Joaquín Galindo

Editorial #cyc61: Fukuyama tenía 'razón'

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Comienza una nueva década y psicológicamente nos parece como la puerta de entrada a una nueva época. En el siglo pasado fueron los felices años 20, ¿lo serán en el actual siglo? Todos dudaríamos de afirmar esta interrogación en este momento.

En el ámbito territorial nos agobia la paulatina despoblación y la marcha de nuestros jóvenes a las grandes ciudades sin recambio aparente. Más oportunidades, más servicios y más ocio parece que empujan a las nuevas generaciones a buscarse la vida en las grandes ciudades cada vez más masificadas e inhumanas. El cambio de ciclo se producirá en algún momento, pero mientras tanto nuestros pueblos se vacían, nuestras escuelas se cierran y nuestro desarrollo económico se estanca.

A nivel climático la sensación de pesimismo es palpable, más aún tras la Cumbre del Clima en Madrid, sin lograr avances significativos que frenen drásticamente las emisiones de CO2 responsables del cambio climático con el aumento de temperaturas y todo lo que ello conlleva: subida del nivel del mar, fenómenos meteorológicos extremos y destrucción de los actuales ecosistemas. El cortoplacismo humano una vez más nos lleva a un callejón sin salida. Los países en desarrollo, reclaman su derecho a contaminar como anteriormente lo hicieron los países desarrollados, y éstos últimos no parece que quieran poner los recursos económicos encima de la mesa que evitaría el desarrollismo a costa del medio ambiente en los países más pobres. Un círculo vicioso que nos lleva al desastre.

En el aspecto económico y después de la brutal crisis padecida en la última década no parece que las cosas vayan a mejorar mucho en ésta, sino más bien todo lo contrario, con la consiguiente bajada de la natalidad, la paulatina precarización de los puestos de trabajo y la rebaja constante de los derechos laborales.

El responsable de todo esto: un sistema económico hegemónico a nivel mundial que antepone el rendimiento monetario por encima del bienestar humano. Un sistema que tiende a concentrar la riqueza en regiones e individuos dejando en el desastre ecológico y demográfico al resto.

Sin duda Fukuyama acertó con “El final de la Historia”. La ideología vencedora de la Guerra Fría nos lleva al desastre planetario sin alternativa. Esperemos que los jóvenes reaccionen a tiempo.

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