Combatir la violencia en las aulas

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ciberbullying en las aulas Amor Pascual

Amor Pascual | Psicóloga

Analizamos el nuevo reto que supone para la educación, el acoso escolar a través de las redes sociales que proporcionan las nuevas tecnologías.

La violencia en las aulas es uno de los temas que más preocupa a muchos padres en los últimos años. Los medios de comunicación muestran algunos casos de adolescentes desesperados que no pueden soportar el acoso y menosprecio al que se ven sometidos por sus compañeros y acaban con sus vidas.  Angustia ver cómo, ante estas muertes injustas e impredecibles, nadie quiere sentirse culpable, se mira para otro lado, se oculta que en el fondo muchos lo intuían. La sociedad debe ser sensible a este dolor, e intentar comprender cómo se puede llegar tan lejos. Mientras tanto, tenemos que  seguir buscando una respuesta, una solución.

El bullying, o agresión entre iguales, ha dejado paso a una nueva versión mucho más sofisticada e invisible: el ciberbullying, que utiliza las nuevas tecnologías para manifestar el acoso a través del chantaje, vejaciones e insultos, con el uso y difusión de información lesiva o difamatoria a través del correo electrónico, mensajería instantánea o de texto, redes sociales, publicación de vídeos y fotografías, etc.

El tiempo de las bromas, las burlas y los puñetazos en el patio del colegio ha pasado. El ciberbullying permite un mayor anonimato del agresor, escondido tras su móvil u ordenador, sin dar la cara, y sin necesidad de enfrentarse directamente a su víctima. Además, puede ser contemplado por un indeterminado número de personas, aunque no conozcan al agredido, y quedarse instalado durante mucho tiempo en webs, blogs y otras plataformas.

Resulta difícil imaginar que estos muchachos educados e inteligentes sean capaces de amargar la vida a sus compañeros hasta extremos insoportables. Y difícil entender que los adultos, padres y profesores, no seamos capaces de detectarlo a tiempo y evitarlo, en demasiadas ocasiones.

Los padres a menudo andamos perdidos ante los requerimientos, cada vez más exigentes y desbordantes, de la sociedad. Resulta difícil no ceder al ritmo trepidante de las nuevas tecnologías en el que muchos se han quedado ya más atrás que sus hijos. No hay que desesperar, pero sí tomar algunas precauciones.

El ordenador y otros productos tecnológicos sería mejor tenerlos en espacios comunes y compartirlos, o al menos, que no favorezcan el aislamiento, respetando el derecho a la intimidad pero con un discreto control. Sería bueno marcar unas normas claras de uso, fijar un tiempo máximo frente a la pantalla, favorecer otras alternativas de ocio y tiempo libre...

El uso del móvil también es fuente habitual de conflictos entre los adolescentes. Todos tienen, todos lo utilizan. Quedarse aislados supone un grave problema en esta etapa vital. Dejárselos libremente también.  Malentendidos y malas interpretaciones de los mensajes de texto y whatssap, son motivo de peleas y disgustos diarios en los grupos de escolares. (Y de los no escolares. También entre adultos se está convirtiendo en un problema habitual: ¿quién no participa en algún grupo donde alguien se ha enfadado por un comentario a priori inocente, se ha salido del grupo o ha roto con amigos?) Los padres no deberían temer controlar el móvil a sus hijos en edades preadolescentes, para detectar cualquier desagradable sorpresa cuanto antes, respecto a nuestro propio hijo o sobre los demás. Nunca relativizar la violencia o el desprecio; nunca permitir que el nuestro acose a nadie, pero tampoco que sea cómplice del silencio o la risa del grupo.

También en las escuelas hay mucho trabajo por hacer. Debemos estar sensibilizados con el problema, y no olvidar que mañana puede suceder en nuestro centro. Hay que vigilar los espacios comunes, estar al tanto de los rumores, la relación "visible" entre los chavales. Sabemos que una gran parte de los conflictos entre escolares se dan fuera del centro escolar, donde los profesores no pueden actuar. Pero hay que estar muy atentos a cualquier dato que nos pudiera hacer sospechar.  Y sobretodo, ir implementando programas específicos de Prevención del acoso escolar.

Vivimos en un mundo tecnológico nuevo y cambiante, al que tenemos que adaptarnos aprovechando todo su potencial y posibilidades. Los niños y adolescentes, "nativos digitales", manejan y acceden a ella muy fácilmente, mejor y más rápido que muchos adultos. Por eso, es fundamental ofrecer una amplia y clara información sobre los aspectos positivos y negativos de las redes sociales, de los riesgos asumidos al participar en ellas, y sobre todo, de los posibles abusos que pueden sufrir.

Familias, centros educativos y sociedad en general deberíamos trabajar coordinadamente para prevenir la violencia, promoviendo valores éticos y respeto.  Pero además, es fundamental enseñar a los chicos a relacionarse adecuadamente entre ellos, a ser asertivos, a defender sus derechos. Fortalecer su autoestima y su capacidad de comunicarse eficientemente.

Hay que actuar desde varios frentes: sobre los que ejercen directamente el acoso; los que no acosan pero están cerca mirando; los que lo saben y no hacen nada; y los que sufren por las víctimas pero no se atreven a intervenir.  Todos formamos parte del problema, y todos somos responsables.

Sólo así conseguiremos frenar un daño que puede convertirse en una gran amenaza para nuestros jóvenes. Ω

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