Entre Nicaragua y Costa Rica

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Mi viaje entre Nicaragua y Costa Rica ha trascurrido entre volcanes, lagos, selva, playas paradisíacas, naturaleza virgen, ciudades coloniales, impresionantes puestas de sol e imprevistos del viaje. Espero que os guste.

Me dijeron: «no viajes nunca sola y jamás por la noche».  No pude evitarlo, estaba viviendo en una preciosa ciudad de Guatemala llamada Antigua y quería viajar hasta  Nicaragua;  mi destino era Managua y tenía muy  claro que no  iba a coger otro vuelo, por lo tanto, recurrí a  22 horas de autobús cruzando Honduras y el Salvador.  El dueño del vehículo, antes de partir, nos rezó unas oraciones a  todos los pasajeros pidiendo ante todo que las Maras (organizaciones criminales) nos dejasen llegar a nuestro destino con salud.  ¡¡Horror!! Cuando escuché ese sermón, ¿dónde me he metido esta vez?

Fue un viaje muy divertido, todos los pasajeros eran lugareños de Centroamérica salvo un francés, un barcelonés y yo. En cada paso fronterizo teníamos que bajar todas las mochilas, pasar por la correspondiente revisión y control de pasaportes y volver a marchar, así unas seis veces, mientras tanto el autobús no tocaba el suelo de lo rápido que iba y la parada de la cena  fue a las cuatro de la madrugada en el Salvador. A las 11 de la mañana de un precioso día de abril, llegamos a Managua. En la UCA (universi-dad, mercado, parada de autobuses), me encontré con una amiga que viajaba desde Méjico y nos trasladamos a la ciudad de Granada (Patrimonio Nacional Cultural de Nicaragua), una de las más interesantes ciudades coloniales de Centroamérica.  Lo más especial de la ciudad es perderse y callejear plácidamente bajo sus  soportales, disfrutar de su aire colonial,  asomarse a los portales abiertos que invitan a contemplar sus deliciosos patios llenos de vegetación; es una ciudad preciosa, llena de monumentos de gran interés. Allí estuvimos unos días, navegamos por el lago Cocibolca con una superficie de 8.157 km. cuadrados, siendo el segundo de mayor tamaño de América Latina, sólo por detrás del Titicaca. Caminamos hasta el cráter del volcán activo Masaya que, en tiempos precolombinos, fue objeto de culto por parte de los indígenas chorotegas, los cuales intentaban aplacar la cólera de los dioses ofreciendo sacrificios humanos: niños y mujeres vírgenes eran arrojados al cráter como acto ritual.

De Granada a León, ciudad  austera, pero con más solera monumental y cultural que Granada, capital del país por más de 300 años y cuna de grandes intelectuales. De León a Managua y, desde allí, a la isla Ometepe que, con sus 276 kms cuadrados, es la mayor isla del mundo en un lago de agua dulce (lago Cocibolca), auténtico oasis de paz. La isla está formada por dos espectaculares volcanes cónicos: el Maderas y el Concepción, unidos por un estrecho istmo por el que transcurre el único río de la isla, el Buen Suceso. Estuvimos en una población llamada Altagracia y disfrutamos de sus preciosas playas, de recorridos en bicicleta, de turismo por las diferentes poblaciones etc. Como antes he dicho, un lugar de paz para quedarse, un largo perdido en el tiempo, cosa que  nosotras no  teníamos. Salimos de la isla en un barco de pescadores. Al llegar a tierra sufrimos el acoso de los taxistas,  algo habitual en todo el  país; de allí nos trasladamos al mercado de Rivas para coger un bus que nos llevó a San Juan del Sur. El viaje fue caótico, con mucho calor; el número de pasajeros triplicaba al permitido, vendedores que subían en cada momento y parada a vender comida y bebida, más calor, todos muy apretados y un conductor con muchísima prisa. Fue un mal sueño de viaje, pero, por fin, llegamos a San Juan del Sur, en el litoral Pacífico, con preciosas playas y bellísimas bahías.  Nuestra estancia en San Juan se alargó un poco más de lo previsto, ya que la vida allí era tranquila, sin prisas, con buen clima y hermosas puestas de sol.

Desde San Juan cogimos un bus para cruzar  la frontera y llevarnos a La Fortuna, Costa Rica. Mi idea inicial era viajar solamente hasta Nicaragua para renovar el visado y así poder quedarme más tiempo en Guatemala, pues mi visado caducaba a los 90 días y tenía que regresar a España. Al final, con este asunto solucionado, decidí seguir el viaje hasta Costa Rica y volver en avión a Guatemala. Dejé perder el pasaje de autobús de 22 horas desde Managua por su incomodidad y por el carácter peligroso que tenía esa travesía.

En La Fortuna visitamos el Caño Negro, trayecto por el río Frío, el cual conecta con el río San Juan en Nicaragua y el Lago Cocibolca; se trata de un paso fronterizo por vía fluvial.  Pudimos contemplar toda clase de aves, caimanes, iguanas, tortugas, lagartos… etc.  Otro día visitamos el Parque Nacional «Volcán Arenal», caminamos por selva tropical y bosque lluvioso con quince puentes colgantes sobre los árboles. También caminamos hasta La Catarata del río Fortuna y acabamos nuestra estadía  en sus aguas termales.

Dirección a Monteverde, el viaje fue  jeep-boat-jeep: primero viajas  por tierra, luego cruzas el lago Arenal y luego otra vez por tierra hasta Monteverde. Caminos de ripio para la conservación del medio ambiente. Nada más llegar fuimos a visitar el Parque Nacional «Monteverde, Bosque Nuboso» todo muy bonito excepto la vuelta, porque perdimos el bus, se hacía de noche y tuvimos que hacer autostop.  Al día siguiente cogimos un bus a las 6:00 AM en dirección a Puntarenas y, desde allí, otro hasta Quepos. El calor era sofocante y, cuando llovía (que lo hacía de forma torrencial), no mitigaba para nada la sensación de ahogo. El clima fue un factor duro del viaje, en ningún transporte publico había aire acondicionado, pero, por el país y sus gentes, merece la pena repetir viaje y con más tiempo. En Quepos nos quedamos un par de días: playa tropical y descanso

De Quepos a San José, centro político, económico y social más importante del territorio costarricense. Culturalmente puede considerarse, casi en su totalidad, con influencia europea, la que le confirió la inmigración española e italiana a partir de su descubrimiento por parte de Cristóbal Colón. Está ubicada en el centro del país y es una ciudad como otra cualquiera, sin mucho encanto. Allí estuve un día, tiempo para dar un paseo, despedirme de mi amiga, que seguía su viaje hacia Panamá, y coger el vuelo de regreso a casa, a mi casa en ese momento: Antigua. La anécdota del viaje de regreso fue que compartí asiento de avión con Pau Donés, cantante del grupo Jarabe de Palo. Ω

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