Mujer

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Hoy 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer.

 Cada año escucho a personas decir que hoy en día, mujeres y hombres vivimos en igualdad, que la discriminación es cosa del pasado, o de países  poco desarrollados, que aquí no se produce porque la Ley nos ampara.

Otras personas consideran que sigue habiendo desigualdades pero que son responsabilidad de cada cual, tanto de hombres como de mujeres.

Tras reconocer que en su caso (con su pareja, con sus hijos e hijas) no se produce ninguna desigualdad,  en bastantes ocasiones  se responsabiliza a las propias mujeres de la situación por no saber educar en igualdad a sus hijas e hijos, o por no saber poner límites a sus parejas, por ser unas cómodas y no querer asumir puestos de responsabilidad, etc.

La legislación en nuestro país recoge la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos, pero, ¿se traslada la normativa a la realidad?; hagamos un  repaso sobre algunos aspectos determinantes.

Mundo laboral y mujer

El trabajo influye de manera notable en el logro de la independencia personal.

A pesar de que las mujeres españolas tenemos mayor formación que los hombres, el desempleo femenino es 3 puntos superior al masculino (diciembre 2016).

El salario. Las mujeres cobran en España un 24 % menos que los hombres  alrededor de 9000 euros/año de diferencia), y esta diferencia se ha incrementado en los últimos años.

La brecha salarial constituye un indicador de primera magnitud de la desigualdad real existente entre mujeres y hombres en el ámbito laboral. Es el resultante de la discriminación real existente, tanto directa como indirecta, a pesar de la normativa existente.

La jornada parcial. Del total de personas que trabajan a jornada parcial en España, el 75% son mujeres. Cuando se les encuesta por el motivo por el que trabajan en esta modalidad, la mayoría contesta que porque no encuentran trabajo a jornada completa, y en segundo lugar porque se ocupan del cuidado de las hijas e hijos, así como de las personas dependientes.

El trabajo parcial permite menos ingresos para las mujeres, y no solo porque se trabaje menos tiempo, sino porque se retribuye peor que el realizado a jornada completa (un 26% menos de salario /hora). Además, los hombres cuando trabajan a jornada parcial lo hacen temporalmente (por lo general mientras adquieren experiencia), mientras que en el caso de las mujeres lo hacen de manera continuada, ya que obedece a razones estructurales, por decirlo de otro modo: está establecido que sea así.

Sectores laborales. Las mujeres trabajan mayoritariamente en unos pocos sectores: comercio, sanidad, educación y servicio doméstico (segregación horizontal).

A excepción de las mujeres empleadas en la administración (que han visto descender de manera notable las posibilidades de contratación por los “recortes” presupuestarios de los últimos años), las mujeres que trabajan en la empresa privada lo hacen mayoritariamente en sectores minusvalorados (limpieza, cuidados) y con gran dificultad para la promoción, a diferencia de los trabajos ocupados principalmente por hombres.

Es de destacar que, hasta los 30 años mujeres y hombres perciben un salario similar, y es partir de esa edad, cuando tienen hijas e hijos, cuando las mujeres ven reducido su salario, y los hombres al contrario, lo incrementan, siendo este aumento progresivo durante toda su vida laboral.

Techo de cristal.Sehabla de “techo de cristal” para referirse al hecho de que, aunque no existan limitaciones explícitas para que las mujeres ocupen puestos de responsabilidad en las empresas y administraciones, es un hecho constatable y no casual que las mujeres ocupan un porcentaje mínimo dichos puestos (segregación vertical).

Los cuidados, la doble jornada y la corresponsabilidad

Las mujeres, trabajen o no fuera de casa, se ocupan mayoritariamente de las tareas del hogar y del cuidado de las hijas e hijos, así como de las personas mayores. Y no parece que lo hagan porque tengan más tiempo, como se dice en ocasiones: la mayoría de las mujeres empleadas dedican más tiempo a estas tareas que los hombres cuando están desempleados.

