Teresa Thomson: «La torre gótica fue testigo de acontecimientos tan importantes como la Concordia de Alcañiz y varias sesiones de las Cortes de Aragón»

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Entre un montón de papeles, libros de historia y archivos antiguos nos recibe Teresa Thomson (Alcañiz 1961), vinculada al Archivo Municipal de Alcañiz desde 1985. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Zaragoza, en la especialidad de Historia del Arte.

Especialista universitaria en Archivística. Ha realizado varias publicaciones relacionadas con el arte en el ámbito territorial del Bajo Aragón Histórico como ’Las artes en el Bajo Aragón en la primera mitad del siglo XVIII’, ’Las artes en el Bajo Aragón en la segunda mitad del siglo XVIII’, ’La iglesia de Santa María la Mayor de Alcañiz’ y ’La iglesia de Santa María la Mayor de Caspe’; además de otras colaboraciones en publicaciones relacionadas con el Bajo Aragón y el Matarraña. Impulsa desde hace una década el CAMCBA, Catálogo Artístico, Monumental y Cultural del Bajo Aragón (http://www.fqll.es/catalogos.php). Destaca en su personalidad un trato afable, educado y apasionado por su trabajo en los descubrimientos históricos que ha proporcionado la restauración de la torre gótica. Pero la conversación no acaba en la torre, también hablamos de la Plaza y la Lonja gótica, aunque eso lo analizaremos en otro momento.


 

La torre de la antigua iglesia gótica de Alcañiz, tras las últimas revelaciones extraídas en la reciente restauración colocan a este edificio, y por consiguiente a Alcañiz, como un enclave de primera magnitud dentro de la Corona de Aragón. ¿Cómo podrías explicarnos lo que representó esta torre y Alcañiz durante los siglos XIV y XV?

Esta torre se reconoce como una de las de mayor monumentalidad de la antigua Corona de Aragón. Si ahora nos sorprenden sus dimensiones, hagamos una reconstrucción ideal del monumento: si añadimos la altura del chapitel cuya existencia tenemos documentada y le aplicamos las medidas que nos proporciona Pedro Juan Zapater en su Tesorera, ¡el resultado es una obra grandiosa! A ello, además debemos sumar el entorno inicial en el que estuvo enclavada, en el que todavía sobresaldría más, al no convivir con elementos tan potentes como el propio templo barroco con su enorme fachada principal flanqueada por esbeltas torres y otros edificios como el gran palacio consistorial y la amplia plaza Mayor. El gran protagonismo que esta torre campanario tuvo durante centurias en la propia imagen de la ciudad explica su propia supervivencia, pues ni tan siquiera el ‘ciclón renovador’ del siglo XVIII —que se llevó por delante el templo gótico original de Santa María, con el ánimo de modernidad y con el deseo de contar con un edificio de mayores dimensiones— se atrevió a demolerla.

La admirable grandeza de esta torre es el reflejo del progresivo grado de prosperidad de Alcañiz a lo largo de la Baja Edad Media y la importancia que fue adquiriendo respecto a otras ciudades aragonesas. De ahí que se eligiera como sede de cortes y parlamentos a lo largo de los siglos XIV y XV.

 

La torre gótica se reconoce como una de las de mayor monumentalidad de la antigua Corona de Aragón.

La admirable grandeza de esta torre es el reflejo del progresivo grado de prosperidad de Alcañiz a lo largo de la Baja Edad Media y la importancia que fue adquiriendo respecto a otras ciudades aragonesas. De ahí que se eligiera como sede de cortes y parlamentos a lo largo de los siglos XIV y XV.

 

Siempre hemos oído hablar que la magnitud y majestuosidad de esta torre sirvió en su momento para rivalizar desde el Concejo de Alcañiz con el poder militar del Castillo de los Calatravos. ¿Se ha podido profundizar en esta cuestión con los hallazgos encontrados en la restauración?

La construcción de esta torre — a mediados del siglo XIV y principios del XV— se enmarca en un contexto histórico caracterizado por el incremento progresivo del poder municipal frente al señorial. En el caso de Alcañiz, son evidentes y están documentadas las fricciones entre la entonces villa con la orden de Calatrava. Por ello es lógico pensar que un edificio de la monumentalidad de esta torre y cuya función trascendía a la meramente religiosa —pues además, dado su carácter de campanario, marcaba el ritmo del día a día de los ciudadanos—, pasase a tener un valor identitario para la propia población y se convirtiese en símbolo de la ciudad y por tanto del Concejo.

