Planificación, paciencia, perseverancia y resistencia

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La planificación, la paciencia, la perseverancia y la resistencia son valores que se aprenden en deportes de resistencia y que se  utilizan en la vida diaria.

En una temporada marcada fundamentalmente por mi participación en dos Campeonatos de España (de Media Maratón en Granollers y de Maratón en Castellón), en la que el estricto entrenamiento ha guiado mi agenda y ocupado mi tiempo libre, sin olvidar mis obligaciones laborales y familiares, merece la pena compartir lo que supone a nivel personal y extradeportivo la práctica de un deporte individual y de resistencia, dejando a un lado los miles de kilómetros en las piernas y los resultados. De ahí el título de mi artículo: «Los valores o las virtudes del entrenamiento de resistencia».

Al hablar de «valores en deportes de resistencia» no quiero decir ni dar a entender que las personas deportistas seamos mejores personas que las que no lo son, sino que me refiero a algunas particularidades de mi comportamiento y de mi personalidad que sí vienen determinadas, a mi parecer, por esa práctica deportiva, concretamente por ser atleta de fondo, de larga distancia.

Empecé a correr con 8 años y llevo corriendo de manera continuada unos 15 años, y, aunque «lo buena o mala» que yo sea no lo determina el hecho de que corra regularmente, sí creo que hay cuatro valores que sí se han visto incrementados y mejorados con la práctica constante de la carrera de larga distancia estos años: la planificación, la paciencia, la constancia y la resistencia.

Reconozco que correr —junto con otras prácticas deportivas— ha modificado las herramientas y recursos que tengo para vivir. El cómo me enfrento a las cosas que me pasan y qué es lo que hago para que me pasen cosas que si que tiene mucho que ver con el hecho de que corra y entrene habitualmente. Aunque corra o entrene una, dos o tres horas al día, el resto de horas sigo siendo corredora aunque no esté corriendo. Y para ese día a día cotidiano, aparte de haber mejorado sustancialmente mi salud física y mental me ha dado otro tipo de recursos, de cartas para jugar mejor con la vida.

Planificación

Mi iniciación —ya en mi etapa infantil— fue temprana y de estudiante nunca fui de las que lo dejaban todo para el último momento; antes al contrario: el esfuerzo y la dedicación diarios y el saber organizar mi tiempo para cumplir con mis obligaciones (deberes, exámenes…) y satisfacer las aficiones propias de mi edad (jugar, salir con amigos, practicar deporte, etc.), siempre fueron unos de mis mandamientos. Supongo que el hecho de empezar a correr jovencita tuvo mucho que ver.

Cuando uno empieza a correr se da cuenta de que el entrenamiento el día anterior a la carrera no vale, el último apretón a última hora no sirve. Que no es el método adecuado. Había que planificarse y de esta manera siempre tuve tiempo para casi todo; porque siempre hay que sacrificar algunas cosas y priorizar otras…

En la vida o en el entrenamiento hay que planificarse. Por eso cuando decidí correr mi primera media maratón así lo hice, seguí un plan. Cuando decidí correr mi primera maratón también. Y, recientemente, cuando decidí ser madre, involucrarme en la educación de mis hijas, seguir trabajando, seguir entrenando y compitiendo y continuar con mi labor en alguna que otra asociación..., también. A veces la gente me pregunta cómo hago para llegar a todo. La respuesta: querer, tener pasión por lo que haces, planificarte y tener en tu decálogo verbos como anticiparte, madrugar, dosificarte, sacrificarte... y no sentarte... (¡Je! ¡Je!). Cada día es una prueba y para superarla hay que organizarse, planificarse y tener resistencia.

Paciencia

El refranero popular lo explica mejor que yo: «La paciencia es la madre de la ciencia». Correr larga distancia es sobre todo tener paciencia. Paciencia para no saltarse pasos; paciencia para entrenar durante meses, para ver pasar los kilómetros y los minutos, para esperar y tener buenas sensaciones después de un día malo, para ver el sol después de días de viento, niebla o lluvia, para llegar al día esperado en buenas condiciones. Correr una maratón (y prepararla) es la lucha constante entre la paciencia y la prisa. Un delicado y delicioso equilibrio en el que todos nos caeremos alguna vez por no haber tenido paciencia y del que aprendemos mucho una vez has conseguido alcanzar la meta. Yo lo hice por primera vez hace ya unos años: llegar a la meta tras esos 42,195 kms. inciertos pero asombrosos y, desde entonces, sé con mucha más certeza que los resultados, los objetivos, los deseos... llegan con trabajo, esfuerzo, tenacidad, planificación y paciencia. Y también sé que las adversidades, los obstáculos y los tropiezos no lo son tanto con dosis de paciencia. Y, alcanzada la meta, adquieren hasta un sabor dulce, el sabor de la victoria, de la superación personal.

Perseverancia

La constancia en larga distancia y maratón es clave. No sirve de nada correr un día 25 kms. y no volver a correr en dos semanas. Alcanzar la resistencia necesaria para correr larga distancia exige ir sumando en ese acumulado contador de kilómetros semanal —a veces obsesivo— del corredor de maratón semana tras semana, con una constancia casi militar. Yo he conseguido vencer la pereza para hacer cosas que a veces no apetecen demasiado. Y es una cualidad que está muy relacionada con el corredor de larga distancia.  Salir a correr con mal tiempo no dista mucho, en el fondo, de hacer esa llamada tan desagradable que en ocasiones nos toca hacer en el trabajo, o abordar las tareas domésticas, o ayudar con los deberes a los niños después de una dura jornada laboral. No te planteas demasiadas excusas. Lo haces porque tienes el hábito de hacerlo. Eso me lo ha dado la constancia.

Resistencia

Si uno abre el diccionario para consultar el significado de la palabra resistencia,  una de las acepciones es: «Acción y resultado de resistir o resistirse». Otra va directamente ligada a la carrera: «Capacidad para resistir.  Ejemplo: los corredores de maratón tienen mucha resistencia». Y es que, de hecho, se llaman deportes de resistencia. Resistir al cansancio; resistir a los bajones de moral; resistir a los contratiempos. En definitiva, resistir a la vida. Ciertamente soy mucho más resistente en todas las facetas de mi vida desde que y porque practico deportes de resistencia; lo tengo muy claro.    

Como cualquier persona, a lo largo de mi vida he tenido que superar circunstancias más o menos desfavorables, problemas, decepciones, altibajos…, etapas en mi infancia lejos de mis padres por motivos laborales, dificultades profesionales, enfermedades y pérdida de seres queridos, un embarazo y parto múltiple, una maternidad dura e intensa en sus inicios, etc.; y he sido fuerte y resistente y me ha ayudado a superarlos, desde luego, mi práctica deportiva. En muchas ocasiones correr durante horas ayuda a evadirte de los problemas e incluso a reflexionar y encontrar soluciones gracias a la naturaleza introspectiva característica e inherente al deporte individual y de resistencia.

Y así es como estos cuatro valores (planificación, paciencia, constancia y resistencia), adquiridos durante estos años de práctica de la carrera a pie, han modificado sustancialmente las herramientas con las que me enfrento a la vida personal y profesional. Como veis, he huido de frases mágicas motivadoras lejos de parecer un panfleto de autoayuda. No es mi intención transmitir el mensaje de que los corredores somos mejores personas que el resto del mundo o que somos el paradigma de la bondad. Pero muchos de los corredores que conozco son «otras» personas: son, sencillamente, mejores que cuando no corrían. Ω

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