La violencia hacia las mujeres

En España se contabilizan en nuestros días alrededor de un centenar de mujeres asesinadas al año por sus parejas o exparejas. En 2017 está habiendo un incremento sustancial, con  24 mujeres  fallecidas en lo que va de año.

La Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género se ha mostrado claramente ineficaz para combatir esta realidad, en la que los asesinatos son la cara más trágica y visible de una realidad de dimensión global, que constituye la forma más radical de violencia contra las mujeres.

Mujer y poder

Actualmente, y tras legislarse en los últimos años con objeto de lograr una democracia paritaria, las mujeres seguimos estando subrepresentadas en las instituciones electas.

Como dato, decir que aproximadamente un 20% de hombres permanecen en el cargo durante más de tres legislaturas, frente a un 2,8% de mujeres.

Actualmente solo un 17%  de mujeres son alcaldesas. En la universidad no es distinto: aunque hay más mujeres estudiando en la universidad en España, solo el 40% son profesoras en la misma, un 20% son catedráticas y un exiguo 2% son rectoras. Y así podríamos seguir con la mayoría de las instituciones y  órganos de representación.

Evidentemente no hay un machismo directo en la elección de cargos representativos, lo que suele suceder es que se acepta, se ve normal que tomen las decisiones los hombres, y se suelen elegir a hombres para puestos de responsabilidad.

  El argumento de la falta de capacitación para el cargo suele ser alegado incluso en nuestros días. Sin ir más lejos, recientemente el Ministro de Justicia, D. Rafael Catalá,  alegó en este sentido al ser preguntado ante la próxima renovación parcial del Tribunal Constitucional por la razón por la que, entre sus miembros, solo hay dos magistradas.

La mujer en los medios de comunicación y en la publicidad

Los medios de comunicación habitualmente reflejan una imagen de la mujer distorsionada  y alejada de la realidad, subordinada a la masculina, fuertemente relacionada con los roles y los estereotipos  tradicionalmente asociados a lo femenino: belleza, fragilidad, cuidados…y que no hacen sino perpetuar esta imagen irreal de la mujer en la sociedad.

El desempeño de las mujeres en el deporte, en la ciencia, en la política, y en todos aquellos espacios  asociados a lo masculino es abordado por lo general con escaso interés y presencia en los medios de comunicación, así como con un fuerte componente sexista.

Si hablamos de publicidad la realidad no es mejor, la cosificación, esto es, el tratamiento de la mujer como objeto, centrando la atención en una parte de su cuerpo (su pecho, sus piernas…) contribuye a reforzar la imagen de la mujer como “cosa”, como objeto, privándola de su integridad personal, con todas las connotaciones que ello puede acarrear.

El culto a la belleza en las mujeres, y dentro de él de determinados cánones estéticos (delgadez,  juventud…) que la publicidad nos vende como modelos a alcanzar, genera en el mundo desarrollado ingentes cantidades de beneficios empresariales, muchas veces a  costa de generar malestar y frustración en las mujeres, cuando no graves problemas para su salud.

Podríamos seguir viendo cuál es la situación de las mujeres en otros ámbitos y obtendríamos  conclusiones similares: las mujeres están en desigualdad real. Y podríamos hacernos algunas preguntas: ¿tienen relación todas estas situaciones?, ¿tiene relación la publicidad con la violencia hacia las mujeres?, ¿las cargas familiares con los bajos salarios?, ¿ la escasez de mujeres en puestos de responsabilidad con el trabajo a tiempo parcial?...

Todo lo anterior no es casual y tiene su origen en la desigualdad real que vivimos las mujeres.

Nuestra sociedad está anclada en una fuerte estructura de desigualdad. Desde finales del siglo XVIII el movimiento feminista lucha por acabar con las desigualdades estructurales del sistema patriarcal.

Feminismo y patriarcado son términos que suelen suscitar connotaciones negativas incluso rechazo en muchas personas. En ocasiones se dan interpretaciones erróneas, entendiendo el feminismo  como búsqueda de la supremacía de la mujer respecto al hombre, cuando no es así, ya que el movimiento feminista busca la igualdad entre mujeres y hombres.

