Galopando hacia Santiago

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

Andando, en bici o a caballo el Camino de Santiago sigue siendo, por sus diferentes rutas, una de las mejores experiencias que tenemos al alcance de la mano. Con muy poco dinero podemos realizar esta aventura que nos hará reencontrarnos a nosotros mismos y conocer mucho mejor a nuestros acompañantes.

Desde bien niño comencé a sentir historias alrededor del místico «Camino de Santiago». Llegaban a mis oídos relatos sobre peregrinos que se lanzaban a la aventura de caminar hacia el Apóstol, unos por convicciones religiosas, pero los más por el mero hecho de vivir una gran experiencia que sin duda marcaría sus vidas, quizás en busca de ese equilibrio emocional que tanto anhelamos para ser felices en la tierra de los estresados, enfadados y a veces desenamorado

En el «Camino», sin duda te encuentras a ti mismo, te analizas y te psicoanalizan los demás andarines, pues a todos nos encanta despertar en nuestro bagaje intelectual la faceta de psicólogos, sobre todo en lo relacionado con los lindes del amor, ¿verdad?

En mi caso he de decir que realmente me movía la curiosidad y la aventura de descubrir esa parte de España que me atraía cual imán al frigorífico, y fue así, pues en el Camino he comido y bebido frugalmente bien.

El «Camino» puedes hacerlo andando; así es lo que decide la mayoría y realmente es la mejor manera de sentir cada día, de reflexionar, de hablar sin parar, de suspirar, de recordar y de proponerte nuevas etapas en tu vida, de cerrar ciclos emocionales y mentales que en la vida diaria suelen quedar abiertos y en ocasiones no te dejan respirar, pero yo aún no he decidido hacerlo así; en mi caso me mueve más la adrenalina: ver pasar los paisajes verdes de Galicia, zambullirme en los ríos, cruzar a galope puentes sobre el Miño o rodar en mi bici 130 km en la llana castilla rodeado de un manto dorado de cereal con un sol sin piedad.

El camino lo puedes comenzar desde tu casa si te da la gana, pues pronto encontrarás las flechas amarillas que milagrosamente pasan por todas las poblaciones de España y parte del extranjero. En mi caso comencé por el más famoso y transitado: el camino francés. Lo hice en bicicleta con mi compañero de aventuras y recorrimos 1.100 kms. desde Roncesvalles, en la frontera. En nueve días llegábamos pletóricos a Santiago con la tripa llena de pulpo y ribeiro y muchas instantáneas en nuestra mochila. Una experiencia fantástica y apta para todo aquel que le guste la bici. No es especialmente difícil ni necesitas un gran presupuesto, pues una bici normal con portabultos y unas alforjas son suficientes.

 

La siguiente vez repetí modo de transporte y compañero y comenzamos en Sevilla, esta vez por la denominada «Vía de la plata». Cruzamos Andalucía, Extremadura y, por Salamanca, nos nevó, pues fuimos en febrero. En esta ocasión tiritamos en varias etapas, pero la sensación de cruzar Mérida por sus dehesas y calzadas romanas no se borrará de mi memoria en mucho tiempo. Como nos gustó una barbaridad, al año siguiente nos lanzamos al camino «Norte» en busca de las rías del País Vasco y las anchoas de Santoña y nos volvió a cautivar.

Para dormir es bastante fácil y económico y depende qué temporada lo haces. No es necesario reservar, pues abundan los albergues de peregrinos que suelen ser muy baratos, aunque algunos bastante espartanos; se suele cenar en común con los demás peregrinos y la tertulia está garantizada. Si no haces el Camino de Santiago francés entonces tienes menos albergues y debes programar un poco para comprobar que el pueblo donde llegas tenga abierto el albergue, si no te toca ir al hostal o al porche de la iglesia.

Si decides hacer el «Camino» andando o en bici te aconsejo llevar muy poco peso. En mochila, un máximo de 6 kgs. y en bici 10 kgs., pues cada día deberás lavar la ropa y tenderla; con una toalla mini es suficiente. Sobre todo no se te ocurra comprar unas botas y lanzarte a caminar 30 kms. diarios. Es el error más común que se observa: produce rozaduras cuyo padecimiento dura semanas convirtiendo el «Camino» en un calvario. Cuando llegas al destino la recompensa es una Compostela que viene a ser como la absolución perdona todos tus pecados… Eso sí, tienes que llevar tu pasaporte de peregrino al día y sellar en cada cantina al almorzar. Por lo tanto, el consejo de oro es llevar las zapatillas desgastadas de dar «la vuelta a los puentes» y una alta dosis de buen humor para pasar las etapas bajo la lluvia, el sol y el sevillano que no para de contar chistes verdes.