En cuanto a la implicación del Concejo en su construcción, es evidente que tuvo un considerable protagonismo, como así lo demuestran los elementos heráldicos que en ella aparecen y como cabe deducir del entorno socio-político en el que se lleva a cabo. La posible identificación de un escudo de la planta baja podría reflejar la participación del Concejo en la primera fase constructiva, lo que es ya evidente en la segunda, al constatarse la presencia de la caña alcañizana en uno de los escudos de las ménsulas de la primera planta. En cuanto al momento histórico, es bien conocido el episodio violento acaecido en 1321 entre los ciudadanos de Alcañiz y la orden de Calatrava, cuando las milicias alcañizanas sitiaron el castillo a instancia de Jaime II, tras el asesinato de un juez real y la negativa de los calatravos a dar explicaciones de lo sucedido. Pocos años más tarde, en concreto el 22 de marzo de 1337, la asamblea de ciudadanos ilustres del Concejo obtuvo el instrumento de tributación por el cual la orden de Calatrava cedió parte de sus derechos a la Villa. Por lo tanto, a partir de esta fecha la villa ya contó con más medios económicos para emprender empresas como la construcción del gran campanario de Santa María. De todo ello se deduce que el Concejo sí que pudo estar directamente implicado en el impulso para la construcción de esta torre. Sin embargo, en el estado actual de los estudios y a falta de documentación precisa, no puede definirse con exactitud en qué consistió esta participación. No se puede confirmar quién fue su patrocinador, si bien todo parece indicar que –igual que ocurrió en la construcción de otros monumentos de esta envergadura- estamos ante una obra ‘coral’, resultado del la suma de intereses, voluntades y fuentes de recursos diversos, procedentes del arzobispado de Zaragoza, el cabildo de Santa María, la casa real, el propio Concejo, el patriciado alcañizano compuesto por mercaderes, terratenientes, rentistas y hombres de leyes…

Dentro de la restauración realizada, ¿qué aspectos más relevantes y curiosos se han descubierto?

Durante el periodo de tiempo en que se han realizado los trabajos de restauración se han producido varios hallazgos de interés, se han revisado fuentes documentales y bibliográficas, y se ha llevado a cabo un estudio detenido de la obra desde diversos ámbitos, teniendo especial importancia el análisis y valoración de sus motivos escultórico por parte del doctor Samuel García Lasheras, especialista en escultura gótica aragonesa, y de los elementos heráldicos por parte del doctor Alberto Montaner Frutos. Gracias a todo ello se ha conseguido fijar con más exactitud su datación, retrasándose considerablemente y estableciéndose dos momentos constructivos fundamentales: el inicial, en la década de los años cuarenta del siglo XIV, vinculado a la figura del arzobispo don Pedro López de Luna; y una segunda fase llevada a cabo en las primeras décadas del siglo XV, coetánea a la ejecución de otros edificios tan notables en la población como el Hospital de San Nicolás y la gran arquería gótica de la Lonja, coincidentes con un momento en el que Alcañiz tiene un notable protagonismo en la historia: Concordia de Alcañiz, Disputa de Tortosa, y respecto al propio templo de Santa María, su elevación a la dignidad de colegial. Entre las dos etapas constructivas mencionadas, ha quedado confirmada la interrupción brusca de los trabajos, asociada al brote de la Peste Negra de 1348 con sus terribles consecuencias y la notable demora en la reanudación de los mismos. Lo que se hace patente con la observación detenida del edificio: evidenciándose el ‘corte’ entre la planta baja y la primera. El estudio de los diversos elementos ocultos bajo la capa de los yesos superpuestos en el siglo XVIII en la estancia inferior ha sido clave para ello y para la confirmación del uso de este espacio como sala capitular. Ha sido también interesante la recuperación de los accesos originales, del desarrollo interior de las arquivoltas de la ventana de la sala capitular, de múltiples marcas de cantero e inscripciones, y la identificación de un paso que en su día conectaba la escalera helicoidal extramural (acogida por una torrecilla que supera la altura de la primera planta) con la escalera intramural que permite el acceso a los pisos superiores. Este pasillo —practicado en el interior del muro Norte— se vio interrumpido por la fábrica barroca.

Como curiosidad, se ha localizado semioculta la figura de un pequeño reptil entre la vegetación del gran ventanal que se abre en el muro oriental de la magnífica sala de la segunda planta. Su proximidad a una figura yacente es interpretada por Samuel García Lasheras como una posible representación del pecado original (Eva en el momento en el que cae en la tentación provocada por la serpiente), acorde también con la función de prisión o retiro para clérigos ‘descarriados’ de esta estancia, presidida por la figura de Santa Bárbara en su clave, que evoca la idea del presidio y la redención a través de la fe. La posible identificación de la figura tumbada con Eva y por tanto de una escena del Génesis tiene sentido en un espacio en el que convenía estimular la meditación sobre el pecado y la Salvación. El reptil de aspecto fantástico como elemento maligno nos permite evocar —por qué no— al protagonista de nuestro Vencimiento del Dragón por San Jorge, parábola del eterno conflicto o lucha entre el bien y el mal, tanto en el ámbito del mundo exterior como en nuestro mundo interior.

La torre se inició en la década de los años cuarenta del siglo XIV […] y continuó en una segunda fase llevada a cabo en las primeras décadas del siglo XV, coetánea a la ejecución de otros edificios tan notables en la población como el Hospital de San Nicolás y la gran arquería gótica de la Lonja, coincidentes con un momento en el que Alcañiz tiene un notable protagonismo en la historia: Concordia de Alcañiz, Disputa de Tortosa, y respecto al propio templo de Santa María, su elevación a la dignidad de colegial.

