección Argentina, algunos de ellos en medio del sufrimiento por las torturas a las que estaban siendo sometidos, celebraban los goles de su selección a pesar de ser conscientes de que el triunfo de Argentina fortalecía políticamente a sus torturadores.

Mención aparte merece el máximo dirigente de la FIFA por aquel entonces Joao Havelange con declaraciones explícitas de apoyo al dictador “Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina” o “Argentina está ahora más apta que nunca para ser la sede del torneo”. Sobran los comentarios, además siempre ha habido sospechas sobre un resultado tan ilógico como excepcional de un 6-0 de Argentina a Perú que permitió a la primera jugar la final del mundial -necesitaba ganar por 4 goles de diferencia-. En las filtraciones del caso Wikileaks, se afirma lo que era un secreto a voces, que las dictaduras argentina y peruana llegaron a un acuerdo para facilitar la victoria de la selección argentina.

También podemos afirmar que el mundial de Naranjito el del 82, supuso un espaldarazo a la “transición” y la monarquía corrupta ya entonces, en nuestro país. A pesar de que el resultado deportivo para España no fue bueno, y la organización un desastre, nos situaba en el escaparate internacional que suponía un mundial.

Otros usos políticos

El segundo mundial azteca, México 86, trajo consigo la consagración de una estrella futbolística, Maradona. Con una victoria anti-imperialista, ante Inglaterra, en el terreno de juego, tras haber perdido cuatro años antes la guerra de Las Malvinas con 652 argentinos muertos, por 122 británicos. Fue una victoria por dos a cero, con dos goles históricos de Maradona, uno con la mano engañando al árbitro -la mano de dios-, y otro el considerado por muchos como el mejor gol de la historia del fútbol, en el que partiendo de su propio campo regatea a 4 rivales y al portero británico para acabar su jugada en gol.

Al margen de la victoria final para la Argentina de Maradona, el mundial fue un ejemplo de manipulación. Por ejemplo al tratar de impedir las imágenes de Sócrates capitán de Brasil -ideológicamente de izquierdas- en las que reivindicaba cuestiones básicas con mensajes como “México sigue en pie” “Justicia ya”, “No al terror” o “No a la violencia”. Tras esa experiencia la FIFA prohibió la exhibición de cualquier mensaje político en el terreno de juego, ya que no es controlable la ideología de los jugadores. Cabe recordar que en uno de los goles del 5-1 de España a Dinamarca en octavos de final de ese mundial -uno de los mejores partidos de la historia de la selección española-, en el telediario de la noche y, mientras se recreaba un gol de Butragueño apareció brevemente -propaganda subliminal- en la parte inferior de la pantalla las siglas PSOE.

Podríamos citar también ejemplos de posiciones de izquierdas en el fútbol, además de la de Sócrates, o del apoyo de Maradona a Castro o Chávez. Cabe recordar a Butragueño y Michel apoyando la huelga general del 14-D, o Guus Hiddink que siendo entrenador del Valencia ordenó la retirada de una pancarta con la esvástica nazi o se negaba a jugar. Un claro ejemplo de cómo funcionan los organismos internacionales respecto a la política, es el sucedido en Liverpool cuando Robbie Fowler delantero centro del equipo que da nombre a la ciudad, celebró un gol levantándose la camiseta, apareciendo otra en la que se solidarizaba con los 500 estibadores despedidos y con la huelga de solidaridad para impedir esos despidos. La UEFA sancionó inmediatamente a Fowler con 2000 francos suizos, y la amenaza de suspenderlo a perpetuidad si volvía a expresarse políticamente.

 

Vladimir Putin, presidente de Rusia, junto a cargos de la FIFA 

La FIFA no permite la libertad de expresión política de sus jugadores, pero sus directivos apoyan a Putin públicamente en la organización del mundial pero sin hacer mención a la represión que sufren quienes se oponen a Putin, se diferencian de su política, o no siguen las pautas sexuales que determinan la iglesia ortodoxa y el estado ruso capitalista.

