¿Iguales ante la ley?

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Los acontecimientos a los que lamentablemente nos estamos acostumbrando en la vecina Cataluña no hacen sino alarmarme y también enfadarme. Ya hace mucho tiempo que se cruzó la línea roja de la sinrazón y el ridículo, y cada día parece que los mal llamados líderes de este bochorno no hacen sino superarse. Y mira que lo ponen complicado.

Comenzaron unos exiliándose para no responder ante la Justicia por la gravedad de sus actos, aunque más bien parecen unas vacaciones con todo lujo de detalles y atenciones. Tras muchos avatares, ahora es el turno de unas huelgas de hambre hiperprotéicas a base de batidos, de la violencia extrema de los CDR ante la pasividad de los Mossos o la de aludir a la vía eslovena para definir cómo quieren que siga desarrollándose este proceso.

En el prisma aragonés, también han sido los días en los que se ha celebrado el primer aniversario de la vuelta de las 44 piezas de arte del Monasterio de Villanueva de Sijena. Las mismas que el Gobierno catalán se negaba a devolver pero que, gracias a la unidad y a la Justicia, pudieron ser entregadas a sus legítimos propietarios, a pesar de las declaraciones de Quim Torra aludiendo a que “la lucha contra el expolio del arte es también una lucha de libertad”.

Unas palabras que no son más que la evidencia más palpable del victimismo barato del que hacen gala y con el que pretenden tener un tratamiento ante la Justicia diferente al del resto de los españoles. Sin duda, una utopía que atenta contra uno de los principios básicos de cualquier estado de derecho y, por tanto, de cualquier democracia: la igualdad de todos ante la ley.

Acabamos de celebrar el cuarenta aniversario de la aprobación, por parte del pueblo español, de la Constitución española. Esa norma básica que rige toda nuestra democracia, que pone las reglas del juego y que también recoge un amplio reconocimiento de derechos que la ponen a la vanguardia mundial. Frente aquellos que pretenden poner en duda la verdadera concepción democrática del sistema político instaurado en 1978, solo les haría falta leer con detenimiento nuestra Carta Magna. Sí, la misma que dice en el artículo 14 que todos somos iguales ante la ley.

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