Una vez restaurada, estamos deseando poder visitarla y conocer cómo ha quedado. ¿Cómo piensas que se debe hacer la musealización de este edificio?

Debe realizarse una musealización que explique su historia —¿cuándo se construyó?, ¿quiénes fueron sus impulsores?, los cambios que se produjeron en ella a lo largo del tiempo, su conexión con el antiguo templo gótico y con el actual edificio barroco… — y que suponga una auténtica puesta en valor del monumento resaltando su singularidad e interés artístico. Pero es fundamental que la intervención sea respetuosa con el monumento, que no enmascare la propia fábrica sino que, al contrario, potencie y llame la atención sobre los elementos que le dotan de su excepcionalidad. Cualidades no le faltan y además en la actualidad se cuenta con medios ‘no invasivos’ para hacerlo —como proyecciones o pantallas táctiles—, por lo que estoy segura que se conseguirá.

En cuanto al contenido narrativo de la visita museográfica, también considero que es una gran oportunidad para convertir a nuestra torre de las campanas en el ‘altavoz’ de un hecho de tanta trascendencia histórica como la Concordia de Alcañiz, una vez que hemos podido confirmar que entre sus muros y, en concreto, en la sala capitular de su planta baja, se celebraron numerosas sesiones de las Cortes de Aragón a lo largo de los siglos XIV y XV, y varias de las llevadas a cabo durante el periodo del Interregno, como la recepción por parte de los parlamentarios aragoneses y catalanes de los embajadores valencianos para la ratificación la Concordia que había sido firmada dos días antes, el 15 de febrero de 1412. En este mismo sentido, sería también muy recomendable que durante la visita se les dotase de voz a los principales protagonistas de los episodios históricos vinculados al edificio y al Alcañiz de la época: Benedicto XIII (el Papa Luna), San Vicente Ferrer, Domingo Ram… Todo ello para conseguir que la experiencia sea lúdica y pedagógica, dirigida tanto al público en general

—mayoritariamente familiar— como a escolares y a demandantes de productos de un mayor contenido cultural. Estoy convencida de que el visitante no se sentirá defraudado: al notable interés de cada una de las estancias que va a encontrar en su ascenso —dotadas de una singularidad e imagen propia, con extraordinarios alicientes como la recreación del funcionamiento de un reloj histórico o la contemplación de unos ventanales de una belleza sobrecogedora— se unirá la gratificación que supondrá el acceso a la terraza superior en la que se podrá contemplar una panorámica completa de la ciudad y del paisaje que la circunda. De ahí, el lema que con tanta ilusión propusimos en los actos que preparamos en 2007 —con Jesús Jaime, el anterior párroco de Alcañiz — para conmemorar el VI Centenario de la concesión del título de Colegial: ¡Sube y sorpréndete!

 

Nuestro rico pasado histórico y el valioso conjunto monumental y artístico que conservamos posibilitan y nos exigen una apuesta clara en proyectos tendentes a potenciar al máximo el valor patrimonial de la ciudad para convertirlo en uno de sus motores de desarrollo.

 

La reciente restauración de este emblemático edificio de Alcañiz, podríamos decir que es una metáfora de lo que queremos para nuestra ciudad: que brille sobre su entorno. Una de las vías que Alcañiz debe profundizar y desarrollar es la consecución de una excelencia cultural y patrimonial que pueda convertirse en uno de los pilares de desarrollo socio-económico de la ciudad. ¿Cómo crees que se debe realizar este desarrollo?

Tengo el convencimiento de que la promoción del patrimonio monumental es clave en el eje de la política turística. Afortunadamente nuestra ciudad tiene un potencial que puede y debe ser rentabilizado en este sentido. Nuestro rico pasado histórico y el valioso conjunto monumental y artístico que conservamos posibilitan y nos exigen una apuesta clara en proyectos tendentes a potenciar al máximo el valor patrimonial de la ciudad para convertirlo en uno de sus motores de desarrollo. Para ello es fundamental la puesta en valor de los edificios singulares —con intervenciones como las que se están llevando a cabo en esta torre y en el conjunto lonja-casa consistorial— pero también es crucial la protección, recuperación y revitalización del casco histórico —con proyectos como el ARI y el futuro ARRU— y la definición de líneas de actuación que superen el ámbito local y vertebren el territorio comarcal, la Tierra Baja en general y aquellas que posibiliten sinergias con otras ciudades, como la Ruta de los Tres Reyes, con Morella y Tortosa.

En mi opinión, es necesario tener presente las dimensiones culturales, medioambientales, económicas y funcionales que el turismo y la puesta en valor del patrimonio plantean, a través de una visión transversal innovadora, dinámica e integradora que supere la protección pasiva del conjunto monumental. La realización de estos proyectos dirigidos a potenciar el turismo cultural de nuestra ciudad es imprescindible si queremos impulsar su desarrollo socio-económico. Estamos ante un reto apasionante: hacer de Alcañiz un destino patrimonial atractivo, fruto de la coordinación de una gestión turística, cultural, urbanística y del patrimonio adecuadas.

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