 

 

Finalmente la FIFA no permite la libertad de expresión política de sus jugadores, pero sus directivos apoyan a Putin públicamente con declaraciones como las de Infantino -presidente de la FIFA- en las que reconocía que toda la organización del mundial había sido modélica, y que era el mejor mundial de la historia, sin hacer mención a la represión que sufren quienes se oponen a Putin, se diferencian de su política, o no siguen las pautas sexuales que determinan la iglesia ortodoxa y el estado ruso capitalista.

Por si esto fuera poco siguen con el proyecto de celebración del mundial de 2022 en Qatar, una monarquía islámica, sin derechos democráticos y en la que los trabajadores extranjeros lo hacen en régimen de semi-esclavitud. Poco importa tener que disputarlo en noviembre, trastocando las distintas ligas nacionales y competiciones internacionales, y poco importan los escándalos de corrupción asociados a la designación de esta dictadura para la celebración del evento, y que hicieron caer a la anterior cúpula de la FIFA enfangada en corruptelas de todo tipo. El dinero se impone al deporte.

El deporte de la clase obrera

No es de extrañar que se intente manipular el fútbol, este deporte tiene una ventaja sobre muchos otros algo que lo convierte en un referente imbatible, la economía de su práctica, lo que permite ser “jugado” desde muy temprana edad con lo que se va adquiriendo los conocimientos relacionados con el balompié. A diferencia de la inmensa mayoría de deportes, en éste no hacen falta grandes recursos para su celebración. No es necesario jugarlo a cubierto en un pabellón, ni tan siquiera hace falta un terreno de juego con superficie lisa para su práctica, eso permite que niños de todo el mundo lo puedan practicar en cualquier superficie abierta, ya sea en las favelas brasileñas, en la sabana africana, en una pradera, en un terreno desértico, en una playa, incluso con determinados desniveles. Pelé y millones de niños aprendieron a jugar con una pelota de trapo, y miles de niños lo practican descalzos. Esa es la fortaleza del fútbol, además de unas normas muy básicas y flexibles, en cuanto a las dimensiones del terreno de juego que le permiten adaptarlo al número de jugadores que de forma aficionada estén dispuestos a practicarlo.

Desde sus orígenes, los trabajadores británicos lo practicaban en su tiempo de ocio, extendiéndose su práctica de la mano de las empresas inglesas que se extendían por el mundo. No es de extrañar, pues, que por ejemplo en España el equipo decano del fútbol es el Recreativo de Huelva, debido a que las minas de Rio Tinto eran explotadas por una empresa inglesa.

La economía para su práctica lo convierte en un deporte inter-clasista, ya que no exige ninguna gran inversión, lo que permite que muchos jugadores surjan de la pobreza más extrema, y por tanto se conviertan en un referente y una ilusión para muchos otros en situación de pobreza. Obviamente el sistema social se hace con el control del fútbol en sus organismos nacionales e internacionales, llevando consigo la desigualdad y la corrupción -legal e ilegal- a múltiples esferas del deporte.

Además la afición juega un papel en el fútbol, puede expresarse abiertamente, animar, abuchear, incluso insultar. Un individuo, como parte de un colectivo, sabe que sin estar en el terreno de juego puede influir en el resultado de un partido, dando ánimo de su equipo, o presionando a rivales o árbitros. Un partido también representa en cierta forma una batalla sin armas, como dijo el genio Eduardo Galeano “En el fútbol, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación”.

Es obvio que el fútbol pertenece a nuestra historia, es parte de nuestra cultura, de nuestro día a día, de quienes disfrutamos de él, o de aquellos que lo sufren. Contiene en sí mismo elementos muy positivos asociados a la práctica deportiva, y otros tantos, muy negativos vinculados al negocio en que se convierte en muchos ámbitos. Como otras cuestiones de la vida, el fútbol contiene las dos caras de la misma moneda, igual que hay miles de personas en pequeños clubs de fútbol de barrio entregando su tiempo a cambio de la satisfacción de ver jugar a unos “pibes”, vemos a quienes nada mueven en el fútbol si no es a cambio de su propio enriquecimiento. No culpemos al deporte, es el sistema económico quien lo pervierte.

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