Esta vez hemos ido con nuestros caballos, los llevamos en un camión especial y comenzamos en Villafranca del Bierzo, en Ponferrada, entrando ya a Galicia. Para mí y para Juan Pardo es la segunda vez, pues ya lo hicimos con un grupo más numeroso en 2010. En esta ocasión cabalgué con «Duke», un alazán de 18 años que casi no conocía y que durante estos doce días de andadura nos hemos ido enamorando perdidamente.

La experiencia ha sido MARAVILLOSA, principalmente por el buen rollo entre los diez aventureros que nos lanzamos a recorrer 250 kms. en ocho etapas trepidantes llenas de buena energía y no exentas de contratiempos, pues, como podéis imaginar, no es lo mismo llegar y aparcar la bici, limpiar la cadena y revisar el aire de las ruedas que llegar a un pueblo con los caballos, cruzar sus calles de coches, buscar el alojamiento y un buen sitio donde dormir para los animales, que andan rivalizando por las dos hembras en celo y que se quitan la comida al primer descuido; en mi caso, al menor despiste se escapaba a buscar su cuadra y luego había que ir a buscarlo. Por eso mi principal objetivo era alcanzar todos con bien nuestro destino y que «Duke» no se fuera de picos pardos por los verdes prados de Galicia; lo conseguí, afortunadamente. Pero el éxito no hubiera sido posible sin la ayuda de nuestro equipo de asistencia, que nos tenía preparado el lugar cada día, la comida a mitad de etapa con almuerzos frugales a cargo de nuestro amigo Juanjo, el cocinero, chófer del Van de asistencia y para mí todo un «1.000 hombres» junto a su simpática y entrañable mujer, Yolanda, cronista del viaje y que algún día abrirá al público «El Diario de Yolanda» donde diariamente tomaba con puntualidad nota de lo acontecido, de los imprevistos y de las anécdotas, que han sido abundantes. Además esta aventura requería una buena fotógrafa, Pilar, que, con su buen arte, nos ha retratado la mar de bien en cada etapa y que ha mostrado una halagadora pasión por los caballos. El equipo de asistencia se completaba con Quini, de gran corazón, al cuidado de todos como buena madre que es, buscando soluciones positivas a los contratiempos y, además, disfrutando de la aventura en cada momento, especialmente cuando fue la comandante del equipo KAKA a nuestra entrada en Santiago, pues los caballos no entienden de capitales y los municipales nos advirtieron de que nada querían de cacas, así que ya os imagináis: ¡¡¡a tirar de pala!!! ¡¡¡Vaya olorcito en el coche de Juanjo!!!

Los jinetes, fantásticos compañeros de rutas en Alcañiz, eran David el «Bambino», que cada día aprendió palabras en italiano para comunicarse con los muchos peregrinos del país mediterráneo; Sara, la valiente amazona que ha sabido sobrellevar la aventura con fuerza e ilusión y nunca quedó atrás, ni mucho menos. Este camino nos ha hecho más fuertes a todos, especialmente a ti, Antonio el «Truquero», que eres quizás el que más disfruta galopando por los caminos y sonriendo a los peregrinos con nuestro amigo Juan Pardo, el capitán del pelotón y guía espiritual de los denominados «Forajidos de Alcañiz», que en otros tiempos y reencarnados en pistoleros del oeste galopaban libremente, asaltaban diligencias y repartían el botín entre los pobres al mejor estilo del lejano Texas. Para completar esta singular patrulla teníamos el toque de cordura y elegancia de nuestro amigo Ángel, también apasionado del caballo y genuino forajido (ahora que no nos oye). En conjunto, un grupo inmejorable de buenas personas que trotamos subiendo montañas, galopamos cruzando campos verdes y paseamos por muchos lugares que han dejado grabados en nuestras memorias momentos inolvidables que quizás algún día repitamos.

No lo dudes, escoge tu momento, tu manera y lánzate a la aventura del «Camino», una semana ya es suficiente y seguro que te engancha y volverás, como me sucedió a mí. ¡¡¡BUEN CAMINO!!!!!! Ω

Últimas Noticias

Noticias más populares

Agenda del Bajo Aragón

Sin eventos

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información. Ver política