Gracias a la lucha del movimiento feminista, las mujeres podemos hoy estudiar, trabajar, votar, decidir sobre nuestra maternidad, etc.

Si actualmente la violencia hacia las mujeres está en el punto de mira social es gracias a la lucha y reivindicación de dicho  movimiento, que hace grandes esfuerzos por visibilizar el problema y sacarlo del ámbito privado en el que estaba inmerso.

Las diferentes formas de  violencia, explotación, discriminación hacia las mujeres, de las más sutiles a las más graves  no son hechos aislados, ni tienen como  causa los problemas personales: son una realidad que afecta en mayor o menor medida a todas las mujeres a lo largo de su vida, mujeres de diversas edades, procedencias, formación o clase social.

Solo una pequeña parte de esta violencia sale a la luz, la mayor parte sigue escondida, invisibilizada, naturalizada, cuando no legitimada socialmente.

La educación de las niñas en la adopción de roles sumisos y dependientes, la idea del amor romántico, la aceptación del control y los celos en la pareja como muestras de amor no hacen sino dificultar, cuando se produce,  la detección y el afrontamiento de estas situaciones de abuso y maltrato en la pareja.

La desigualdad en el mundo desarrollado no se da habitualmente de forma abierta. En muchas ocasiones  se hace de forma sutil, escondida  (en los libros de texto, en los anuncios de la TV, en el cine, en los monólogos de humor…) pero está presente en nuestras vidas, como caldo de cultivo necesario para  perpetuar situaciones de injusticia y discriminación hacia las mujeres.

Y… ¿qué podemos hacer? ¿De qué manera combatir la desigualdad?

-Cuando pedimos el fortalecimiento de los servicios públicos: creación de más plazas de guarderías, mayor dotación en la atención a personas dependientes,… (España está a la cola de los países de la UE en gasto social en relación al PIB por habitante).

-Cuando pedimos mayor control y regulación de las contrataciones a tiempo parcial, temporales.

-Cuando apostamos por el empleo público, que supone un porcentaje muy importante del empleo femenino, así como el de mayor calidad.

-Cuando demandamos políticas activas de empleo que faciliten la formación y orientación laboral a mujeres desempleadas o con necesidades de formación.

-Cuando impulsamos Planes de Igualdad en las empresas y en las  administraciones públicas que favorezcan el acceso al empleo, la formación, la  promoción allí donde la mujer está subrepresentada, y lucha contra la segregación.

-Cuando exigimos al Gobierno la adopción de  medidas urgentes y de mayores recursos para la lucha contra la violencia hacia las mujeres, puesto que las vigentes se muestran insuficientes para atajar la grave problemática existente.

-Cuando exigimos a los poderes públicos la paridad en los órganos de representación.

-Cuando apostamos por la presencia equilibrada de sexos en los ámbitos de  poder y toma de decisiones, así como en los ámbitos de negociación (Consejos de Administración de las empresas, sindicatos, partidos políticos, asociaciones).

-Cuando no establecemos diferencias en la forma de vestir, en los deportes que realizan, en los juguetes que ofrecemos a nuestras hijas e hijos.

-Cuando explicamos a nuestras hijas e hijos, a nuestros familiares, a nuestras amistades, que un comentario, un chiste,… nos parece machista y desafortunado.

-Cuando utilizamos el lenguaje neutro e inclusivo, porque lo que no se nombra, no existe.

-Cuando velamos por la educación en igualdad en los centros educativos.

-Cuando exigimos la retirada de publicidad sexista de los medios de comunicación.

-Cuando buscamos el reparto equitativo de tareas en casa, así como en el cuidado de las hijas e hijos menores y de las personas dependientes.

-Cuando apostamos, junto a otras mujeres y hombres,  por aunar fuerzas en la lucha por  la igualdad real. Ω

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